La hemorragia de las drogas

 

Jesús Delgado Guerrero / Los sonámbulos

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Nuestro país ha estado inmerso en una violenta hemorragia durante ya casi once años y una de las causas de la misma, la principal, sigue viva ante el insomnio social y arrebatos de falsa moral por parte de las élites capitalistas y gubernamentales: la no despenalización de las drogas, fuente de divisas, de poder político y hasta empresarial, amén de vía para el encumbramiento para toda clase de alimañas.

 

Los que antes se solazaban aplicando la moderna pascalina para contabilizar los cadáveres han dejado de hacerlo, quizá no tanto por pudor o estrategia mediática contra el gobernante en turno, sino por fastidio ante el prolongado Rosario de Amozoc en que se ha convertido  la convivencia nacional.

 

El modelo neoliberal y su capitalismo depredador ha contribuido en gran medida a configurar esto que algunos han llamado “narcolcultura” pues muchos jóvenes ya avizoran desde ahora ese mundo de crímenes e ilegalidad como un futuro realmente promisorio, esto antes que tragarse lo que ha resultado un cuento de hadas en las mentes más fundamentalistas, como eso de las oportunidades y empleos bien pagados (algo que se ha visto devastado en los últimos 35 años).

 

Parafraseando a Thomas de Quincey, lo que se ha conformado en buena parte de la gente es esa especie de mentalidad que dio origen a la Sociedad para el Incentivo del Asesinato (Sociedad de los entendidos en la materia Asesinatos), donde el más sanguinario, no el de mejores notas y habilidades para el empleo, es hasta pontificado por sus supuestos beneficiarios.

 

Seguir cerrando los ojos ante ese fenómeno (se puede preguntar sobre todo a profesores de secundaria y preparatoria las respuestas que reciben de sus alumnos cuando les preguntan a qué se piensan dedicar para ganarse la vida) no va a servir sino para que esto termine peor.

 

Asesinar periodistas, como el condenable caso de Miroslava Breach en Chihuahua, no va a silenciar lo evidente: que son las mismas corporaciones policiacas y hasta gobernantes los que están detrás o como socios de ese negocio de las drogas, su producción, distribución y venta.

 

Ojalá en ese y otros asesinatos haya un poco de pudor oficial y se sancione a los responsables, tope hasta donde tope.

 

Pero lo realmente importante es que a pesar de la hemorragia, de todo este desfile de muertos, de todos estos crímenes, la fuente de todo eso sigue sin ser tocada.

 

Con doble moral y con la simulación que caracteriza a los actores políticos y económicos, el tema ha sido incluso arrojado a los archivos del olvido, cuando los consumidores, los clientes más numerosos de ese negocio que están en Estados Unidos, al menos ya se sacudieron el maquillaje de la hipocresía y han comenzado a sembrar sus propias parcelas de mota.

 

No se trata de inundar al país de drogas, sino de controlarlas, de quitarles el monopolio a las grandes farmacéuticas, de restar poder al crimen organizado, al oficial y al corriente. Se trata de educar y formar también ciudadanos para que puedan enfrentar a elementos que siempre van a estar ahí.

 

 

 

Sobre la Generación Fobaproa (Ni-nis)

 

Jesús Delgado Guerrero / Los sonámbulos

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Tan entretenidos como están en ver qué bando es capaz de cometer más barbaridades y desfalcos en nombre del ejercicio público y cuál sale indemne por enésima ocasión, los actores del poder político y su pares del poder económico no quisieran tener que enfrentar sus viejos-nuevos fantasmas, justo cuando aquellos que resultaron afectados, a aquellos que de una y mil formas les cancelaron oportunidades y una vida mejor, hoy son ya jóvenes que, entre otras cosas, al menos pueden votar y protestar.

 

Los hombres y mujeres que nacieron hace 22 o 23 años, jóvenes que van a votar por primera vez en elecciones estatales este año y en comicios presidenciales el próximo, han recibido remoquetes como una forma de ocultar el grave daño que se les hizo, recién habían venido al mundo: “millennials”, según la propaganda neoliberal que, por otro lado, para justificar sus presupuestos populistas y encubrir a la filantropía capitalista evasora de impuestos, los llama “Ni-nis”, es decir, ni estudian ni trabajan.

 

A estos supuestos “milénicos”, jóvenes de todas las clases sociales, habrá que informarles que todavía pesan los atracos, auto-préstamos, devaluaciones y especulaciones que culminaron en diciembre de 1994 con el “Diciembrazo Salinas-Zedillo”, una letal combinación de codicia, arrogancia y estupidez que no sólo les canceló muchas oportunidades, como más escuelas, secundarias, preparatorias y, sobre todo, empleos bien remunerados.

 

Si sus padres perdieron casas, autos o tuvieron que empeñar hasta al perro para poder pagar créditos hipotecarios o de tarjetas de crédito, la pérdida sufrida por esa generación y varias más a partir de ello no tiene parangón en la historia. Es conveniente recordarlo: fueron miles de millones de pesos los que se hicieron deuda pública (más de 600 mil millones y todavía se deben 885 mil millones de pesos) y eso que los pagos incluso han representado en su momento hasta 14 por ciento del PIB.

Ese ha sido el caso del Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa, hoy IPAB), un crack financiero descomunal horneado durante los sexenios de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, y que éste llevó al Congreso para convertir en deuda pública un gran desfalco y acciones especulativas y que, con un Poder Legislativo ya no dominado por el PRI, sino por la oposición, fue cargado al erario público en 1998.

 

Sobre el tema, sigue siendo muy valioso el trabajo realizado por el extinto Samuel I. del Villar (Agravios nacionales en la hacienda pública mexicana, 1982-2005, editorial Océano”), evidenciando la avaricia de actores económicos y políticos que, como fachada del sistema que representan, sin embargo deben salir a convencer a la gente de que cada cual “es la mejor opción” (no sé qué le van a ofrecer a esa Generación Fobaproa y a otras, pero sin duda están en deuda con ellos y con millones de seres más).