Imposible un periodismo al margen del poder

José Sobrevilla
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La relación entre prensa y poder siempre ha sido tensa e intensa, pero necesaria. “No podemos suponer un periodismo que se haga al margen del poder”, dijo esto Humberto Musacchio el viernes 20 de enero ante contertulios del Grupo María Cristina que coordina el también columnista Eduardo Ibarra Aguirre. “Cuando todo está en crisis, los periodistas deberíamos estar discutiendo qué es lo que cabe plantear en lugar de lo que hay. Qué propuestas somos capaces de recoger de la sociedad, porque finalmente ese es nuestro trabajo: pero no lo estamos haciendo”.

Durante la presentación de su más reciente libro Historia crítica del periodismo mexicano, editado por Luna Media Comunicación, Colección Kiosko, octubre 2016, el autor de la columna La República de las Letras que publica Excélsior, señaló que en la prensa comercial o la gran prensa, la relación prensa-gobierno es necesaria porque esa prensa vive de ese anunciante que es el Estado. “Pero el Estado necesita también de esa relación con el periodismo; y cuando la crítica le parece extrema, simplemente deja de patrocinar publicaciones: Ejemplo, el golpe a Excélsior en 1976”.

Ante un lleno total, el sonorense, autor de Hojas del tiempo (1993) y Urbe fugitiva (2002) dijo a los contertulios que “El periodismo también tiene que trabajar de acuerdo con el poder porque finalmente es una superestructura que tiende a apuntalarlo. El periodismo defiende los valores de la época, los puntos de vista del poder porque éste representa los valores de la época”.

Destacó que en México vivimos un momento cercano a la ruptura del orden, donde ni el gobierno ni el Estado son fuertes; y las instituciones nacionales pasan por una seria crisis, en algunos casos terminal, lo que lógicamente plantea problemas para el periodismo. “¿Qué vamos a defender como periodistas? ¿Ese orden que está en quiebra, despidiéndose? ¿O empezaríamos a discutir las posibilidades de instaurar un nuevo orden en el país? Al periodismo tan le interesa mantener este orden existente que no se plantea discutir otras posibilidades de convivencia entre los mexicanos”.

Durante la investigación encontró que durante la Colonia, a los súbditos sólo les quedaba callar y obedecer; sin embargo en la primera Gaceta de México, de aparición regular en el siglo XVII, 1722, hubo un reportaje extraordinario sobre la guerra del Nayar. “Los indios nayaritas fueron los últimos en doblegarse y yo diría que nunca los doblegaron. Con todo el poder colonial, los españoles mandaron todo lo que tenían para someterlos y no pudieron. Así lo dijo el cronista Juan Ignacio María de Castorena Unzúa, Goyenenche y Villarreal, que me imagino era el mismo director del periódico, y quien también fue obispo de Yucatán”.

“El Universal fue fundado por Palavicini (Félix Fulgencio Palavicini Loría) gracias a que varios funcionarios carrancistas compraron acciones, y ha tenido grandes momentos. Fue un periódico aliadófilo, pero hacía falta un periódico germanófilo, ya que eran los años de la Primera Guerra Mundial, por lo que Venustiano Carranza impulsó el nacimiento de Excélsior con Rafael Alducin, quien fue su primer director y que recibió el financiamiento del gobierno mediante la compra de acciones por parte de algunos funcionarios, “dinero que no sacaron de su bolsillo sino del erario”.

Los conflictos dentro del carrancismo terminaron por desplazar al primer jefe, y Álvaro Obregón no simpatizaba con Palavicini quien era un político que durante el Congreso Constituyente de Querétaro estuvo al servicio de las empresas petroleras, sobre todo de Estados Unidos. “Se opuso al artículo 27 porque regulaba la posesión de la tierra y limitaba la intervención de las empresas extranjeras a la explotación del petróleo. Ahora, con las publicaciones del centenario El Universal lo mencionaban como un personaje, cuando no era más que un sinvergüenza”, expresó Musacchio.

Palavicini termina su carrera como director general del Departamento Autónomo de Prensa y Publicidad, DAPP, organismo creado durante el gobierno cardenista para centralizar el trato con la prensa. “Todavía no existía la televisión y la radio tenía prohibido hacer política. Antes de Cárdenas, el trato entre la prensa y el poder, en los gobiernos revolucionarios, fue un tanto ocasional. Álvaro Obregón recibía a varios periodistas, les hablaba, les citaba a los clásicos, pero no había una relación constante”.

Las oficinas de prensa, dijo el autor del Diccionario enciclopédico de México, surgen cuando desaparece el DAPP, que tenía presupuesto para pagar espacios en periódicos, favores no facturables, impulsar campañas publicitarias y financiar viajes de periodistas. “Nunca he tenido claro el por qué desaparece. Los directores de periódicos se quejaban porque era un mecanismo de control. El DAPP controlaba entre otras cosas PIPSA, que fue creada porque antes los periódicos le compraban el papel a las fábricas locales, sobre todo a la de San Rafael, que les daba créditos, precios fijos, etcétera. Y Parece que San Rafael les aumentó un poco porque el precio internacional subió y los directores se enojaron y fueron a ver a Lázaro Cárdenas y le plantearon que necesitaban que se les garantizara el suministro de papel a pesos estables. Así, PIPSA fue un mecanismo de control de la prensa porque al que se portaba mal no le vendían papel”.

Nacen las oficinas de prensa

Cuando Manuel Ávila Camacho llega a gobernar México, pone como secretario de Gobernación a Miguel Alemán, un hombre que veía más allá que los otros, y empieza a gestar la creación de oficinas de prensa en cada secretaría. Ya no serían aquellos rincones donde apenas había un solo redactor; ahora eran oficinas en toda forma donde se emitían boletines, y si era posible en forma diaria. Ello les permitía unificar la información en favor del gobierno.

“La versión oficial siempre era la que emitían las oficinas de prensa y a la que se acogía todo mundo. Esas oficinas tenían un presupuesto grande para comprarle planas a los periódicos. También uno de chayotes. Incluso en muchas dependencias se abre una nómina y se considera a los reporteros acreditados como empleados de la secretaría o dependencia oficial que fuera”.

Cuando las dependencias tenían problemas graves siempre había otros mecanismos de control que por muchos años fueron aplicados. De pasada, don Julio Scherer lo mencionó en alguno de sus libros; se trata de las maletas llenas de dinero “que siempre creí que eran uno de esos cuentos del gremio, pero llegaban hasta el escritorio del director o dueño; esto sucedía cuando ni los créditos de PIPSA, los permisos de importación de maquinaria, o cuando la publicidad no bastaba para sostener el periódico”.

También ocurría, agregó Musacchio, cuando el presidente quería agradecer un favor a un director o a un dueño. Ese era ya un mecanismo extremo y no funcionaba desde la oficina de prensa, sino directamente desde la Presidencia de la República. “Scherer decía que Regino Díaz Redondo era el encargado de ir a recoger las maletas que la Secretaría del Patrimonio Nacional le mandaban al periódico. En esta secretaría estaba mi maestro Horacio Flores de la Peña, marxista leninista. Era el matrimonio perfecto entre la prensa y el poder”.