Poderes fácticos contra AMLO en 2006

Pablo Cabañas Díaz
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.  

La derrota formal de Andrés Manuel López Obrador, en la elección del 2006, tuvo lugar el  5 de septiembre, ese día el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación emitió un fallo inapelable en favor de Felipe Calderón, con lo que éste se convirtió de derecho en presidente electo de México.

Arnaldo Córdova, quien fue un observador acucioso  de la izquierda mexicana, señalaba en 2006, sobre Andrés Manuel López Obrador y su comportamiento poselectoral: “Me disgustó que bloqueara las calles con el plantón, pero no le dejaron de otra: lo acorralaron de tal manera que aceptaba o se rebelaba. Y aceptar un proceso tan irregular era una humillación no sólo para él, sino para todo el movimiento de izquierda”. Luego añade algo que es una sospecha en la que coinciden muchos analistas que han juzgado las elecciones: “Lo que sí logró López Obrador fue unificar como nunca a los grandes intereses, a los poderes fácticos para impedir que la izquierda llegara al poder". (Milenio Diario, 7 de octubre de 2006).

Ante la sentencia del Tribunal, López Obrador se mostró inconforme y el llamado Consejo Ciudadano de la Resistencia Civil convocó a una Convención Nacional Democrática para desconocer el fallo del Tribunal. Durante varias semanas López Obrador y sus seguidores impidieron el libre tránsito de los automovilistas por Paseo de la  Reforma,  con la intención de presionar a las autoridades a llevar a cabo un recuento de los votos.

El bloqueo de los simpatizantes de López Obrador dejó pérdidas de 4 mil millones de pesos a todos los sectores de la zona Reforma, según el presidente del Consejo Nacional Empresarial Turístico al no aceptar su derrota oficial.

Se declaró presidente legítimo el 16 de septiembre, tomando protesta por ese cargo en un acto simbólico el 20 de noviembre de 2006. Desde esa fecha, en sus discursos López Obrador insistentemente clama que su movimiento es de las mayorías, sin embargo ninguno de los candidatos obtuvo más del 36% de los votos. Por tanto, la afirmación de López Obrador de que su movimiento era de mayorías parece no ser coherente con el universo de votantes que manifestaron su sufragio en la elección presidencial de 2006.

En enero de 2006, la empresa Consulta Mitofsky reportaba una encuesta nacional con un 39% de preferencias a favor del perredista, 30% de apoyo para Calderón y 29% de preferencias por Madrazo. Ese mismo mes, el diario Reforma reportaba su propia encuesta nacional en la que las preferencias se distribuían en un 40% para López Obrador, 30% para Calderón y 26% para Madrazo. Otra encuesta del periódico El Universal arrojaba proporciones de 40, 33 y 26% para esos candidatos, respectivamente. Otras tres encuestas publicadas ese mismo mes de inicio de las campañas arrojaban entre 7 y 14 puntos de ventaja para el perredista. La elección estuvo caracterizada por dos tendencias: 1) Un aumento en las encuestas de  López Obrador. 2) Un apoyo creciente a Felipe Calderón, como consecuencia del declive constante de Roberto Madrazo, con relación a los otros dos candidatos.

El declive mediático de López Obrador se puede fijar el 11 de abril de 2006,  ese día el candidato acusó a Televisa, el más poderoso consorcio de la televisión privada mexicana, de aliarse con el expresidente Carlos Salinas de Gortari para lanzar una guerra sucia contra el candidato de la coalición Por el Bien de Todos. Andrés Manuel indicó que, desde 2003, Carlos Salinas “planteó en una reunión con Televisa vincularlo con el presidente venezolano Hugo Chávez”. Desde entonces, según López Obrador, “hay una campaña para repetir muchas veces una mentira para convertirla en verdad”.

La denuncia de López Obrador no era una revelación y él lo sabía. En la segunda mitad de 2003, Televisa participó de manera decidida en la rehabilitación política de Carlos Salinas, a través de por lo menos dos eventos: la inauguración del moderno Centro de Noticias de Televisa y la promoción de la campaña Celebremos México.

La otra trama de esta historia que no acepta López Obrador, es que antes de que Televisa le apostara al restablecimiento político del expresidente, él mismo, en su calidad de jefe de Gobierno del Distrito Federal, estableció una estrecha alianza con Televisa, que se “enfrió” cuando la empresa de Emilio Azcárraga Jean pretendió reunir a los dos políticos, a Salinas y al entonces jefe de Gobierno del DF. 

La historia de los encuentros y desencuentros de López Obrador con Televisa es complicada. Cuando López Obrador se convirtió en jefe de Gobierno, buscó por todos los medios, y pronto lo consiguió, una estrecha relación con Azcárraga Jean y Bernardo Gómez, el número uno y dos de Televisa.

Fue tal ese acercamiento, de profundo contenido político, que una o dos veces por mes hasta mediados de 2003 López Obrador se reunía con Azcárraga Jean o con Gómez Martínez para hablar en privado sobre el gobierno capitalino y, sobre cuestiones políticas.

Luego de esos encuentros, mediante el consabido y riguroso off the record, Andrés Manuel se reunía con los conductores de noticias de Televisa para exponer detalles de su gobierno e intercambiar puntos de vista en general. 

Esta relación caminaba “viento en popa”, hasta que en los días previos a que Televisa inaugurara su moderno y espectacular Centro de Noticias, López Obrador canceló repentinamente la invitación para asistir a dicho evento. En una carta enviada a Bernardo Gómez, le expuso que no asistiría porque no estaba dispuesto a aparecer en ningún evento al lado del expresidente Salinas. Y en efecto, en Televisa se había decidido rehabilitar políticamente al “villano favorito” mediante un encuentro con todos los conductores de Televisa previo a la inauguración del Centro de Noticias, y luego como actor central en dicho evento.

Joaquín López-Dóriga filtró algunos detalles de la reunión de Carlos Salinas y de su inminente rehabilitación, y pronto se supo en las altas esferas del poder que Carlos Salinas había usado a Televisa como medio para reinsertarse en la vida política nacional. 

Frente a esa situación, se “enfrió” la estrecha relación con Azcárraga y Gómez, y decidió acercarse a Televisión Azteca. Siguió, la misma estrategia de Vicente Fox seis años antes. Por eso Televisión Azteca transmitía La Otra Versión, programa sobre la campaña presidencial de López Obrador que conducía Marta Zamarripa, y no Televisa.

Televisa jugó sus cartas con Salinas, con Santiago Creel Miranda, Vicente Fox Quesada y con Marta Sahagún. A finales de 2005, se encontraron de nueva cuenta Andrés Manuel y Bernardo Gómez. En esa ocasión, según versiones salidas de la propia televisora habían pactado el apoyo del PRD en la Cámara de Diputados a la “Ley Televisa”, el cual se dio a toda prisa, hasta terminar con su aprobación el 1 de diciembre de 2005, con el voto en favor de todos los partidos, incluido el PRD.

Como se señaló antes, el 11 de abril de 2006, cuando López Obrador acusó a Televisa y a Carlos Salinas de emprender una campaña en su contra, y amenazó con “darle seguimiento” a los contenidos informativos de Televisa, e insistió en que había “una guerra sucia” en su contra, en donde el autor intelectual era Carlos Salinas. 

López Obrador, hoy sabemos que no estaba equivocado en esa denuncia. Carlos Ahumada señala a Carlos Salinas de Gortari como el cerebro de los videos del escándalo que en 2004 cimbraron la administración de la Ciudad de México.

Según el empresario, el expresidente le ofreció a cambio de las grabaciones 400 millones de pesos, que no le pagó. Esas revelaciones aparecen en el libro Derecho de réplica, en donde Ahumada, menciona: “Todo lo negocié directamente con Carlos Salinas, muchas veces en presencia de Rosario Robles; con Diego Fernández de Cevallos, con Ramón Martín Huerta, con Eduardo Medina-Mora, en aquel entonces director del Cisen, a quien conocí en la oficina de Ramón Martín Huerta, así como con el general (Rafael) Macedo de la Concha, entonces procurador general de la República. Todo ellos intervinieron, formaron parte, realizaron alguna tarea en especial (en la difusión de los videos), pero concretamente negocié con Carlos Salinas y Diego Fernández” (Ahumada, Carlos, Derecho de réplica, Grijalbo (Mondadori, México 2009).

A la campaña de desprestigio de Andrés Manuel López Obrador se sumaron empresas privadas que en conjunto erogaron, en mensajes de radio y televisión, cerca de 200 millones de pesos. Jumex, Sabritas, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y la Sociedad Ármate de Valor invirtieron esos recursos para sustentar su estrategia de respaldo incondicional al candidato del Partido Acción Nacional, Felipe Calderón Hinojosa.

Jumex, Sabritas, el CCE y la Sociedad Ármate de Valor “ayudaron al PAN y a Calderón con pautas específicas y bien colocadas que costaron casi 200 millones de pesos, y que deben ser contabilizadas debido a los altos montos e inversión que tuvieron, cuestión que se acredita con lo señalado en el capítulo de pruebas y en la probanza de la impugnación”.

Además el CCE gastó sólo en televisión poco más de 136 millones de pesos, cuestión que se acredita con el seguimiento de IBOPE. Ármate de Valor erogó 30 millones de pesos, con objeto de desprestigiar a López Obrador, a pesar de ser una sociedad civil prácticamente desconocida.

El texto más relevante de esta estrategia de estigmatización es el de Enrique Krauze Kleinbort, “El mesías tropical” (Letras Libres número 90, junio de 2006). Este texto confirió identidad y lo hizo distintito de los demás políticos. En una dimensión más profunda, la revelación de su biografía relatada en forma de “historia de vida” le confirió una identidad negativa.

El ensayo fue preciso en generar el temor entre las elites ilustradas sobre el ascenso de López Obrador a la Presidencia de la República. Krauze nos dice: “Lo que preocupa de López Obrador es López Obrador. No representa a la izquierda moderna que, a mi juicio, sería la alternativa ideal frente a un PAN ultramontano, sin autoridad política, y un PRI anquilosado, sin autoridad moral. Representa a la izquierda autoritaria”.

El trabajo de Krauze fue ampliamente difundido por su autor a través de puntuales entrevistas por cadenas de radio y televisión y en la prensa (Diario Monitor, 13 de junio de 2006; Milenio, 11 de junio de 2006), reproducido en innumerables blogs (incluyendo el llamado México en Peligro, 2006), y alcanzó su punto más álgido cuando fue enviado de manera gratuita a los clientes de Banamex.

Otra visión es la de Roger Bartra, que en su libro La fractura mexicana, analiza la derrota de la coalición Por el Bien de Todos en 2006, y predecía antes de las elecciones de julio de 2009, un importante desplome de la izquierda “como consecuencia del lamentable espectáculo de sus actitudes rijosas y de su corrupción interna”. Bartra reconoce los errores de López Obrador en 2006 llamar chachalaca al Presidente, tolerar la arrogancia de sus voceros y adoptar una actitud poco razonable ante la clase media y los empresarios, culpa del fracaso de la izquierda a un problema más vasto que la personalidad y decisiones de López Obrador. (Bartra, Roger, La fractura mexicana (Izquierda y derecha en la transición democrática), Editorial Debate, México, 2009).

Bartra señala que tras el derrumbe del bloque socialista la izquierda sufrió un lento proceso de sustitución de las ideas por los sentimientos. “Las ideas han ido retrocediendo ante las pasiones.” ¿Y cómo negar esa verdad frente al desmoronamiento del PRD ocasionado en gran medida por las pasiones que genera López Obrador? Propone que “la izquierda debería ser capaz de gobernar la nave de la economía de mercado con eficiencia y al mismo tiempo impulsar una cultura laica, moderna y civil”. Un sector de la izquierda en México se ha estancado en el viejo socialismo que ya no opera visiblemente en las sociedades modernas.

Es enfático Bartra al mencionar que “el populismo y el liberalismo que propuso realmente López Obrador en su programa de gobierno fue una mezcla insensata de vagas promesas a los pobres”. Y con ello dejó atrás la oportunidad de gobernar con un pensamiento socialdemócrata, como sucede en países de Europa, en donde la izquierda ha prosperado. 

El costo de toda la campaña fue operado a través de anuncios y banners en internet en los principales portales, como T1msn.com.mx (.)

Es indispensable tomar en cuenta, respecto a Televisa, todos los programas donde aparecía la imagen de Calderón como integración de productos; tal fue el caso del programa de Maribel Guardia, donde salían espectaculares de Felipe Calderón dentro del contenido del programa en un espacio con 10.83 puntos de rating. (La Jornada, 24/07/2006).

En febrero de 2005, la revista Newsweek en Español afirmó que: “A fin de cuentas, es posible que México no esté listo para una izquierda moderna”.

Entonces López Obrador se encontraba a la cabeza en las encuestas (53% al interior del PRD frente a 15.6% de Cuauhtémoc Cárdenas: Imocorp) y contaba con una amplia ventaja respecto de sus probables competidores externos (32.1% AMLO, 24.4% Creel Miranda con 39.3% frente a 9.7% de Felipe Calderón para la candidatura presidencial del PAN y 21.4% Madrazo Pintado: IMO). La izquierda en México estuvo bastante cerca de ganar la Presidencia de la República.

Krauze tenía razón, la izquierda “mesiánica” no representaba una opción real de triunfo electoral, pero también era cierto que la cada vez mayor profundidad de la crisis económica en la que estamos hundidos reabría desde 2006, el debate sobre la necesidad de una izquierda moderna para México. Por izquierda moderna entendemos una propuesta política compuesta de dos ingredientes básicos, equidad social y democracia efectiva, es claro que el primero estaría en el eje vertical y el segundo en el horizontal. La curva de la izquierda moderna se ubicaría equidistante en el punto máximo entre ambos ejes, esto es, el mayor grado de equidad social coincidiría con el mayor grado de democracia. 

La creencia de que su arribo a la Presidencia era un simple trámite, se manifiesta en el libro de Alejandro Almazán y Óscar Camacho que puntualizan una serie de decisiones erróneas que le llevaron a “hacerle el juego a la derecha”, primero con referencia al control y seguimiento de los procesos de votación y promoción del voto, su rechazo al uso mediático más amplio, sobre todo de la televisión, en el mismo caso está el manifiesto desprecio por la prensa escrita, y en segundo plano el conflicto entre sus aliados y la estructura militante de su propio partido (Almazán, Alejandro, Camacho,  Óscar, La victoria que no fue. López Obrador: entre la guerra sucia y la soberbia, Editorial Grijalbo, México, 2006).