Singularidad inminente y futuro incierto: Cómo prepararse 

Luis Gutiérrez Poucel
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Mantengo contacto con varios de mis compañeros de primaria y secundaria de los años 50 del Colegio Williams, juntándonos a comer una vez al mes y manteniéndonos en comunicación a través de correos electrónicos y WhatsApp. Recientemente uno de ellos reenvió un mensaje en donde mencionaba las tendencias de la tecnología y de cómo iba a ser el futuro en las próximas décadas. Por supuesto, muchos de nosotros lo leímos con interés, pues varios pensamos en los adelantos médicos que podrían aliviar varias de nuestras dolencias que se multiplican conforme envejecemos, y también, por qué no decirlo, que podrían alargar nuestra vida con buena salud… Así es mi querido lector, también se sueña a los 70-y-tantos-años de edad.

Nuestra concepción del mundo ha venido cambiando desde la Primera Guerra Mundial hasta nuestros días. La primera gran revolución tecnológica tuvo que ver con la energía, lo que podríamos llamar la era del carbón, fuente que alimentó los ferrocarriles y potenció la Primera Guerra Mundial. La segunda gran revolución tecnológica tuvo que ver, en buena parte, con el cambio del carbón a los hidrocarburos, fuente que permitió la aviación, potenció la Segunda Guerra Mundial e hizo posible la llegada a la luna. La tercera gran revolución tecnológica del siglo XX fue el cambio de la energía como el principal motor del progreso a los datos e informática como el cuarto de máquinas de la sociedad post-industrial.

Ahora estamos viviendo un mundo muy diferente a los emanados de la Primera y Segunda Guerra Mundial. En efecto, las producciones industrial, agropecuaria y minera eran las actividades que generaban el progreso y la riqueza durante la mayor parte del siglo XX. Sin embargo, desde los 90 hasta la fecha, las actividades dedicadas al manejo de los datos e información mediante sistemas inteligentes han ido creciendo en importancia al punto de que, hoy en día, son más valiosas que las propias empresas productivas.

Empresas que no crean bienes, sino que tan solo permiten al consumidor obtener el bien o servicio de la manera más fácil, rápida y económica son más importantes que las industrias productivas. La compañía General Motors emplea a 200 mil trabajadores y está valuada en 50 mil millones de dólares, mientras que Uber –quien no tiene ni produce vehículos– emplea a menos de 7 mil trabajadores y está valuada en 60 mil millones de dólares. La cadena de hoteles Marriott da empleo a 300 mil trabajadores y está valuada en 30 mil millones de dólares, mientras que la empresa Airbnb –que no tiene ni un solo hotel– emplea a 2 mil trabajadores, pero tiene la misma valuación de 30 mil millones de dólares. ¿Cómo puede ser eso?

Por otro lado, la contribución del sector financiero al producto interno bruto ha ido creciendo al punto de rebasar la contribución del sector productivo, lo que indica que algo marcha mal en la economía. El sector financiero no produce nada real, sino tan sólo refleja el valor de la producción de la economía… el valor de los medios financieros tiene que reflejar el valor real de la producción, no rebasarlo. A partir de la desregulación en Estados Unidos se crearon nuevos instrumentos que, en lugar de añadir valor, inflaban la burbuja de los instrumentos ya existentes; en otras palabras, los especuladores financieros crearon situaciones ficticias sin respaldo en la producción real, ganando millonadas en el proceso. 

Los grandes capitales y la gente más rica no están a asociados a capitanes de industria ni a las actividades productivas, sino están asociados a las actividades especulativas y con aquellos que especulan con el esfuerzo, ideas y trabajo de los demás. Los hombres más ricos del planeta no son los que trabajan más y crean, sino aquellos que se mantienen al margen especulando con el dinero ajeno; o sea, podríamos calificar a muchos de los ricos del siglo XXI como parásitos del sistema. Esa gente improductiva, especialmente en el sector financiero –que se dedica a especular con el esfuerzo ajeno– son los que han creado las últimas crisis hipotecarias y bancarias.

En las últimas tres décadas la participación en el PIB de los ingresos y salarios de los trabajadores ha venido declinando, mientras que el porcentaje de las ganancias de las empresas en el PIB ha venido aumentando. Asimismo, la participación de los ingresos de la mano de obra menos calificada en el total de los ingresos al trabajo ha venido decreciendo a favor de los trabajadores más calificados. La clase media ha venido disminuyendo gradualmente, mientras que la clase de menores ingresos ha ido en aumento.

Las tendencias de las últimas tres décadas van hacia pagar cada vez mejor las actividades inteligentes, aquellas intensivas en capital humano (sistemas automatizados y robotizados), y a los trabajadores altamente preparados. Estas actividades cada vez emplean menos mano de obra, en especial a los trabajadores de baja calificación, y están asociadas a los cambios tecnológicos en la organización de la producción, el transporte, la distribución y el consumo de los bienes y servicios que la economía produce. Estos cambios tecnológicos que se han venido acelerando apuntan hacia una gran y singular transformación a partir de la cual el mundo y nuestra vida serán totalmente diferentes.

Aun cuando es difícil explicar la evolución de las grandes transformaciones en la sociedad humana, parece ser que éstas ocurren en el tiempo con un patrón predecible; en efecto, cada gran cambio parece producirse en un intervalo cada vez menor, casi a la mitad del intervalo anterior.

1. Hace 40,000 años los humanos modernos salieron de África a colonizar el planeta;

2. Hace 20,000 años se inventó el arco y la flecha, revolucionando la cacería y extendiendo la esperanza de vida;

3. Hace 10,000 años se creó la agricultura, permitiendo los primeros asentamientos y sembrando los principios de la civilización;

4. Hace 5,000 años se inventó la escritura, surgiendo las primeras civilizaciones sofisticadas como las de Egipto y Sumeria;

5. Hace 2,500 años se desarrolla la Era Axial, considerada por muchos la línea divisoria más profunda de la historia, donde los chinos crean las primeras herramientas del cálculo moderno, en la India se concibe el concepto del cero, los griegos inventan la democracia y asientan las bases del arte, la ciencia y la filosofía occidental;

6. Hace 1,250 años cae el imperio romano y se inicia la edad medieval;

7. Hace 625 años se inicia el renacimiento, Colón descubre América, España y Portugal acuerdan repartirse el mundo;

8. A finales del siglo XVIII se inicia la revolución industrial y en el siglo XX se presentan las dos guerras mundiales;

9. Así llegamos a los principios del siglo XXI con la creación de las computadoras personales y la red global, en donde la edad de la información, era digital o informática es la que cada vez más marca el rumbo del progreso humano.

¿Cuál será la siguiente transformación histórica? Este cambio se estima está cercano, pensando que podría producirse alrededor del año 2030… Los futurólogos consideran a este gran cambio por venir como uno de los más importantes de nuestra historia, un evento en lo que todo convergerá, creándose algo nuevo y radical… a ésta singularidad se le ha denominado el Punto Omega, algo increíble y totalmente diferente a lo que existía hasta ese momento.

La fuente de esta gran transformación está asociada a la inteligencia artificial, lo que algunos consideran tan importante como el momento mismo de la creación de la vida humana; esto es, la creación de una tecnología más inteligente que el ser humano, una tecnología capaz de auto reproducirse… Momento en el cual –algunos pensadores temen– el ser humano pierde la carrera de la evolución, dejando de ser el ser supremo sobre la faz de la Tierra.

Sin embargo, hablar de lo que va a ser el mundo después de la singularidad es una paradoja, pues solamente sabemos que se va a presentar, pero no sabemos cómo va a ser. Se llama singularidad precisamente porque la sociedad cambia tanto sus reglas, conductas y tecnologías que resultan incomprensibles para las generaciones previas. La singularidad es un punto de no regreso en la historia, es algo así cómo aparecería el internet para un hombre de la edad media, difícilmente lo entendería; los marcos de referencia son tan diferentes que sería imposible explicarle lo que el internet significa para el comercio, la comunicación y el acceso a la información. La singularidad es como un enorme muro que separa tiempos y modos de pensar y actuar totalmente diferentes, algo así como el muro que separa a la edad media del siglo XXI.

¿Qué es lo que este gran cambio significa para nosotros hoy en día? Probablemente la lección más importante es que el trabajo manual, no calificado cada vez valdrá menos. Las principales y más redituables actividades humanas estarán relacionadas con trabajos creativos e intelectuales. Lo mejor que podemos hacer como padres y abuelos es estimular y presionar a nuestros hijos y nietos para que estudien y sean creativos.

La historia muestra una constante: La evolución del conocimiento no da señales de detenerse, sino continúa acelerándose. Así es que la conclusión de este breve ensayo es ¡A prepararse señoras y señores, chiquillas y chiquillos! La recomendación para mis compañeros de la cuarta juventud es que sigamos el consejo de René Descartes “con gusto daría la mitad de lo que sé por la mitad de lo que ignoro.”