2018, la salida, de López Obrador

Jorge Carrillo Olea / La Jornada
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Está en circulación el libro 2018, la salida, de la autoría de Andrés Manuel López Obrador. Pareciera ser el tercero de una serie de interesantes planteamientos, los dos primeros siguieron la línea de un nuevo proyecto para México. El segundo en particular es, como se comentó en el artículo Leyendo un libro, una extraordinaria recopilación de tesis magistrales sobre lo que conduciría al México deseable.

En el libro que hoy se comenta, que fue espléndidamente presentado el 13 de diciembre por Laura Esquivel y Pedro Miguel, AMLO hace un excelente catálogo de las grandes corrupciones y los grandes corruptos, ofreciendo nombres, montos y circunstancias. Es un catálogo sorprendente aun para los informados. Es útil para precisar los enormes, insospechados alcances de lo que es hoy una corrupción que según el autor –y en esa opinión le seguimos millones de mexicanos–, es el problema número uno que estimula a la decadencia en que está sumido el país. Es, por lo tanto, el objetivo a erradicar, y llama a adoptar a la honestidad y austeridad como una forma de vida y de gobierno, tesis irrebatible, como indiscutible fue su frase Por el bien de todos, los pobres primero.

AMLO no da un paso ni escribe una línea sin una profunda y meditada intención. Hasta sus hechos y dichos más simples o polémicos están cargados de un propósito, a veces claro, a veces cifrado, que apuntan siempre a ganar la elección de 2018. Esa libertad para actuar, decir, escribir y callar como conviene lo hace único. Sabe y aprovecha el peso de su libertad; no hay otro semejante entre una pandilla de aspirantes, unos enfrentados, otros agazapados, sobre todo los del PRI. Él, impávido juega con los tiempos, que bien sabe que están a su favor; no abandona su serenidad ni su sonrisa, que tanto le valen en un mundo político exasperado. Su propuesta central es simple: honestidad y sobriedad.

El libro 2018 la salida, crea la sensación de ser un logro distinto a los dos proyectos de nación. Especializa al libro en la exhibición de la corrupción, ofrece el catálogo de pecados y pecadores y revela la preparación de un nuevo texto, el cuarto de esta serie que, encadenado a los dos primeros, parece que apuntará con firmeza a su propuesta de programa de gobierno para ser desmenuzado y difundido durante una campaña que efectivamente, si su centro es luchar contra la corrupción, habrá de descubrir los flacos flancos de muchos pecadores. Por este solo hecho habrá que estar atentos a AMLO.

No se limita en su baraja de problemas expuestos a descubrirlos, se compromete a decir cómo los erradicará. En materia de lucha contra la corrupción, que es el eje del libro, destacan dos ideas: 1. Compromete el montar los finos instrumentos de control financiero de un país moderno y honesto, convocando a la sociedad a fortalecer el hábito de la honestidad y a participar en cada etapa de la prevención y combate a toda podredumbre. Hace de la austeridad otra promesa y para ello anticipa mil formas de reducir gastos inútiles o suntuarios. 2. Tal vez para desencanto de muchos seguidores y no, es enfático en comprometer que no habrá venganzas contra los expoliadores, en lo que hay un total acuerdo, pero declara una postura de ánimo de manumisor respecto a que no habrá perdón ni olvido.

Eso es desestimulante, no debe haber ni perdón ni olvido para los saqueadores, debe haber severos actos de sanción. Otro desaliento sería que no argumenta nada sobre cómo reducir el enorme costo de la maquinaria partidista y electoral, mas, como se señaló, en él todo acto u omisión corresponde a una deliberación, en él nada es casual; esperemos.

El mayor atractivo de López Obrador, como se expone en el libro, es su oferta de aquello que el pueblo ansía con desesperación: ¡alto a la corrupción, al derroche, y sanción justa a los corruptos! Y es una arenga que ni el candidato del PAN, del PRI ni del PRD puede levantar; llevan mucho lodo, lodo histórico en sus alforjas.

Para ciertos observadores, López Obrador sigue siendo un enigma. No para los pasionales, que sólo ven en él al redentor de la nación o los otros, los que sólo ven en él a un temible anticristo. Una postura presumiblemente equilibrada, difícil ante un hombre tan vehemente, eludiría esos extremos y rescataría los principales méritos de AMLO, como son su honestidad y sobriedad, que pesan tanto. Al final privará la sensatez y el equilibrio, ponderándose en aquel 2018 la oferta de la pluralidad que ofrezca la izquierda, lamentablemente desunida.