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Abatir el rezago educativo

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Abatir el rezago educativo

 

Rodolfo Echeverría Ruiz / El Universal

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Hace días el editorial de El Universal decía: “Se mantiene de manera preocupante el rezago en materia de educación en México”. Consideraba: “Un sinnúmero de metas en este rubro, trazadas por el presidente Calderón, han quedado incumplidas”. Añadía: “Es indispensable efectuar una profunda reflexión al respecto”. Concluía: “Si no se llevan al cabo políticas públicas efectivas de mediano y de largo plazo en materia educativa se pone en serio riesgo el futuro de la nación.”

En el combate al analfabetismo hemos avanzado. Es formidable el tamaño de nuestro sistema de educación pública para niños y jóvenes. Ha disminuido el porcentaje de analfabetos de manera drástica: en 1900 había 77.7%. En 1950,  43.2%. Y en 2010, 6.9%.

Sin embargo, la población ha crecido y el número absoluto de analfabetos  permaneció constante durante todo el siglo XX.

Los teóricos y los expertos denominan rezago educativo al grupo de mexicanos y de mexicanas mayores de 15 años que, merced a muy diversas causas, no concluyeron la educación básica. Hay avances, no obstante: en 1970 ascendían a 87%. Hoy constituyen 41%. Son parte de la población más pobre. Se quedaron atrás. Entre ellos podríamos contar a casi la totalidad de los integrantes de las 56 culturas indígenas mexicanas.

Si leer y escribir –por lo menos leer y escribir– es derecho humano reconocido a escala universal, es inaceptable que más de 5 millones de analfabetos no tengan ese derecho en México.

Salvo excepciones notables, el analfabeto carece de aptitudes mínimas y de capacitación básica para desempeñar un trabajo digno y estable, productivo y bien remunerado. Por lo tanto, o no produce o produce poco y con baja calidad. El analfabeto es, por lo general, un desempleado sin capacidad de compra, consume poco y vive una existencia trágica, aislada, desolada.

En 1981 se alcanzó eso que podríamos llamar cobertura total en  primaria: 98%. Ésta se redujo un poco y, en la actualidad, se atiende 95% de niños cuyas edades oscilan entre seis y 12 años. La secundaria absorbe algo más de 90% de los egresados de primaria. Si lográramos incrementar la eficiencia terminal en la secundaria reduciríamos el número de mexicanos que, al cumplir 15 años, engruesan las filas del rezago. Reconozcámoslo con dolor: el perjuicio ya está hecho. ¿Cuántas generaciones se han perdido ya merced a nuestros rezagos en educación?

Pobreza mayoritaria y desigualdad social, rezago educativo y dispersión demográfica –calamidades articuladas entre sí– imposibilitan el desarrollo nacional y cancelan el futuro de muchas generaciones de mexicanos.

Hablemos en torno de este tema con serenidad, distantes de  exageraciones o tremendismos. Se trata de un problema nacional grave, muy grave, relacionado de modo directo con los muchos otros asuntos inherentes al desarrollo humano de México y a las verdaderas posibilidades de futuro del país.

El INEA fue fundado hace 30 años. Ha sido reconocido por la UNESCO merced a su eficaz trabajo entre la población indígena bilingüe: 42 etnias en 17 estados del país. Desempeña un papel esencial en el camino de la reducción del rezago educativo. No podemos aceptar que la batalla está perdida.

En el año 2000 el rezago era de 33 millones de mexicanos. En 2010 lo constituían 32 millones.  La disminución real fue  de sólo 1 millón de personas. Los resultados son a todas luces insuficientes.

La baja calidad en la educación –las pruebas nacionales e internacionales así lo demuestran–, aunada a la deserción escolar, constituyen una catástrofe de proporciones inimaginables por sus efectos sociales y económicos. La calidad de la educación y el rezago educativo son dos temas que deben discutirse y acometerse con inaplazable urgencia.

Nuestra meta principal en la materia debería consistir en llegar, por lo menos, a 12 años como promedio de escolaridad: todo estudiante tendría la posibilidad de concluir su educación media superior. Para alcanzar semejante objetivo debe darse mayor flexibilidad a los estudios y ofrecer sistemas abiertos y a distancia. Con ello se incrementaría la población asistida y se elevaría la llamada eficiencia terminal del educando.

El rezago educativo es uno de los más trágicos problemas mexicanos. Repercute e influye en todos los aspectos de la vida nacional: economía y política, democracia, empleo y seguridad.

En la OCDE se considera al nivel medio superior como meta deseable en todo país dotado de verdaderas posibilidades de desarrollo. Nosotros sólo llegamos al segundo de secundaria. Ese es nuestro promedio.

La política social debe situarse en el centro mismo del gobierno y no puede subordinarse tecnocráticamente a la política económica. Y esa política social trasciende el limitado ámbito de la Secretaria de Desarrollo Social.  La verdadera política social se extiende a todo lo ancho y largo del gobierno y del país.

La educación es parte esencial del desarrollo y del crecimiento económico, del empleo y de la calidad de vida. La educación está en el centro de todo. La educación es, en suma, la democracia.