Se publica y escribe para el olvido: Huberto B.

José Sobrevilla / Unión de Periodistas
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.     @PPsobrevilla

¿Quién recuerda a Huberto Batis? Seremos tal vez muchos los que reconozcamos su valía en la comunicación cultural; pero otros ni siquiera tendrán una jodida idea de quién fue o es. Algunos más, aunque lo sepan, lo negarán por esa mezquindad  existente en el gremio. Sin embargo, el tiempo, el implacable, siempre toma venganza tanto con los recuerdos como con los olvidos. Hoy, a los 83 años, después de superar el cáncer que deterioró gravemente su salud, el jalisciense, en conversación con este reportero revela que, al revisar los periódicos y ver los actores actuales de la cultura, no reconoce prácticamente a ninguno. “Son gente nueva, ajena totalmente a mí”.

Acerca del fallecido Rafael Tovar y de Teresa dice que fue sorpresivo “aunque yo sabía que moriría pronto porque estaba muy enfermo e iba muchas veces a atenderse en Estados Unidos. Fue un hombre muy político, muy del sistema; muy a lo que estábamos acostumbrados: un funcionario con mucho poder, nombre y quien se podía adaptar a todos los asuntos que se le presentaran”.

Para Batis, abrir ahora un suplemento o una revista y leerlos es como si estuviera en otro país; “como si viera un periódico o revista de Argentina, Perú o Bolivia, porque ya todos son jóvenes anónimos. No son de mi época. ¡Imagínate tengo ya 83 años de edad!”, afirma con vehemencia ante el incesante zumbido del equipo que le proporciona oxígeno por 24 horas a sus pulmones. Con nostalgia comenta que de todos sus contemporáneos no sabe ya ni cuántos están vivos ni quiénes siguen activos.

¿Todavía tienes contacto con tus exalumnos?

–Me llaman por equivocación o porque les interesa mi opinión sobre algún texto que escribieron y quieren publicar. Ese es el contacto con mis exalumnos: totalmente interesado; es tan frecuente que me niego argumentándoles que ya no trabajo, y la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) no me paga más por hacer eso. Hoy cobro y cobro carísimo. Me han llegado a traer novelototas tamaño directorio telefónico. Les anticipo: ¡Quémala y tírala a la basura, porque los escritores no se hacen de la noche a la mañana! Ser buen escritor requiere escribir desde muy niño y publicar en todas partes”.

Huberto (cuyo nombre alude al santo católico San Huberto de Lieja, protector contra la rabia, y patrono de cazadores, matemáticos, ópticos y metalúrgicos) nació en Guadalajara, Jalisco, el 29 de diciembre de 1934. Lo hemos publicado tantas veces en otras entrevistas: fue estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde terminó como profesor. También dio clases en la Universidad Iberoamericana. Publicó y editó Cuadernos del Viento, escribió para México en la Cultura (Novedades), La Cultura en México (Siempre!) y El Heraldo Cultural. Editó el famoso suplemento cultural Sábado del Unomásuno.

Dirigió la imprenta de la UNAM y trabajó en el Banco de México haciendo la parte cultural de su revista interna. Fue editor de la Revista de Bellas Artes y director del Centro de Estudios Literarios, entre otros. Dentro de los galardones está el Premio de Periodismo Fernando Benítez y la Medalla de Oro de Bellas Artes, como referentes.

Aunque señala no tener obra propia, entre sus libros están: Índices del Renacimiento, semanario literario mexicano (1869), publicado en 1963; Análisis, interpretación y crítica de la literatura, 1972; Aquiles trágico, 1983; Estética de lo obsceno y otras exploraciones pornotópicas, 1983; Lo que Cuadernos del viento nos dejó, 1985; Por sus comas los conoceréis: revistas y suplementos literarios, 2001; Amor por amor: Leopold y Wanda Sacher-Masoch, 2003; Crítica bajo presión: prosa mexicana 1964-1985, 2004; Reseñas al vapor de poesía mexicana (1960-1980): selección del autor, 2004; Estudio preliminar a los índices del renacimiento. Semanario literario mexicano (1869), 2005; La flecha en el aire, 2006; La flecha en el arco, 2006; La flecha en el blanco, 2006; La flecha extraviada: prólogos, ensayos y presentaciones de libros, también 2006.

¿Cómo viste la llegada de Jorge Volpi a la coordinación de Cultura de la UNAM?

–Convenenciera, como se han visto todas las decisiones políticas: toda una regla. Siempre de acuerdo con el rector en turno quien las aprueba.

Sealtiel Alatriste salió por un escándalo de plagio…

–Sí. Es gente de segunda que internacionalmente viven en editoriales chismosas, poco serias, que fabrican todo: Ilegibles. Yo jamás he leído algo de él, ni siquiera conocía a las gentes que plagió.

¿Qué opinión te merece Ignacio Solares?

–Es más institucional, abierto, sin embargo cuando ves un número nuevo de la revista (de la UNAM) pierdes la curiosidad porque va a traer siempre los mismos autores de todo el año; cuando “revista”, como su nombre lo indica, es revisión amplia, de puertas abiertas. ¿Envíale un material y a ver si te lo publican?

Me comentaba René Avilés Fabila que el grupo de Solares era muy cerrado, sólo cabían católicos, como el propio Nacho se ha reconocido.

Así es, y tiene muchos escritores católicos y nunca han dejado entrar ateos; por el contrario, cuando encuentran una rendijita se cuelan todos estos santurrones. Sin embargo, no puedes estar en desacuerdo con ellos porque casi siempre son escritores de primer nivel. Nacho Solares tiene olfato porque ha sido director de suplementos periodísticos y secciones culturales desde que estaba en Excélsior, donde hace 50 años hacía Diorama. Así que ¡imagínate el colmillo que tiene! junto a Volpi, aunque éste ya debería de tenerlo, sin embargo se ha rodeado de una camarilla que se protege entre ellos. Esa ha sido la tradición de la literatura mexicana: los grupos con nombre.

Una revista abierta que publica más de cien autores distintos en un año está bien para un país como México; sin embargo en países como Francia, Inglaterra, Estados Unidos, incluso España, tendrías que publicar mil autores distintos en un año.

Recostado en su sillón, hace una pausa para comentar sobre el titular leído tal vez en algún suplemento de Excélsior, que hablaba de un “Decano de la literatura en español” con 103 años de actividad, que seguía publicando no sólo libros, también artículos: presente en el periodismo, la academia, los congresos en todo el mundo… Batis reflexiona: “Yo tengo tal memoria que no te puedo decir el nombre de ese señor, del cual no he leído nada a pesar de que lo conoce toda habla hispana y publica en todas partes.

“Los diarios, para mí, dan noticias siempre de cosas que desconozco pero que todo mundo maneja. Me consuelo diciendo que pertenecí a un grupo de intelectuales que tenía conocimiento de todas las cosas, hablaba de todo y lo daba a conocer al mundo. Teníamos el interés de alfabetizar”.

“Recuerdo lo ocurrido en el 2000, pero no lo de estos 17 años. ¿Por qué? Porque todo es novedad, una novedad en la que no tengo tiempo de detenerme. El cúmulo de noticias es tal que necesitas una beca para estar leyendo de tiempo completo únicamente un periódico. Yo agarro un diario y veo la primera plana; me asomo a dos o tres editorialistas de la primera sección y toda ella me parece abominable, porque publican la novedad por la novedad misma: crimen, nota roja: todos los periódicos están impresos en sangre”.

¿Es lo que vende?

–No. Es el mundo en que vivimos.

¿Consideras difícil que un periódico se sostenga en estos momentos?

–Si está bien planeado para ordeñar a las ubres políticas y empresariales correctas, no es tan difícil.

Hace varios años –comento a Batis y Patricia González, su esposa– en mi pueblo, cuando nombraron a un amigo director del servicio de agua potable, (él, ya era propietario de dos ferreterías), le dijo el dueño del periódico local: “Ingeniero, vamos a publicar todas las propiedades. ¿Nos arreglamos?”. “No, pero si tiene pruebas publíquelas”, dijo candorosamente. Al siguiente día, un Volkswagen con bocinas en el toldo, se paró casi frente a su domicilio, oficina y negocios, perifoneando: “Conozca las propiedades del ingeniero Guzmán, adquiridas con dinero del Sistema de Agua Potableee”. Los parientes y amigos tuvieron que salir y comprar casi todo el tiraje.

Hay veces que digo “hoy no veré el periódico. Lo veré mañana, y ya nunca lo veo, continúa Batis. O sea que tengo que dedicar dos o tres horas únicamente para hojearlo por encimita. Antes lo hacía con tijeras en mano para recortar lo que después leería. Tengo alteros de recortes que nunca he leído y jamás clasificaré. Cualquiera que se quiera poner a clasificar noticias está perdido.

¡Cierto! Tu casa del Centro de Tlalpan sigue llena de publicaciones, libros revistas y muchos periódicos…

–Y para qué. Si todo se me olvida. Si todo o nada tiene seguimiento. O sea que se publica y se escribe para el olvido. Hoy tienes que ver por televisión varios noticieros del mundo para darte cuenta de la desinformación mundial que hay. Los noticieros más importantes no ven lo de enfrente, lo que pasa. Estar informado es una profesión donde tienes que olvidar para estar no al día sino en el futuro. Lo que va a pasar en el cine, la literatura que se va a escribir, los premios que se disputarán. Cada día los periódicos anuncian premios de literatura con jueces, participantes, y ganadores anónimos, pero son estatales. Es cultura provinciana.

Internet ha venido modificar la forma de hacer comunicación…

–El periodismo impreso es ya una reliquia arqueológica. En este conjunto, donde vivo, hay 40 casas y siempre peleo con la portería el periódico al que estoy suscrito. Y me dice el portero que únicamente tres casas reciben el mismo que nosotros. O sea que la gente no lee en absoluto. Quien tiene un puestito de periódicos gana mucho dinero vendiendo el papel de lo que no vende.  De los periódicos en provincia, la sección más gruesa es sociales. Trae fotos de media plana, y las acompañan, la foto principal, otras del mismo matrimonio o del mismo funeral, bautizo… y ¿por qué va a ser noticia un bautizo? El periódico vive de vender esos espacios a quien quiere salir en el impreso. Actualmente los periódicos tienen una sección cultural perdida en los rincones de una sección más numerosa; digamos economía o deportes. Es raro el que trae una sección completa de cultura; y ésta será de cuatro páginas. Los días importantes publica ocho; los intermedios seis o cuatro dobladas con una viuda enmedio.

Por un momento lo sentí ya agotado, por lo que decido dar por terminada la conversación; sin embargo, al ya retirarme, me dice:

¿Hoy no me vas a tomar foto?

¡Claro! Le respondo; ya que la costumbre siempre ha sido realizar una serie de imágenes después de cada entrevista. Recordamos, para despedirme, la interesante charla que permanece casi inédita que hicimos para Canal 21 del Gobierno del Distrito Federal en el programa “Después de la letra, la palabra”, que conducía Jorge Meléndez en 2011. Llegamos con todo el equipo de grabación a su casa de Tlalpan. Aquella ocasión Alejandro Meléndez fue quien hizo las fotos. Es cierto. Los años son implacables y al final son los recuerdos nuestro mayor impulso. Batis siempre será aquel hombre brillante que abrió puertas a muchos escritores, periodistas, editores, ilustradores, cartonistas: hoy contemporáneos que no lo recuerdan o lo ignoran olímpicamente. Las hermosas “divaneras” que enseñaron sus piernas en “El Diván” del suplemento cultural de moda, Sábado, hoy han de ser respetables señoras, madres de familia, algunas difuntas, pero todas ausentes.

¿Cómo te gustaría ser recordado?

–No me gustaría ser recordado. Tú escribes para cavar tu tumba. Acumulas libros y revistas ¿para qué? Ve este cuarto, el de abajo, el estudio: todo está lleno.

Cuando te dieron la Medalla de Oro Bellas Artes, Consuelo Sáizar te nombró “Maestro de escritores”. A estas alturas ¿cómo sientes esta frase?

–Como la coartada para dármela: el pretexto. ¿Por qué? Porque yo no tengo obra propia pero sí he tenido discípulos y escritores.

¿Algo que quisieras agregar para ya dejarte descansar?

Se queda callado con la mirada perdida. Un silencio total seguido de una tos triste, profunda, lejana que se pierde en el zumbido de la máquina generadora de oxígeno.


1 Confróntese Roura, Víctor El apogeo de la mezquindad, Editorial Lectorum.
2 https://es.wikipedia.org/wiki/Huberto_de_Lieja