Terror en Los Pinos

Jorge Meléndez Preciado
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.     @jamelendez44 

Según una batería de encuestas que lleva a cabo regularmente la Presidencia de la República, Morena y Andrés Manuel López Obrador van a la cabeza en las preferencias en  la carrera rumbo al 2018. Algo que ya se esperaba, pero que llega de manera muy anticipada, lo cual tiene sus pros y contras.

Ahora se entiende por qué hay una embestida no sólo contra el tabasqueño sino incluso a la agrupación que es la más joven en el país. Hay que utilizar todos los medios y métodos recordar las elecciones en el estado de México donde el INE resultó complaciente al manejo de campañas sucias y fraudes tradicionales y cibernéticos, para darnos cuenta que la guerra sucia apenas comienza y será terrible en los próximos meses, ya que las campañas  del próximo año arrancan en septiembre.

¿Qué dicen los números?

Morena tiene 19.37 por ciento  de aceptación, seguido por el PAN con 19.13; PRI con 14.96,  y PRD, 7.57. Los demás, obviamente, están al fondo, aunque los independientes cuentan con algunas importantes simpatías (Sin Embargo y La Jornada, 28 de julio).

Entre los candidatos, López Obrador registra alrededor de 30 por ciento, en tanto los panistas están entre 21 y 26; priistas de 15 a 19. Entre estos últimos, quien acapara más la atención es José Narro, el exrector  de la UNAM, hoy en la Secretaría de Salud. Sabemos que éste será la última carta de Peña Nieto, aunque ninguno de los que él promociona, empezando por Aurelio Nuño, tienen mayor estimación entre los ciudadanos.

El panorama, entonces, es realmente catastrófico para el PRI, máxime que Enrique tiene el 80 por ciento de negativos a su gestión.

            Si a ello le agregamos que el impuesto en el tricolor por Peña Nieto, Enrique Ochoa, ganó una de tres gubernaturas (el estado de México), y eso a la mala, veremos que la XXII Asamblea del antiguo partidazo será una auténtica olla exprés, o quizá más trágico que el Paso Exprés a Cuernavaca.

 

Golpes efectistas y aumento de la violencia

Jorge Meléndez Preciado
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Mucho se discute si el grupo que encabezaba Felipe de Jesús Pérez Luna, apodado El Ojos, es un cártel o una banda delictiva amplia y muy bien articulada. Pero mientras eso vemos en los medios nacionales, en los internacionales se informa que la violencia grande ha llegado a la Ciudad de México (Los Ángeles Times y The New York Times), algo que nunca había ocurrido. No sería raro que próximamente en Estados Unidos empiecen a decir que es un peligro viajar a esta capital, en tanto Miguel Ángel Mancera continúe sus recorridos a nombre de la Conago, regalando patrullas a otras entidades y cabalgando.

Para el senador Alejandro Encinas (El Universal, 25 de julio), la Secretaría de Seguridad Pública entró 30 minutos después en operación, luego de los marinos, por lo que pide explicaciones. Y ya sabemos que ese cuerpo de élite azul  no deja heridos, por eso ocho personas aparecieron sin vida, eso sí, con armas a sus lados, las cuales jamás dispararon.

En otro campo, el especialista en redes sociales, Alonso Cedeño (El Universal, ídem), anota  que el gobierno de esta capital no informó del operativo en Tláhuac, aunque sí lo hicieron una buena cantidad de ciudadanos: el 50 por ciento de las menciones de esos tuiteadores y videastas fue de censura a Mancera, lo cual le traerá graves problemas al gobernante antes de que pida licencia para irse a su campaña.

Por cierto, una multitud fue a despedir al famoso Ojos. Le lanzaron porras, hurras y entonaron su corrido que le escribió Javier Pérez, y el cual ha sido reproducido ampliamente en las diferentes computadoras. Estamos ante un caso que necesita un análisis mayor y no la simpleza de los artículos de los voceros oficiales, ya que como apunta Roberto Zamarripa (Reforma, 24 de junio), el delincuente apoyaba más a la población que el delegado Rigoberto Santiago. Y Morena tiene en este caso un nuevo problema que debe abordar correctamente, en lugar de poner oídos sordos al asunto.

En el cementerio de San Lorenzo Tezonco, detuvieron a siete individuos que iban armados. Al otro día, fueron tres los aprehendidos que viajaban en un vehículo de lujo y portaban armas y droga. Y hay un dispositivo policial de mil elementos en la delegación, lo cual habla del clima que se continúa viviendo.

Pero también encontramos una situación terrible en el país, ya que lejos de ir a la baja los delitos violentos, cada mes aumentan.

Según la organización Semáforo Delictivo en el primer semestre de 2017 hubo 8 mil 791 ejecuciones. De ellas el 62 por ciento estuvieron ligadas al crimen organizado. En 2016 habían sido únicamente 5 mil 413 los abatidos.

Marzo de este año fue el más sangriento, con mil 651 abatidos. El 72 por ciento de los homicidios dolosos fueron ejecutados por el crimen organizado.

13 entidades están por encima de la media nacional. Pero de ellos: Guanajuato, Veracruz, Michoacán, Baja California, Nayarit y Colima tienen 80 por ciento de homicidios dolosos, los cuales son ejecutados por las mafias.

¿A qué se debe este aumento de delitos llamados de alto impacto? Según el Semáforo al “colapso de la autoridad, a la guerra de los capos y a la atomización de los grupos delictivos”.

Obviamente el comercio de drogas prohibidas trae dicha espiral delincuencial. Ante la cual las autoridades dan pasitos cortos para hacer legal sustancias que ya están libres en otros países, por ejemplo, la mariguana en muchos estados de USA y en Uruguay. Algo que debemos tomar en cuenta para no seguir haciéndole el trabajo sucio al muy repudiado Donald Trump.

Dos cifras más: la extorsión subió 26 por ciento y el robo a negocios 40 por ciento.

Es claro que se puede detener a capos, liquidar a cabecillas poniéndole a su banda el título que se quiera, realizar acciones espectaculares y generalmente  sin guardar los protocolos de derechos humanos y hasta insistir, torpemente, que una ley como la de seguridad interior, hoy detenida en el Legislativo, se puede encontrar una solución a la violencia, pero si no se planean las cosas junto con los ciudadanos, la batalla se perderá.

Hace poco Enrique Peña Nieto fue a dos lugares a inaugurar obras, algo que le gusta. No pudo hacerlo en Puebla ya que se lo impidieron los pobladores por reclamos varios. A Baja California incluso prescindió del lastre en que se ha convertido Gerardo Ruiz Esparza, todavía al frente de la SCT; tampoco logró su propósito ya que campesinos se inconformaron porque el agua de los poblados se quiere utilizar para una cervecera.

            Violencia cotidiana y protestas en todos lados.