La locura del rey Donald Trump

Luis Gutiérrez Poucel
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Consideré escribir para este número sobre otro tema que no fuera el recién inaugurado presidente de Estados Unidos Donald Trump, pero no hay tema alguno que se pueda comparar en interés y actualidad al de Mr. Trump, por lo que aquí me tienen nuevamente escribiendo acerca de este extraño y chocante personaje.

La prestigiada revista inglesa Economist publicó un artículo sobre el manejo de la verdad por Trump, acuñando el término posverdad que significa una falsedad que de tanto repetirse aparece como la verdad. Posverdad es aquella declaración basada en las emociones, los temores y las creencias de la gente. El atractivo de la posverdad emana del hecho que es más fácil para muchas personas culpar a otros de sus errores, deficiencias, limitaciones y/o problemas que reconocer los tropezones propios y aprender de ellos.

El electorado americano le perdonó a Donald Trump todas las evidencias de mala conducta mientras que castigó a Hillary Clinton por rumores infundados. La campaña presidencial estadunidense probó que los hechos objetivos tienen menor peso relativo en la formación de la opinión pública, que los rumores infundados, convirtiendo a Donald Trump en el mejor exponente de la posverdad… de aquellas afirmaciones que quiere escuchar el común denominador de la gente porque los hace sentir bien aunque no tengan ningún fundamento en la realidad. Es cierto, en un mundo ideal la política debería basarse en la evidencia, pero si algo nos ha demostrado la victoria de Trump es de que estamos lejos de un mundo ideal. En los regímenes totalitarios la posverdad es el pan de cada día, pero también en la democracia la posverdad atrae a las grandes mayorías porque son más interesantes y divertidas las valentonadas y acusaciones a las minorías que escuchar y analizar los aburridos hechos.

Con Trump lo remoto dejó de serlo... Los estadunidenses, aun cuando el tiempo los ha suavizado, siempre se han distinguido por ser gritones y prepotentes: los cowboys de la política internacional. Donald Trump vuelve a implantar ese estilo que explica en su libro El arte de negociar, en donde menciona que a los débiles hay que aplastarlos y a los poderosos hay que negociar con ellos. Desde el principio que empezó a blandir su sable contra México, la administración de Peña Nieto dio muestras de debilidad, debilidad que seguirá explotando porque requiere de victorias, y necesita empezar con un triunfo rápido, contra un adversario fácil, quien sea que éste sea, aunque en realidad no sea un contendiente sino tan solamente el amigo débil de la relación.

Es por ello que en la reciente visita del primer ministro canadiense a Washington, Trump manifestó que no tenía problemas con Canadá sino tan sólo con México. Declaraciones que aparentemente alegraron al líder canadiense, quien en ningún momento abogó por México.

Lamento pronosticarle señor primer ministro Justin Trudeau que apenas Trump requiera de otro contrincante para presumir otra victoria, ese contendiente va a ser Canadá, y usted, quien calificó a Fidel Castro como “una figura más grande que la vida que sirvió a su pueblo durante casi medio siglo”, hubiera estado mejor servido en jugársela como hombrecito con México en lugar de medrosamente olvidar su responsabilidad histórica y geopolítica… “Trudeau you’re no Fidel Castro.”

Nos tenemos que acostumbrar a que hemos entrado en una nueva etapa en nuestra relación con Estados Unidos, incierta y peligrosa. Estamos solos, Canadá no nos va a apoyar, solamente va velar por sus propios intereses, por eso en el pasado nos ha negado las visas y seguirán haciendo lo que considera en su interés nacional y si eso implica echar a México a los leones para seguir manteniendo su relación especial con Estados Unidos, así lo seguirá haciendo.

Todo lo que se ha dicho de Trump en el pasado ha estado equivocado, tal y como que: no iba a ganar la candidatura, era imposible que llegara a ser presidente, no podía enemistarse con todos los líderes de otros países, no va a iniciar una guerra comercial, no va a invadir México, no va a preparar una guerra contra Irán, etcétera. Si de algunas cosas podemos estar seguros, es que con este señor nada está escrito, lo más remoto deja de serlo y cualquier cosa puede suceder.

¿Amenazó Trump a Peña Nieto con invadir a México? ¡Claro que sí! Conociendo cómo se maneja el dialogo entre los líderes de países después de la Segunda Guerra Mundial, las llamadas telefónicas se respetaban bajo el supuesto de que los líderes podían decirse lo que quisieran, sea cual fuera el tema, para así resolver problemas en lo íntimo y establecer una mayor cercanía, claro, siempre y cuando las pláticas se mantuvieran confidenciales y en secreto. Fidel Castro, el dictador favorito de Canadá, fue el primero en romper ese pacto de caballeros al sacar a la luz la grabación de la charla que tuvo con Vicente Fox… recuerden el famoso comentario “comes y te vas”.

A Trump le gusta negociar desde una posición de fuerza, por lo que intimida y amenaza a fin de atemorizar y ablandar a sus contrarios. Por supuesto que Donald Trump amenazó a Peña Nieto con enviar tropas estadunidenses a limpiar la frontera, con el argumento de que nuestro Ejército no podía. Esa fue la excusa para enviarle a Peña Nieto el mensaje real de fondo: “o haces lo que quiero o te hago que lo hagas”. Es por ello que la propia Casa Blanca filtró parte de la conversación a los medios.

La filtración debilitó a Peña Nieto y a México, inclusive algunas fuentes indicaron que nuestro presidente apenas balbuceó algunas tibias respuestas ante la agresividad de Trump. El pacto entre líderes nacionales, obedece a reglas diplomáticas no escritas, que suponen que ambos líderes deben respetar como caballeros. Pero si alguno de ellos no es caballero, ni sigue las reglas, filtrando parte de la conversación, el otro automáticamente está en libertad para dar a conocer la grabación de la conversación en su totalidad.

Es infantil pensar que México debe adherirse a las reglas diplomáticas mientras que Trump no lo hace… Con Trump nunca va a funcionar “dar la otra mejilla”, lo que si puede funcionar es, como con todo bully, darle la cara y contestarle con firmeza y dignidad. El gobierno de México debía de dar a conocer la grabación de la conversación… que no se hagan locos, por supuesto que Presidencia graba las conversaciones.

Las propuestas de que México debe ver hacia el sur, Europa y Asia son válidas hasta cierto punto. Nuestra suerte como país ya está echada, somos cautivos de la geopolítica. México no se puede reinventar lejos de Estados Unidos, siempre hemos sido y seguiremos siendo su vecino del sur. Los flujos humanos, comerciales y financieros podrán disminuir a lo largo del tiempo pero nunca van a desaparecer.

¿Qué pensarían ustedes queridos lectores, o para ser menos optimista, querido lector, de una persona que en todas las pláticas lanza una, dos o más mentiras en promedio? Bueno, por supuesto, tratarían de evitarlo, pensando que se trata de un mitómano, de una persona con problemas mentales. Bueno, ¿qué podemos pensar de un líder nacional que dice que el presidente Barack Obama creó el Estado Islámico, que todos los trabajadores indocumentados de México son narcotraficantes, asesinos, ladrones y violadores, que la tasa de asesinatos en Estados Unidos es una de las más altas de los últimos 50 años (cuando es una de las más bajas desde 1960), etcétera y etcétera? Bueno, lo que seguramente pensaríamos es que se trata de un líder psicótico… de alguien peligroso y de cuidado.

Me dio tristeza ver que la marcha anti-Trump del 12 de febrero no fue lo que se esperaba, solamente participaron 20 mil personas mientras que en la marcha de la inseguridad en la misma ciudad de México participaron cerca de un millón de participantes. A muchos de nosotros nos cuesta trabajo interpretar esta falta de interés por parte de nuestros compatriotas ante el inmenso reto que representa el actual presidente de Estados Unidos.

¿Cuáles pudieron haber sido las razones de que dicha marcha fuera tan raquítica? Hablando con varios amigos parece ser que hubo descalificaciones, protagonismos y rivalidades que limitaron la participación ciudadana. Un grupo, por muy meritorias que fueran sus causas, trató de arrebatar el liderazgo proponiendo no solamente protestar contra Trump, sino también contra Peña Nieto, la corrupción y otras razones. Aparentemente, algunos políticos, entre otros Andrés Manuel López Obrador descalificaron la marcha. Las invitaciones a participar en la marcha no mencionaban que era una marcha anti-Trump. En otras palabras, querido lector, está magnífica propuesta para manifestarnos ante un enemigo en común fracasó por el síndrome del cangrejo…

“La cubeta de los cangrejos no-mexicanos se tapa porque si no, se monta uno encima de otros, hasta que llega arriba y ayuda a los otros salirse de la cubeta. La cubeta de los cangrejos mexicanos no es necesario taparla, porque si uno intenta subir, los demás lo jalan hacia abajo y ninguno alcanza a salir de la cubeta…”