Instantánea del sentir de los periodistas

José Sobrevilla
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“¡Impensable que en Alemania sean agredidos los periodistas tanto como acá!”, dice Ana W. Jacoby coordinadora del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter que el 3 de julio lanzó su convocatoria 2017 con el tema “El Estado de derecho y la libertad de expresión en México”. Resulta inaceptable, indignante, inmoral dice la joven doctora “que se sigan matando periodistas”, esto después que se anunciara que fue encontrado calcinado el cuerpo del periodista Salvador Adame Pardo, el crítico de Tierra Caliente del Canal 6 de televisión, desaparecido días atrás, el 19 de mayo.

Es un hecho. Los estudios dicen que la mayoría de las agresiones que reciben los periodistas vienen de las autoridades, de los funcionarios y poco es el porcentaje atribuido al narcotráfico; pero como ambos navegan muy cerca terminan por confundirse y, en el sentir popular, queda registrado que es el crimen organizado quien agrede a los comunicadores.

La realidad es ya un lugar común: “El ejercicio de la libertad de expresión en México, enfrenta uno de los momentos más críticos y complejos de los últimos años” (CNDH, 2016). “México se encuentra en el estatus de país ‘no libre’ en libertad de prensa” (Freedom House, 2016); “La mayoría de los crímenes contra periodistas en México permanecen impunes” (Reporteros Sin Fronteras, 2016); “Las entidades con mayor agresión a periodistas en México son: 1º Ciudad de México; 2º Veracruz, 3º Oaxaca; 4º Guerrero, y 5º Quintana Roo” (Artículo 19, 2016).

Hoy por hoy, se desprende de la encuesta “Libertad de expresión y ejercicio del periodismo en México”, realizada por Parametría (2016), que los periodistas encuentran un obstáculo en el uso de la herramienta de acceso a la información pública; que hay una percepción mayoritariamente negativa acerca de la pluralidad de los medios de comunicación. Por si fuera poco, existe una alta tasa de percepción de censura al interior de los medios, y más de la mitad de los encuestados han sufrido algún tipo de agresión. En caso de amenazas, los periodistas prefieren solicitar ayuda a su círculo más cercano que a las instituciones gubernamentales de protección a los derechos humanos.

En conclusión, la percepción es que las instituciones no están siendo realmente efectivas y hay un margen entre leyes, instituciones y la práctica; igualmente que los periodistas restringen sus contenidos y temas para evitar presiones, y que el formato de publicidad oficial sí influye en la decisión editorial de los medios. 

Esta encuesta recientemente dada a conocer por Parametría, de Francisco Abundis, fue realizada con reporteros, columnistas, editores, directores y fotorreporteros de diversos medios del país y se aplicó a 56% de hombres contra 44% de mujeres del gremio. Respecto a la formación de los periodistas, dice la encuestadora, 61% habían cursado la licenciatura completa y apenas 18% de ellos había terminado una maestría.

En desacuerdo o muy de acuerdo

En mi lugar de trabajo ¿soy libre de elegir los temas o historias para reportear o investigar? Preguntó Parametría y 83% estuvo muy de acuerdo, mientras que 17% en desacuerdo. Por otro lado, 78 % consideró tener autonomía para determinar los aspectos que quiere destacar de un tema o noticia, mientras que 21% no. A la pregunta: ¿Las condiciones de tu trabajo te permiten respetar la ética profesional? 75% estuvo muy de acuerdo, mientras que 23% se manifestó en desacuerdo.

Sintomática respuesta fue cuando se les preguntó si tenían confianza en las instituciones y procedimientos gubernamentales que protegen o salvaguardan su trabajo: 80% estuvo en desacuerdo y 17% de acuerdo.

Pero, ¿cómo obtienen su información los comunicadores? 67% señaló válido obtenerla de lo publicado por otros medios, mientras que el 28 no lo consideraba así. 66% afirmó que era legítimo obtenerla de filtraciones y 29% dijo que no. Infiltrarse para obtener información desde el interior, 63% lo valoró lícito, mientras que 32% no. Utilizar sin autorización documentos confidenciales, empresariales o gubernamentales, 47% no lo consideró válido mientras que otros 47% sí. Para el 56% no es permitido usar cámaras o micrófonos escondidos, mientras que para el 38% sí.

Para 96% de los encuestados el no respetar la confidencialidad de la fuente no es legal, mientras que para 3% sí lo es. Usar sin permiso documentos personales (cartas y/o fotografías) lo considera no válido 78%, mientras que 16% sí lo considera legítimo. ¿Qué tanto diría que el acceso a la información ha tenido un efecto positivo en la forma en que usted realiza su trabajo? 69% mucho o algo; 29% poco o nada.

En los últimos tres meses, se preguntó, ¿cuáles fuentes utilizó para realizar su trabajo? 63% contacto directo con funcionarios, 37% no. El 58% consultando páginas web gubernamentales y 42% no. 50% a través del buscador de Google y 50% no. 28% mediante solicitud de acceso a la información vía Informex; mientras que 72% no.

Los comunicadores encuestados señalaron que, de acuerdo a su experiencia, en las solicitudes de información en el último año, a 36% sí les respetaron el plazo de las respuestas; mientras que a 45% no; a 51% no les pareció sencillo el trámite, mientras que a 35 no. 51% dijo no confiar en la veracidad de la información pública que les entregaron; 30% sí. ¿Ha percibido una mayor disposición de los servidores públicos a entregar la información? 62% dijo no; 23% sí. Al 64% no le entregaron completa la información, y únicamente al 19 por ciento sí.

Hablando de pluralidad y libertad de expresión

En los medios donde trabajamos, ¿existe suficiente pluralidad para la difusión de la información periodística? 48% de los encuestados respondió que no y 49% que sí. Sin embargo, ante la pregunta de si los dueños intervienen activamente en la toma editorial de decisiones, la respuesta fue 71% siempre y 26% ocasionalmente o nunca.

¿Con qué frecuencia el medio no publica, o suaviza, a veces la información que puede perjudicar a ciertos grupos? Los interpelados respondieron 66% que siempre; y 33% ocasionalmente o nunca. ¿Han sido amenazados con perder el empleo si revelan información? Ocasionalmente o nunca respondió 89%, mientras que 9% dijo siempre.

Preguntó Parametría ¿en qué grado son limitantes para el ejercicio de la libertad de prensa en México: violencia y amenaza desde los poderes locales? 89% mucho/algo y 10% poco/nada. La violencia y amenaza desde el crimen organizado: 88% mucho/algo y 11% poco/nada; la publicidad oficial 87% mucho/algo y 11% poco/nada. Concentración en las concesiones de medios 82% mucho/algo y 15% poco/nada; Violencia y amenaza desde los poderes federales 76% mucho/algo y 23% poco/nada. Instituciones débiles (Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra de la Libertad de Expresión, FEADLE) 74% mucho/algo y 22% poco/nada. Falta de respaldo del medio en que trabaja, 69% mucho/algo y 29% poco/nada.

Importante sin duda fue la pregunta de si las leyes e instituciones creadas para la protección a periodistas (la FEADLE y el Mecanismo para la Protección de personas defensoras de derechos humanos y periodistas) garantizan la libertad de prensa y el ejercicio libre de la profesión: 23% contestó siempre/algunas veces, 75% respondió ocasionalmente/nunca. Así, de los encuestados, 61% ha sufrido algún tipo de agresión física, psicológica, jurídica, digital o de otro tipo; 39% no.

64% de los colegas han sufrido trabas o bloqueos para realizar su trabajo por al menos una vez, y de ellos 4% lo ha tenido más de 50 veces. 62% ha tenido ataques verbales por lo menos una vez, 50% han sido intimidados alguna vez en su vida; 21% ha recibido amenazas (verbal, telefónica o escrita) una vez; y 2% de 11 a 20 veces. 15% ha sufrido campañas de desprestigio una ocasión, y 2% más de 50 veces. 4% ha sufrido agresión a uno o varios miembros de su familia a la vez.

En conclusión, el aumento en las agresiones a los periodistas tiene más preguntas que respuestas. Los propietarios de los medios para los cuales se trabaja, se cobijan en el prestigio informativo de sus obreros pero los desamparan en el momento en que se les amenaza; esto al grado que, como ha dicho John Gibler, periodista radicado en México desde 2006: “¿Cómo puede ser que en México sea infinitamente más peligroso informar sobre un asesinato que cometerlo?”

Sin duda dentro del gremio hay quienes no sólo se cobijan al calor de la protección gubernamental y consecuentemente de la delincuencia organizada, y a quienes poco o nada les importa que la democracia de tenga que ir de la mano de una labor periodística sana, que no es la de los dueños de los medios, sino la de los trabajadores de la comunicación, quienes siguen siendo acosados por los servidores públicos. Una realidad que no se ve para cuándo cambie.