El BAT contra el IVA

Jorge Faljo
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.     http://jorgefaljo.blogspot.mx/

Cuando por primera vez leí que Trump despotricaba en contra del Impuesto al Valor Agregado de México, francamente no entendí y lo dejé para más tarde. Solo que me quedó la espinita y gradualmente me he dado cuenta de la enorme importancia del tema. En torno a esto puede darse el cambio más relevante del intercambio comercial entre los dos países y ser el golpe de gracia de nuestra estrategia económica si establecen su propio Impuesto de Ajuste Fronterizo (Border Adjustment Tax, BAT).

Trump acusa al IVA de ser un arancel disimulado con el que México hace trampa. Lo cierto es que este tipo de impuesto lo aplican 160 países en el mundo. Es un impuesto que paga el consumidor final. Dado que el impuesto es igual para las mercancías nacionales que para las importadas no favorece a ninguna de las dos y es por lo tanto es “neutro”. Por esa razón los neoliberales no lo consideran proteccionista. Pero el nuevo gobierno estadunidense, que es de extrema derecha pero no neoliberal, tiene un punto de vista muy distinto.

En el comercio de dos países con el mismo sistema la situación se equilibra. El país exportador no cobra el IVA pero el importador sí y los dos operan igual. Pero la puerca tuerce el rabo cuando los dos países no tienen el mismo sistema.

El IVA es por definición un impuesto de ajuste fronterizo. Un productor nacional paga el impuesto si su producto se consume dentro del país, pero el impuesto se reduce a cero cuando el producto se exporta. Es distinto para las empresas estadunidenses que pagan impuestos independientemente de si su producción se consume dentro de Estados Unidos o se exporta. No hay ajuste fronterizo.

Cuando consumimos mercancías estadunidenses se paga (con excepciones) 16 por ciento de IVA al gobierno mexicano. Pero los consumidores norteamericanos no pagan algo similar sobre las mercancías mexicanas que ellos consumen.

La mayor economía de consumo del mundo no tiene IVA y la nueva administración estadunidense dice ahora que existe una inequidad impositiva que van a corregir. No queda claro cómo, pero han expresado dos posibilidades.

Una manera es externa, exigir a México que elimine el IVA sobre las importaciones norteamericanas. Idea simplona e inadmisible pero que aun así podría surgir en la renegociación del TLCAN como parte de su estrategia de golpear pidiendo lo imposible. Para nuestro gobierno significaría perder un ingreso muy importante y no está el horno para bollos. Implicaría además un trato desigual a las importaciones de distintos países y eso eliminaría el carácter “neutro” del IVA.

Además Estados Unidos tendría que pedirles lo mismo a otros países que cobran este tipo de impuesto. Son poderosos pero no pueden cambiar a todo el mundo.

Lo más viable es que cambien ellos mismos, para lo que se manejan dos ideas. Una es transformar su sistema fiscal y adoptar el IVA, o establecer su propio Impuesto de Ajuste Fronterizo (Border Adjustment Tax).

Crear su propio IVA es políticamente inviable para un gobierno republicano. La población lo entendería como un nuevo impuesto y teme que, como en casi todo el mundo, empiece con una tasa relativamente baja que luego se hace fácil ir subiendo.

Lo que queda para Estados Unidos es el BAT. En este caso la idea es exentar de impuestos a las exportaciones y poner impuestos a las importaciones. Sería en los hechos un arancel con una tasa similar a la del impuesto corporativo, para poder decir que pagan lo mismo las mercancías producidas internamente que las importadas.

Dentro de Estados Unidos la discusión es muy fuerte; tal impuesto elevaría el precio de las importaciones en, digamos, 20 por ciento; lo tendrían que pagar los consumidores y tendría un efecto inflacionario.

Los que están a favor argumentan que en lo inmediato incrementaría la recaudación en 100 mil millones de dólares que se podrían destinar a diferentes causas, algunas favorables a la población, como el fortalecimiento de programas sociales o quitarles impuestos a los de menos ingresos. Sin embargo, en el contexto político estadunidense ganarían los que proponen que a cambio de ese ingreso se reduzcan los impuestos a las empresas para hacerlas más competitivas.

Cierto que habría un costo para los consumidores pero sería compensado, dicen, por una importante generación de empleos debido a que la producción interna sería más competitiva y por la elevación de salarios. En poco tiempo se habría de reducir, incluso acabar el déficit comercial estadunidense con el resto del mundo. El gran objetivo de la nueva administración.

Para el modelo neoliberal mexicano la imposición del BAT sería desastrosa. Elevaría el precio de las mercancías mexicanas en Estados Unidos y, tal vez más importante, al exportar con deducción de impuestos les reduce en mucho el incentivo de colocar sus fábricas en el exterior. Ahora podrían ser más rentables y competitivos produciendo dentro de su país.

En suma, se impactaría fuertemente el atractivo para colocar inversión extranjera productiva en México, que es un factor fundamental del financiamiento nacional que de por sí tiende a la baja. Más vale ir revisando este modelito económico patito.

 

 

 

Habrá que enseñarle a hablar al perro

Jorge Faljo
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.     http://jorgefaljo.blogspot.mx/

La oferta de coberturas cambiarias por parte del Banco de México ha provocado un inmediato fortalecimiento del peso. He estado razonando el asunto pero se me ha atravesado mi inconsciente que me recuerda una vieja historia; y como lo respeto mucho se las voy a relatar.

Hace dos o tres siglos, en la muy vieja Rusia, una pandilla de bandoleros asaltaba poblados pequeños y aislados, maltratando o asesinando a sus habitantes. Un pueblo atemorizado le encargó a su viejo sabio que encontrara el modo de salvarlos. Así que cuando llegaron los bandidos el viejo salió a su encuentro y le dijo al capo: Si no nos tocas te ofrezco algo muy especial; le enseño a hablar a tu perro, solo necesito dos años.

El jefe de los forajidos se interesó y le dejó al animal. Pero lo amenazo con que a su regreso, si el perro no hablaba, arrasaría con todo.

Quejumbrosos los pobladores le reprocharon el trato porque en dos años morirían. El viejo contestó: pero hoy estamos vivos y en este tiempo pueden pasar muchas cosas: se puede morir el capo, me puedo morir yo, o le enseñamos a hablar al perro.

Regresando al punto inicial: Banco de México ofrece vender coberturas cambiarias por veinte mil millones de dólares, a plazos menores de un año empezando por mil millones en dos semanas. Estas son realmente, en la práctica, un seguro contra la devaluación.

Supongamos que una gran empresa debe pagar una deuda de 100 millones de dólares en diciembre y teme que para entonces la paridad se encuentre a 24 pesos el dólar. Si Banxico con la cobertura cambiaria le garantiza que podrá comprar, en diciembre, esos 100 millones a 22 pesos el dólar, la empresa comprará la cobertura.

En este ejemplo la empresa apuesta a que el dólar subirá de precio y Banxico apuesta a que no mucho. Si en diciembre la empresa tiene que comprar los dólares a un precio superior al asegurado el seguro le paga el diferencial. Si se aseguró a 22 y compra a 24 entonces el seguro cubre dos pesos por dólar.

Si ocurre lo contrario y el peso en diciembre se encuentra a 21.50 entonces la empresa compra a ese precio pero deberá pagarle 50 centavos por dólar al asegurador. Es decir que de cualquier modo el precio que pagará la empresa, inversionista o especulador será el valor al que aseguró el dólar que en este ejemplo es de 22 pesos.

Una medida ingeniosa que otorga certidumbre a las empresas y estabiliza el mercado y, además, Banxico no desembolsa dólares ahora y no se compromete a desembolsarlos después. Pero, ¿Por qué baja el precio del dólar ahora? Porque los compradores de dólares ya no tienen que hacerlo de inmediato; les resulta más conveniente comprar el seguro de momento y dejar la compra para más adelante.

La oferta será intermediada por instituciones financieras que comprarán las coberturas y las revenderán; y el precio será fijado mediante subasta, es decir por oferta y demanda.

De este modo Banxico escapa de lo que parecía un callejón sin salida. No podía incrementar la venta de dólares porque la caída de las reservas generaba preocupación y ya había recibido una advertencia del Fondo Monetario Internacional. Tampoco es conveniente que siga incrementando la tasa de interés de referencia porque encarece el crédito, el consumo y la inversión.

Así que ha logrado patear el problema hacia adelante. No digo que eso esté mal. Le da estabilidad al mercado, baja el precio del dólar y esto tiene un impacto político positivo porque podrá reducir el gasolinazo.

Los problemas de fondo no se han resuelto. El déficit de la balanza comercial y de cuenta corriente es excesivo y se está financiando mediante la venta país y la entrada de capital volátil. Pero se acaba el interés por la inversión productiva y los capitales volátiles, incluso los de mexicanos, se mueven hacia el exterior.

Moody’s y otros centros de análisis reducen la proyección de crecimiento para el 2017 a solo el 1.4 por ciento. No hay hacia donde incrementar las exportaciones y el mercado interno se encuentra estancado; a pesar de los insuficientes incrementos del empleo el hecho es que la masa salarial no crece. Hay más empleo pero en su conjunto es cada vez más mal pagado.

Y en el horizonte existen amenazas varias: que Estados Unidos le ponga un impuesto a nuestras exportaciones; que dificulte el envío de remesas e inversiones; o que exija un mayor contenido de componentes nacionales (no chinos), en nuestras exportaciones.

Un respiro financiero no compone la economía real. La demanda de dólares solo se ha pospuesto, pero al igual que en el cuento ruso, el temor al futuro existe y la salida de dólares llegará en su momento. Banxico le ha comprado tiempo a nuestra clase dirigente, y eso es valioso. Ojalá y lo aprovechen no para tratar de eternizarse en el poder, sino para emprender las transformaciones de fondo que requiere el país. Por lo pronto, habrá que enseñarle a hablar al perro.