Las alas de la paloma

Teresa Gil / Libros de ayer y hoy
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¿Qué puede dar una paloma, aparte de su belleza y su canto? El arrope de sus alas. Quizá por ello, la pintora francesa Daniela Callois las recogía cuando estaban muertas y doblaba dulcemente sus alas como el espacio de un refugio. O tal vez, en un entender bien razonado llevaríamos el símil a los que buscan el arrope del poder como sucede a menudo con los dedazos, las recomendaciones de amigos, las dádivas del presupuesto, que en el actual régimen son copiosos; se yerguen como palomas negras que arropan a los suyos y descobijan al pueblo. De las 308 especies de palomas que existen en el mundo como colúmbidos y que son las únicas representantes de los columbiformes, la tercera parte están amenazadas de extinción. Ya muchas han desaparecido y uno de los centenarios más tristes que se han conmemorado, ocurrió en 2014 en Cincinnati, donde murió en 1914 la última paloma migratoria. De ellas se decía que eran tantas, que el cielo se ponía negro cuando pasaban. Ahora, el cielo se pone negro por la contaminación. El símbolo actual de esa extinción es la paloma Dodo que existió hace muchos años y desapareció totalmente, con la última en 1761. En México existen diversas especies pero su entorno se destruye al destruir bosques y selvas y con la cacería infame  del  ave que es muy apreciada en la cocina. En el país hay poca protección para este ser volátil, mucho menos para las otras 54 especies amenazadas animales diversos, algunas de las cuales viven aquí. Aquellas endechas y canciones que los viejos poetas dedicaban a las palomas mensajeras incluso a las palomas negras entonces parabolizadas en la mujer traidora, quedaron en el pasado. Recordar a Calllois, quien murió en el 2006 en Tijuana, es traer a la mente un ser extraño, singular, que plasmaba sus cuadros coloridos con los paisajes de su mente, aves, sirenas, gatos, perros, animales extraños, fantasmas que acudían a su paso con los que conversaba por las calles, ya perdida su noción en el alcoholismo. En la capital se dio un ejemplo con la poeta Pita Amor. Nacida en París, amante del pintor Bernardo Navarro por muchos años, fue echada de su casa por los familiares del artista cuando éste murió y durante décadas los tijuanenses la vieron por las calles, en hoteles de paso, cerca de vendedores, de caminantes como ella, asida a un sueño que se plasmaba en cuadros que a algunos les recuerda al Bosco. Vale más tarde que nunca y Daniela recibirá un justo homenaje el próximo 11 de julio en aquella ciudad fronteriza. Su gesto de recoger palomas muertas, nos recordó a aquel personaje tierno y también extraño de Henry James, Milly, la de Las alas de la paloma (Alba Editorial, 2016); una bella y rica muchacha condenada a muerte en cuyas alas se cobijaron cuatro o cinco personajes que solo buscaban su fortuna. Es una novela elegante, muy propia de su desarrollo en el ambiente terso de personajes educados de clase alta. Cuidadoso para no perfilar la ironía que le causaban los ingleses con los que convivió largo tiempo, porque él era estadunidense aunque al final asumió la nacionalidad inglesa, James se pone al nivel  de la finura y a veces dedica capítulos enteros en describir el encanto de un personaje. Todo con pinzas con la introspección delicada de quien en realidad está esperando que la heredera muera para hacerse de su fortuna. La obra fue llevada al cine en 1997, con Helena Bonham Carter en el papel principal. Pocos son los personajes, pero a todos les dedica buen espacio en su larga novela de casi 500 páginas, escrita en 1902, después de Los papeles de Aspern (1888) y Una vuelta de tuerca (1898),  Kate Croy, Merton Densher, lord Mark, la tía Maud, envueltos en la hondura refinada de la codicia y la escritora gringa acompañante de Milly. Al lector le invade una profunda tristeza con el desenlace inesperado, igual que sintió la pintora Callois cuando fue echada a la calle como una pordiosera. Igual que sentimos al saber que las palomas están desapareciendo y nuestros aleros cuando los hay estarán vacíos.

 

 

La Estrella Oscura

Teresa Gil / Libros de ayer y hoy
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Andy Warhol fue una estrella durante muchas décadas. Ahora lo llaman la Estrella Oscura, quizá por la mucha contradicción que marcó su vida. Pero era una estrella.  A diferencia, en estos últimos años, en estos meses, en días recientes, los personajes oscuros surgen en nuestra visión pero no son estrellas; los oímos, los padecemos enturbian nuestra vida y cubren el país con un manto de desaliento y desesperación. Los acabamos de sufrir a todos los niveles en las pasadas elecciones, cuando robaron, saquearon, utilizaron el dinero público, hurtaron a ojos vistas y usaron las más sucias provocaciones sin que nada ni nadie los detuviera. Las famosas instituciones electorales están de adorno. Son ellos mismos. Desde el nivel más alto hasta el más bajo diseminan su oscuridad. No hay quien se salve en ese sistema y sus aliados. En las decantaciones de la moral, México está en un pozo; se fueron en el desliz los valores que se consiguieron con tanto sacrificio. El peligro es que estalle la violencia. Con los tramposos resultados del estado de México, por ejemplo, fueron muchas las voces que escuchamos ya en el extremo del hartazgo. La gota que derrame el vaso puede presentarse en cualquier momento y el gran perdedor puede ser el pueblo. Aquellos tienen la fuerza, las armas y nuestros recursos. El odio, la persecución, el aniquilamiento del contrario, se instalaron  en este tiempo y solo la advertencia a esos seres oscuros,  puede detener su conducta. No hay que jugar con fuego. La exposición de una parte de la obra de Warhol de los años 60, abierta el pasado 2 de junio en el Museo Jumex, la inicial aunque algunos consideran más completa la intermedia, es una instalación que tardó tres años en definirse. La promueve dicho museo, pero la propietaria de toda las obras es la Fundación Andy Warhol para las Artes Visuales, que obtiene enormes recursos de las miles de obras  que dejó Warhol, nacido en Eslovaquia en 1928 y muerto en 1987, al parecer por errores médicos. Tenía 59 años. En 1968, el pintor recibió tres balazos de una mujer enloquecida, ataque del que pudo reponerse pese a la gravedad. Warhol (libro de arte impreso en China e importado a México por Advanced Marketing, 2013), reúne centenares de sus obras y el autor de la presentación Gerry Souter, hace a partir de ellas un recorrido biográfico no exento de crítica y en el que trasciende cierta piedad hacia un hombre hiperactivo, polifacético, creador, que hizo de la cultura de masas su principal escenario. Llama la atención la similitud que creía tener Warhol, con el dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht y su inclinación en cierta etapa de dibujar en imágenes que se multiplicaban a Mao y a Lenin entre muchos. El libro de casi 300 páginas trae la imagen reproducida de la Marilyn dorada en portada y contraportada. El autor detalla cómo van surgiendo los iconos comerciales que tanta fama le dieron, latas de sopa Campbell, refrescos, vacas de varios colores, animales diversos, rostros de famosos, de delincuentes, de mitos, flores, cuadros famosos, arquetipos de ciertos espacios como la hoz y el martillo, el revólver, todo presentado en distintas técnicas según la etapa, pero forzando las imágenes a una cultura de masas que él difundió, pero no creó, sino la propia sociedad de consumo. Se incluyen sus cambios, sus vacilaciones, su incursión en el cine, en la prensa, sus amores homosexuales, su fama y su decadencia. Y de ésta, para resurgir de pronto con nuevas ideas y volverse a colocar en el estrellado. Souter sostiene que Warhol pudo haber deseado parecerse a una máquina, “pero debajo de su frialdad aparente y asumida, el supuesto vacío cultural y el deseo de fama, yace un artista que sintió el dolor de las cosas de manera considerable y lo expresó con sutileza y con astucia en la mayoría de sus obras”. Su aparente insensibilidad, las acciones mecánicas y la búsqueda de la fama, dice, eran formas evidentes de calmar su dolor para siempre. Vivencias sutiles que no vemos en los personajes oscuros que nos atenazan, aquí, en México.