México, vecino incómodo de USA de Trump

José Luis Ortiz Santillán
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Donald Trump no tiene las mismas consideraciones ni prioridades con sus vecinos. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y la cumbre de los líderes de la región parecen quedar en el pasado con Trump, para él sólo Canadá vale entre sus vecinos; México se ha convertido en el vecino incomodo que se ha apoderado de sus empresas y empleos.

La posibilidad de limar asperezas y propiciar un acercamiento entre ambos países, con una reunión frustrada el 31 de enero entre los gobiernos de Donald Trump y Enrique Peña Nieto, luego de las posturas asumidas por el nuevo presidente estadunidense frente a México, marcó el desprecio que el inquilino de la Casa Blanca tiene hacia México y su gobierno.

De poco han servido los buenos modales y el sigilo del gobierno mexicano para mantener el nivel alcanzado de las relaciones entre México y Estados Unidos (EU). Pese a la visita del canciller mexicano, Luis Videgaray, y del secretario de Economía, Idelfonso Guajardo, a Washington, para discutir con el equipo de Trump sobre los temas bilaterales existentes entre ambos países y preparar la reunión de los dos mandatarios, Trump decidió marcar su posición frente al posicionamiento de Peña Nieto respecto al muro fronterizo y el TLCAN.

El presidente Trump, sin miramientos y fuera de toda diplomacia, el 26 de enero por la mañana escribió a través de su cuenta de Twitter: “@realDonaldTrump of jobs and companies lost. If Mexico is unwilling to pay for the badly needed wall, then it would be better to cancel the upcoming meeting” (…Si México no está dispuesto a pagar el tan necesario muro, entonces sería mejor cancelar la reunión prevista), lo que puso fin al sueño americano del gobierno mexicano y a su deseo de mejorar las relaciones con el nuevo gobierno de EU, provocando la cancelación de la reunión.

El presidente Peña, quien había cancelado su participación en la V Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), efectuada en Santo Domingo, República Dominicana, del 21 al 26 de enero pasado, se quedó frustrado con la cancelación de su reunión con el presidente Trump, renunciando al respaldo que le habrían dado todos los líderes en la Cumbre, seguramente, convirtiéndolo en interlocutor por excelencia frente al gobierno de EU.

Trump ha marcado su trato diferenciado con sus vecinos. El presidente estadunidense ha expuesto las diferencias en sus prioridades en política comercial y migratoria respecto a México y Canadá, sus dos socios en el TLCAN. Mientras el 13 de febrero recibía con honores al primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, Peña Nieto debió conformarse con una llamada telefónica cuestionada por la mayoría de los mexicanos, debido a los aires intervencionistas de Donald Trump, que cuestionaron la integridad de las fuerzas armadas del país y su capacidad para luchar contra el crimen organizado.

Mientras en sus palabras hacia México y al presidente se ha denotado desprecio, Trump recibió con honores al primer ministro de Canadá y no escatimó elogios a las relaciones existentes entre ambos países, al señalar que “es un honor recibir a un amigo y a un aliado…”; en este caso no llamó a revisar el TLCAN, por el contrario, hizo referencia a fomentar un comercio recíproco y a construir puentes para ampliar el intercambio comercial actual, para proteger los empleos y mantener la seguridad mundial.

Contrariamente a sus opiniones sobre México, donde se dispone a concluir la construcción del muro iniciada en los años 90 y a renegociar el TLCAN, Trump ha dicho al primer ministro canadiense que “Estados Unidos son muy afortunados de tener un vecino como Canadá…”, precisando que “somos más fuertes cuando unimos fuerzas”.

Canadá exporta hacia EU el 75% del total de sus exportaciones, México envía cada año el 80% de ellas y sólo el 2% hacia Canadá; pero México es un socio de segunda para Washington, un vecino incomodo con el que debe coexistir geográficamente, pero indeseable. Por más esfuerzos que siga haciendo el gobierno de México para acercarse al de EU, olvidando sus raíces latinoamericanas y a sus socios naturales, los países de la Celac, difícilmente podrá agradarle a Trump, quien no cambiará sus propuestas electorales, sus planes para México y los mexicanos, pues frustraría su segundo mandato.

Trump ha puesto en marcha el enfrentamiento directo con México y su gobierno. La construcción del muro fronterizo, el cual “pagará México de alguna manera” como lo ha dicho Trump, así como la expulsión de millones de mexicanos indocumentados y el fin del TLCAN, que ha permitido a México atraer a su territorio casi todas las armadoras de autos del planeta, son una realidad y será cuestión de tiempo para ver sus efectos sobre la economía y la sociedad. Trump ha declarado la guerra a México y sería mejor que el gobierno se preparara.

Nunca hubo mejor momento para despertar del sueño americano a México y volverlo a su realidad latinoamericana, a la que pertenece y de la cual se alejaba, aceptando todo cuanto el gobierno de EU le planteaba, incluso su “Caballo de Troya” que opera en el seno del gobierno federal a través de la Iniciativa Mérida. Iniciativa que mediante donaciones ha puesto en manos de la DEA, de la CIA y de la Agencia Nacional de Seguridad, el funcionamiento diario del gobierno, a través de equipos y cámaras que operan en oficinas de la Procuraduría General de la República y de Gobernación, de helicópteros y aviones dotados de cámaras, de medios de transmisión de información. Sin mencionar, los agentes de la CIA que encubiertos como contratistas se pasean dentro de las secretarías del gobierno federal. Por lo que este es el momento de poner fin a esa cooperación y desmontar las salas de espionaje instaladas en las instituciones del gobierno, de recuperar el nacionalismo perdido y la soberanía.

El gobierno de nuestro país debería entender que sus fortalezas siempre han estado en América Latina y el Caribe, que la independencia de su política exterior en el pasado le dio prestigio y respeto, y que ha llegado el momento de construir un sólido bloque latinoamericano para enfrentar las amenazas que se desprendan del gobierno de Donald Trump, durante los próximos ocho años en que seguramente ocupara la Casa Blanca. Latinoamérica no necesita de España como interlocutor frente a Trump, México debe ganarse el derecho a serlo.