Venezuela: Llenar el vacío legislativo

Eleazar Díaz Rangel / Los domingos de Díaz Rangel / Últimas Noticias
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El presidente Maduro, en su discurso en el inicio del año judicial el martes, pronunció una frase que no sé cómo la habrán entendido quienes de ustedes la leyeron o escucharon: “Ustedes (magistrados) cuentan conmigo, porque no me temblará el pulso para cumplir y hacer cumplir todo lo que ustedes tengan que hacer y decidir para restablecer el Estado de derecho constitucional y restablecerle al pueblo venezolano el Poder Legislativo al cual tiene derecho”.

Allí se percibe una petición a los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia para resolver un complejo problema del Estado venezolano: el vacío del Poder Legislativo. Como se sabe, la AN está declarada en desacato, su directiva ilegítima y hasta ahora algunas de sus funciones han sido asumidas por el TSJ.

Históricamente, no sé de una situación similar que hubiera ocurrido en Venezuela. Hemos tenido otros vacíos legislativos. Por ejemplo, en 1945, la llamada “revolución de octubre” disuelve el Congreso hasta la instalación en 1947 de la Asamblea Constituyente. Otra situación parecida ocurrió en 1948 con otro golpe de Estado que acaba con el Congreso, y fue en 1952 cuando se llenó ese vacío. Pero como observarán, se trata de casos distintos, originados en golpes de Estado. Ahora es distinto, pues se trata de una severa irregularidad dentro de un Estado de derecho.

Una situación de orfandad como esta de ahora no debe continuar indefinidamente; afectará la imagen de Venezuela en el exterior y permite el funcionamiento irregular, anormal, del Estado venezolano. ¿Cuál puede ser la decisión del TSJ ante la petición presidencial de “rescatar la Asamblea Nacional para el pueblo”? Nada fácil encontrar una respuesta. Y más aún suponer cuál puede ser esa decisión del TSJ que el presidente Maduro espera y que permita restablecer al pueblo venezolano la AN.

Lo ideal sería lograr un acuerdo de las tres partes (AN, TSJ y Ejecutivo), que como ustedes comprenderán no es nada fácil si sabemos que la primera obstrucción está en el seno de la oposición, que tiene divergencias graves que dificultan cualquier acuerdo entre ellos y asumir una posición única, negociadora, de búsqueda de acuerdos. Circunstancias estas que no pueden bloquear ese camino, que requiere voluntad de dialogar. Es posible que opositores como Manuel Rosales y Henri Falcón puedan contribuir como factores promotores de esos inalcanzables acuerdos.

            ¿Cuál puede ser la otra salida si ésta se cerrara? Se me ocurre que podría ser la convocatoria a unas elecciones de diputados de la Asamblea Nacional que llene el vacío del Poder Legislativo. Una AN electa en esas condiciones rescataría su legitimidad y tendríamos Estado de derecho en plenitud, con los cinco poderes constitucionales. Esa salida también exige el visto bueno de la oposición, que no debería encontrar mayores dificultades dado su expresado y reiterado interés en exigir elecciones generales con la convicción de controlar la mayoría. Arriésguense.

Ojo con esas “fiestas”

Comprendo por la gravedad de los hechos, seguramente planificados oportunamente y vinculados a los más extremistas de la oposición, que éstos sean llevados al Comando Antigolpe y a la Fiscalía General. Se entiende igualmente que los servicios de inteligencia, militares y policiales, estén vigilantes para garantizar la estabilidad del gobierno y la seguridad de los ciudadanos.

Pero es oportuno que miren con atención lo que está ocurriendo con unas supuestas “fiestas” sobre las cuales publicamos el martes un reportaje. Ocurre que cuanto se dice y denuncia allí se queda corto ante los testimonios que escuchamos del Consejo de Lectores reunido ese día, el cual dio cuenta no solo de su expansión por varios sectores de Caracas. Lo que nos pareció más grave es la vinculación del narcotráfico con esas actividades y el control que elementos colombianos tienen de ellas. Si la situación como se percibe hoy es de alguna gravedad que merece la atención policial, pueden imaginarse lo que puede ocurrir con su extensión a mayor número de barriadas no solo de Caracas, sino también de ciudades del interior, si es que esa situación ya no comienza a observarse.

La reunión de Delcy Rodríguez (MRE) y del ministro Martínez con gobernantes iraníes debió tener varias lecturas. No será la misma que hagan en Teherán, poquito después del anuncio por Estados Unidos de ser un Estado terrorista, en Washington, que pudieron verla como un gesto solidario con uno de sus enemigos. En Riad se trata de cumplir el mandato de la OPEP, que designó a tres países, entre ellos Venezuela, para hacerle seguimiento a la reducción del bombeo de petróleo acordada en noviembre. Así es la diplomacia.

No creo que haya sido un fracaso, pero no alcanzó sus objetivos la reunión convocada por el CNE con los partidos minoritarios. Unos, los de la oposición, discrepan o no entendieron las normas que les anunciaron para su validación. Otros, progobierno, lo consideran exageradamente limitante para cumplir los requisitos exigidos. Me aseguran que en Caracas cada partido debería validar aproximadamente ocho mil militantes. Eso implica que en el tiempo estipulado (14 horas) tendrían que hacer el registro de 571 personas por hora, lo que exigiría procesar 9.5 personas por minuto.

Desde lejos, parece evidente que se trata de condiciones rígidas para recoger las firmas en tan poco tiempo. No creo que el interés del CNE sea de obstruir la participación electoral, pero si unos y otros están en desacuerdo, es para pensarlo.

Silencio ha sido la reacción ante la grave denuncia del líder sindical nacional Wills Rangel, según la cual miembros de la anterior directiva de Pdvsa estaban infiltrados y financiaban a la oposición.

 

 

La declaración de la Celac refleja a la región

Eleazar Díaz Rangel  / Los domingos de Díaz Rangel / Ultimas Noticias
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Cuando se escriba la historia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), cuya V Cumbre acaba de celebrarse en Santo Domingo, se conocerán los esfuerzos que hizo el presidente Hugo Chávez para persuadir a los gobiernos de México, Colombia, Perú, Costa Rica, Chile, de su histórica necesidad y de que no sería un organismo al servicio de las políticas de los países más avanzados de la época, como la propia Venezuela, Brasil y Argentina, y menos aún de Cuba.

Los avances que se habían producido en la región, que el presidente Correa llamó cambios de época, habían significado líneas independientes frente a las políticas de Washington y que incorporaban a los excluidos al desarrollo social, estimulaban el crecimiento de movimientos progresistas que suponían próximas victorias electorales. Algunas votaciones en la Organización de los Estados Americanos, incómodas para Estados Unidos, mostraban tales cambios. Situaciones como éstas no podían ser soportadas por la Casa Blanca ni por la derecha de la región, y estuvieron en capacidad de debilitarlo sensiblemente con la segregación de Brasil y Argentina, que significó un cambio en la OEA, y el debilitamiento de la Celac y la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas).

Pero los avances habían sido de tal naturaleza institucionalmente, que pudieron resistir al interior de esas organizaciones, como acaba de observarse en Santo Domingo, República Dominicana.

Es cierto, asistió menos de la mitad de los jefes de Estado, varios de los mismos países cuyos gobiernos ofrecieron resistencia en la hora de su fundación, aunque no pudieron aislarse, ahora estuvieron ausentes, como reflejo de los cambios habidos.

En todo caso, esta Cumbre declaró “seguir avanzando en la Unidad dentro de la Diversidad (que dejó Cristina Fernández) y en la integración latinoamericana y caribeña…”, y estar “…conscientes de que la Celac es el mecanismo de concentración, unidad y diálogo político de la totalidad… de sus países integrantes, y ratificó este espacio como un ámbito para la promoción de los intereses comunes de nuestros pueblos”.

Son principios, es verdad, como otros que igualmente fueron reiterados, pero fundamentales para sus 33 países.

Aunque se pusieron de acuerdo en muchas cuestiones importantes, no hubo consenso para alguna referencia al nuevo gobierno de Estados Unidos y sus relaciones con la región, salvo para reiterar su demanda de suspensión del bloqueo a Cuba, y la devolución a Cuba del territorio de Guantánamo, donde EU tiene instalada una base naval, “que debe ser un elemento relevante del proceso de normalización de relaciones entre ambos países, mediante el diálogo bilateral…”

Fue difícil el acuerdo en el caso del decreto de Obama declarando a Venezuela una “extraordinaria amenaza a su seguridad y a su política exterior”, de marzo de 2015; apenas convinieron en que ese decreto “debe ser revertido”. Así, sin ningún calificativo ni recordar que el gobierno y el pueblo venezolano (con sus millones de firmas) han demandado su revocatoria. “Es todo lo que se podía sacar”, me dijo un embajador. Me dirán que tampoco hubo referencia al “muro de México”, pero es de suponer que el propio representante de ese país prefirió ese silencio.

Como se lea, la Declaración Política de la V Cumbre de Celac refleja la nueva composición política de la región.

Mientras Samper, el secretario Ejecutivo de la Unasur, opina que los países de la región deben enfrentar unidos la nueva política de EU hacia América Latina, y El Salvador asume la presidencia temporal de la Celac, el canciller salvadoreño declaró que esas relaciones deben ser asumidas por cada país individualmente.