Charlie Hebdo: ¿Libertad de expresión o de comercio?

Eduardo Macías Martínez / Agencia Reportaje
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Mucha tinta ha corrido en diarios y revistas y gran parte de su tiempo han empleado radio, televisión e internet por la masacre del semanario Charlie Hebdo.En México, hasta parece consigna el “análisis” de ese horror casi siempre reducido al calificativo barato con dos simplezas: fue terrorismo (sin contexto) o violación acrítica a la sagrada “libertad de expresión”.

¿De veras? ¿Sólo eso hay detrás del atentado? Para quienes no siguen al coro de loros, la masacre es apenas la punta del iceberg de la crisis de la política interna francesa (su presidente estaba en la lona y ahora es héroe nacional) y una puntual reconfiguración de la aldea global con los temas de los hidrocarburos y las migraciones por delante ¡uuff!

Y cuando se cuestiona a los “analistas” su simpleza se ponen muy de malas, les molesta que perturben su pensar, pues no aceptan que alguien ponga en duda su acrítico fundamentalismo occidental con el que pretenden “combatir” otros fundamentalismos que fueron, desde su sesuda opinión, la causa de la masacre.

Es decir, a los molinos de viento musulmanes los combaten con las armas de la mitología mayor del mercado, pues uno de esos mitos es la libertad de expresión, eufemismo que encubre la libertad de comercio que es, junto con los derechos humanos, potestad de los poderosos y no de los pueblos. Pruebas hay por miles.

Así, la libertad de expresión en abstracto, convertida en agraciada Dulcinea, hace que los modernos Hidalgos se desgarran las vestiduras en defensa de la amada, y por eso omiten que el semanario Charlie Hebdose cansó de burlarse del Dios ajeno y hacer de las chistosadas buen negocio.

Incluso hoy, cuando los muertos de ambos bandos todavía están frescos, el semanario francés anuncia un tiraje de 5 millones de ejemplares ¿para seguir burlándose de Mahoma? Que no se quejen. ¿Se vale acaso atacar símbolos profundos ajenos y luego hacerse las víctimas?

¿Qué pasaría si una publicación mexicana viste como teibolera una imagen de la Virgen de Guadalupe y además se mofa de esa creencia religiosa? La reacción de la grey sería mayúscula y no faltaría quienes llegaran incluso a la agresión física contra los que, más allá de ejercer su libertad de expresión, exhibirían una supina estupidez.

Historias de conflictos adobados de religiosos, los mexicanos tenemos a pasto. Los mayores son la propia Independencia y la Guerra Cristera. En menor escala hay miles. Ejemplo: un artista plástico pintó una imagen de la guadalupana en minifalda para exponerla en el Museo de Arte Moderno. Los católicos indignados casi lo linchan. Dicha expo tuvo que ser suspendida.

A comienzo del 2000, en Guadalajara se vivió el incidente conocido como La Patrona donde dos jóvenes católicos destruyeron dibujos de un certamen artístico porque a su parecer atentaban contra sus creencias.

El 14 de septiembre de 1968, en San Miguel Canoa, Puebla, cinco estudiantes azuzados por el párroco del lugar fueron linchados. Estaba en su apogeo la represión estudiantil. El argumento fue que eran comunistas y querían acabar con el culto religioso. Ese hecho llegó al cine en 1975.

Se los cargó el payaso

Sin embargo, en las hemerotecas hay muy poco análisis de los sucesos nacionales comparado con los textos “indignados” por lo ocurrido en Francia. Aquí, pocos buscaron las razones profundas de los crímenes amparados en el pretexto de Dios. Allá al menos hubo llamados de “bájenle” de un grupo al otro. Y como sobre advertencia no hay engaño… ¡se los cargó el payaso!

Sí, el revire fue de espanto. Un absurdo se combatió con algo mucho peor. Corrió mucha sangre pero ambos grupos son culpables. Así, la masacre no se justifica pero se entiende. Ambos grupos son víctimas de sí mismos. No obstante, en todo esto falta algo sustantivo: la explicación básica de ¿a quién beneficia el crimen? Pues allí se localizan las razones que lo animaron.

Y en ese costal de diversos beneficiarios está lo mismo la extrema derecha francesa que el presidente François Hollande y se localizan asimismo las razones políticas, económicas (hidrocarburos), geopolíticas, demográficas, migratorias, etcétera y muy al final las religiosas que encubren la masacre.

Obvio, los musulmanes serán los grandes perdedores aunque sólo una facción de los suyos esté detrás del atentado. Para todos se avecina la persecución. Les dieron a ganar una batalla para que pierdan la guerra. Así operan los imperios. El terrorismo es parte de su estrategia. Mil 500 millones de musulmanes hacen sentir amenazada a Europa que tiene apenas poco más de 600 millones de habitantes.

Naom Chomsky, quizá el intelectual vivo más importante del mundo, señaló al gobierno de Estados Unidos como el principal terrorista del planeta. Sí, se refiere al mismo quien se dice protector de derechos humanos y adalid de la libertad de expresión, la misma que defienden los analistas de oropel.

Por supuesto, el mundo le debe mucho a Francia. Nadie lo pone en duda. La propia independencia de México no se entiende sin la Ilustración que nutrió el pensamiento de Hidalgo, Morelos y demás próceres, pero también su ejército invadió a la naciente república. Cruel dialéctica.

Entonces, el mínimo de rigor que reclama el análisis de hechos como el del Charlie Hebdo consiste en colocar a los actores en su justa dimensión. Y allí se encuentran un choque de culturas, visiones de vida y derechos enfrentados. Hay una batalla sorda entre liberales y conservadores de siempre, a la que se suman progresistas y radicales, cada uno con sus intolerancias, cada cual con sus justificaciones.

Al escritor, filósofo y pensador francés François Marie Arouet, mejor conocido como Voltaire, se le atribuye la frase: “Estoy en completo desacuerdo con sus ideas, pero daría mi vida por defenderlas”. Eso suena muy romántico. Benito Juárez fue más preciso: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Y eso fue lo que no hizo el semanario francés y en el pecado llevó la penitencia… para beneficio de otros.