Despierta el antiimperialismo mexicano

Miguel Ángel Ferrer / Economía y política
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Es una vieja tradición del periodismo político esperar a que transcurran cien días desde el inicio de un nuevo gobierno para iniciar el análisis del rumbo que seguirá en lo futuro. En el caso de Donald Trump, de esos emblemáticos cien días apenas han transcurrido dos tercios. Pero ya se pueden prefigurar algunas líneas de su desarrollo.

En relación con México son tres las grandes líneas de acción del gobierno trumpiano. Uno, la continuación y conclusión del muro en la frontera sur de Estados Unidos para impedir el ingreso de migrantes indocumentados mexicanos o de terceros países, incluidos africanos y asiáticos. Dos, el repudio del TLCAN o una renegociación muy onerosa y perjudicial para las burguesías de ambos lados de la frontera. Y tres, la imposible deportación de once millones de mexicanos indocumentados.

Por lo que toca a la culminación del muro, es razonablemente probable que se logre. Pero no cabe esperar que la muralla impida el ingreso al mercado laboral estadunidense de quienes quieren hacerlo. Dentro de éste hay demanda de brazos, y fuera hay una inmensa oferta. Allá esos brazos son muy necesarios, y fuera de allí son excedentes. Cambiar esta situación económica dual no está al alcance ni de Trump ni del gobierno mexicano. Ni está en el deseo o aspiraciones de las burguesías de ambos países.

Frente a esta situación, cómo esperar que la ampliación y conclusión del muro pueda frenar el flujo de trabajadores indocumentados. Lo esperable, en consecuencia, es que ese ingreso se siga dando por diferentes vías. Y máxime si se sabe positivamente que el tráfico de personas es un negocio transnacional multimillonario en el que participan autoridades migratorias de ambas naciones y bandas de traficantes de sólida organización que cobran hasta 5 mil dólares por introducir a una persona en territorio estadunidense.

De modo que habiendo oferta, habiendo demanda, habiendo un intermediario que se encargue de la recepción-entrega de la mercancía humana, habiendo unas autoridades facilitadoras en ambos lados de la línea fronteriza, y habiendo una fuente de financiamiento de los costos de la operación, están dados todos los elementos de la ecuación migratoria exitosa.

Pero que sea muy difícil, por no decir imposible, detener el flujo de migrantes indocumentados, no quita que la muralla trumpiana tendrá consecuencias, algunas indeseables. Primeramente, el incremento del costo del traslado e internamiento en EU del migrante. Y también, desde luego, el aumento de la cuota de dificultades, sufrimiento y muerte que habrán de pagar los aspirantes a sumarse al mercado laboral estadunidense.

También irán al alza los sentimientos antitrump entre los muchos millones de afectados en EU, en México y en el resto del mundo. Y no sólo entre los afectados directa e indirectamente, sino entre los muchos más millones de personas en todo el planeta que no están de acuerdo o se oponen, activa o pasivamente, a la odiosa medida del muro. Finalmente para Trump una situación de altos costos y nulos beneficios.

Y entre tantos puntos negativos aparece un elemento positivo. Con sus posturas rabiosamente antimexicanas, Trump ha revivido el antiguo sentimiento antiimperialista presente en el espíritu del pueblo de México desde hace más de siglo y medio. El magnate le ha quitado la demagógica máscara amigable a la agresiva potencia imperial.

 

 

Almagro, Videgaray y el Tec contra Venezuela

Miguel Ángel Ferrer / Economía y política
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En la muy reciente Quinta Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores Caricom-Cuba, celebrada el 11 de marzo de 2017 en La Habana, los países reunidos expresaron su preocupación por las afectaciones sociales, económicas y en materia de empleo que provoca la deportación masiva de migrantes establecidos en países fuera de la región. Y abogaron por que los Estados receptores respeten los derechos humanos de los migrantes.

Documento diplomático, la Declaración Final, que expresa el sentir de pueblos y gobiernos de la región caribeña, no cita por su nombre a Estados Unidos y a México, pero es inequívoca la referencia a estos dos países como protagonistas del drama de las deportaciones masivas de migrantes indocumentados desde EU hacia México.

Con todo y su lenguaje diplomático, la Declaración Final de la Quinta Reunión del Caricom constituye una categórica desaprobación de la conducta del gobierno de EU y, al mismo tiempo, un resuelto apoyo al gobierno mexicano en la protección de sus ciudadanos residentes sin papeles en EU.

En su carácter de Estado caribeño, Venezuela es suscriptor de esa declaración y, por tanto, es actor principal de ese resuelto apoyo al gobierno de Enrique Peña Nieto frente a las actitudes inamistosas, hostiles, contrarias al derecho internacional y carentes de sentido humanitario del gobierno del presidente Donald Trump.

Por ello han extrañado sobremanera las palabras y actos del canciller mexicano, Luis Videgaray, al sumarse entusiastamente a la absurda, propuesta del secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, de aplicar a Venezuela la Carta Democrática de la OEA, exigir la celebración inmediata de elecciones presidenciales y demandar la liberación de algunos reos de graves delitos, actualmente en la cárcel.

La actitud y acciones del canciller Videgaray, haciéndose cómplice de los despropósitos del impresentable Luis Almagro, reflejan una conducta negativa y desmemoriada del gobierno mexicano hacia la solidaridad y respaldo de Venezuela en un asunto que lastima particularmente a los mexicanos y al gobierno de Peña Nieto.

Pero la conducta de Videgaray no es tan inexplicable si se sabe que el canciller está emparentado con la furibunda derechista mexicana Mariana Gómez del Campo, quien a su vez mantiene relaciones de parentesco con la esposa de Felipe Calderón.

Y menos inexplicable si se sabe que con la decidida promotoría de Mariana Gómez del Campo, del propio Calderón y de Alejandro Poiret, exjefe de prensa de y secretario de Gobernación de Calderón, se ha organizado un encuentro de corte nazifascista en la Escuela de Gobierno y Transformación (sic) Pública del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey en la sede de éste en Santa Fe, con la finalidad evidente de apretar el cerco imperialista contra Venezuela

El encuentro, que lleva por título “El rol de los jóvenes en la democracia de América Latina”, será encabezado por Luis Almagro, y bien se sabe que éste lo utilizará en sus mesiánicos afanes antivenezolanos. 

Casi sobra decir que este manipulado encuentro no tendrá más éxito que anteriores y fracasadas agresiones mediáticas y pseudoacadémicas contra Venezuela. Y que el perdedor neto de esta oligofrénica iniciativa será el presidente mexicano. Y uno tiene que preguntarse por qué Peña Nieto tiene que pagar tan altos costos en términos de desprestigio nacional, regional e internacional por las ingratitudes de Videgaray y por los servicios al panismo más retrógrado y desacreditado a cargo del trasnochado canciller.