La cultura y la educación, según Alberto Híjar

José Sobrevilla
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Cuando Cristina García Cepeda asumió en enero de 2017 como titular de la Secretaría de Cultura, fue enfática en su compromiso: “Lograr la cohesión social y el diálogo entre los mexicanos a través del arte y la cultura”. Desde su llegada los rumores eran de que poco o nada cambiaría y, para constatarlo, a seis meses de su llegada, Unión de Periodistas buscó al crítico de arte y teórico marxista, Alberto Híjar, quien dijo: “en efecto, todo sigue igual, aunque con ominosos visos, pues en marzo pasado entregó la medalla Bellas Artes a un miserable como Héctor Aguilar Camín, distinguido sicario al servicio de los peores intereses de Estado.

“Es un miserable, considera el luchador social, amigo de David Alfaro Siqueiros, pues trató de justificar la masacre de Acteal culpando a sus pobladores y –con el cuento del mito– procuró corregir la historia suprimiendo héroes populares como Narciso Mendoza –Niño Artillero–, al Pípila, y hacer pasar a Santa Anna como excelente diplomático, al negociar con ventaja para México la entrega de dos terceras partes del territorio.

“Él y Florescano recibieron 10 millones de pesos de Ernesto Zedillo para ello. También está el anuncio, no contradicho, del secretario de Turismo, de que, se trata de favorecer el sector a toda costa”.

Respecto de la aprobación el 25 de abril anterior del Consejo Asesor de Cultura integrado por Arturo Márquez, Francisco Toledo, Sabina Berman, Ernesto Piedras, José Luis Paredes, Pacho, Christopher Domínguez Michael, Luis Jaime Cortez, Rosa María Fernández Zamora, Claudia Lavista, Arabella González, Graciela Iturbide, Lucina Jiménez, Alejandro Luna, Néstor García Canclini, Eduardo Matos Moctezuma, Enrique Norten, Diana Bracho, Carlos Amorales, Natalia Toledo y donde también está Aguilar Camín, el profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), refiere que “en efecto, éste aparece junto a otros miserables que también mantienen una posición digna, como Francisco Toledo, que al no poder hacer nada acabarán renunciando”.

El nombramiento de este consejo, ha planteado García Cepeda, es porque la secretaría de la que es titular “no será responsable de dictar la política cultural del país”, sino que este grupo se reunirá tres o cuatro veces al año, para ofrecer aportaciones en diferentes ramas del quehacer artístico.

Para Alberto Híjar, lo que la Ley General de Cultura busca es incorporar esa rama a la reforma educativa neoliberal; esto es, coordinar la entrega de fondos públicos para pagar exposiciones “queda bien” con gobiernos por los que pasa Enrique Peña Nieto estableciendo acuerdos, con exposiciones elefantiásicas, carísimas, a cambio de otros proyectos.

“A la par, la preponderancia del turismo como línea, irá declarando pueblos mágicos para pintarlos bonito, fachadas y todo, junto con ferias en las que presentarán a los mismos escritores hablando las maravillas de las narrativas, ocupadas en cualquier cosa menos de lo que pasa en este país”.

García Cepeda, burócrata de larga experiencia

El proyecto federal de hacer de la cultura una política de Estado es imposible, asegura Híjar Serrano, porque “la Federación está en un estado de desastre. Lo prueban los gobernadores delincuentes como Graco Ramírez, y ahora por el devastador de la Ciudad de México que no tiene parangón más que con Hernán Cortés en cuanto a destrucción con centros comerciales, torres departamentales, oficinas de lujo, fuentes de agua, y  centenares de árboles, para favorecer los grandes consorcios privados que, patrocinando la cultura, limpian su imagen y evaden impuestos”.

Alberto Híjar no coincide con Manuel Bartlett, quien votó contra la Ley General de Cultura con el argumento de que “desde 2015 se ha hecho una elegía de la cultura”, y ésta “está sometida a la burocracia de la secretaría”.

Dice el académico: “No. Yo creo que no está sometida. Para eso hay expertos y expertas. La secretaria de Cultura (García Cepeda) es una burócrata de larga experiencia con simpatía personal, que le atribuyen virtudes muy lejanas a tener claridad respecto de lo que significa manejar la reproducción de los intereses dominantes”.

Respecto de la casi desaparición de la cultura en los periódicos, señala que por el alza en los precios de papel, tinta y mantenimiento de máquinas, las empresas es lo primero que sacrifican; “ahí hay algunas personas que hablan de poesía y cosas tan inútiles como eso. Y para que siga apareciendo una nota más sobre la más reciente obra de Juan Villoro u otro escritor de moda, lo revolvemos con la pelea del Canelo y Julio César Chávez Jr.”

¿Se enteró del rompimiento de la Fundación Juan Rulfo con la UNAM, respecto del centenario del escritor?

–Sí, porque Víctor Jiménez (Muñoz), veterano del autogobierno de Arquitectura, que no sé qué tiene que ver con Juan Rulfo, procura prohibir lo que no esté bajo su control absoluto. Lo hizo con la Feria de Guadalajara y ahora con la Feria del Libro y la Rosa… ¡qué bonito nombre! –dice con ironía– que hace la universidad. No lo logró porque dos hijos de Juan (Rulfo) participaron en la presentación del libro que él decía, era difamatorio.

“De modo que también las memorias son propiedad privada, como lo está mostrando el escándalo del diamante hecho con cenizas del arquitecto Luis Barragán (Morfín), y a la par no hay un solo lugar en el país en que se puedan conservar dignamente y con toda propiedad los acervos, archivos y bibliotecas que se pierden por no tener un lugar adecuado, clima artificial, humedad controlada y equipos que se encarguen de esto. Así, la memoria histórica es destruida y no hay manera de que ninguna institución se haga cargo de preservarla”.

La desdeñada cultura popular

¿Qué opinión le merece la desaparición de proyectos impresos como La Digna Metáfora, de Víctor Roura?

–¡Cómo! ¿A poco ya la dieron por muerta? ¡No sabía! Pues muy lamentable porque son proyectos heroicos de grupos de periodistas tan importantes como Carmen García Bermejo, a quien nunca le perdonaron haber escrito sobre las infamias culturales de los sexenios anteriores. Es prueba terrible de que no hay manera de oponerse con éxito a esta conspiración del silencio.

¿Son suficientes las actuales secciones culturales como Laberinto o alguna otra? ¿Las lee?

–Leo las que me caen por obligación profesional.

¿Son suficientes?

–Faltará siempre lo que pasa en la calle y la plaza. Dedican semanas y planas enteras a escándalos como la joyera que hace diamantes artificiales con muertos, pero ni una palabra de las maravillas que hay en marchas y plantones. O la presentación el sábado 6 de mayo del Taller del Sur, tocando en el plantón de los familiares de Ayotzinapa. Es un grupo extraordinario que canta hazañas de la lucha popular: lo que pasó en la APPO de Oaxaca en 2006 y otras cosas. Ellos nunca tendrán una mención en un suplemento cultural”.

¿Cómo podría romperse esta burocracia cultural?

–Hay quienes no nos ocupamos mucho de ella, pero participamos profesionalmente en algunos de sus proyectos. Yo soy investigador del Centro de Artes Plásticas del INBA (Instituto Nacional de Bellas Artes), pero a la par hay una efervescencia cultural de la izquierda y desde abajo, que da lugar a encuentros de teatro fundamentales que hacen de la memoria histórica papeles protagonistas del teatro, alcanzando fama con grupos solidarios de otros países, y todo este esplendor de producción gráfica y mural que se desparrama por todo el país, y no se diga del performance y de las maravillosas canciones.

Para usted, ¿cómo ha impactado a la cultura el auge de las redes sociales e internet?

–De manera importante porque no es sólo el intercambio de chistes y bromas exitosas, sino que las agencias de prensa reportan al minuto lo que pasa en la calle y la plaza, e impide la impunidad por las represiones constantes, en las que siempre se inculpa a las organizaciones populares y se exculpa a las fuerzas armadas. Hace ocho días celebramos un año de una radio comunitaria al pie del Nevado de Toluca, donde Sublevarte reportó un problema de entubamiento del agua que impedía su uso comunitario. Esta resistencia es importante y no encontraremos noticia alguna de ella en casi ningún periódico.

Para el profesor, quien dio clases de Filosofía y Letras al subcomandante Marcos, los grupos predominantes de la cultura marcan una tendencia adecuada a las estructuras económico-políticas. La influencia de los monopolios editoriales es evidente. Hay cuatro o cinco escritores que la pasan autopremiándose y participando en coloquios y ferias del libro. Igual pasa en las artes visuales donde, cuando necesitan dinero, inauguran espantosos garabatos metálicos de Sebastián, Felguérez o Federico Silva, a cambio de otras señales como el antimonumento en Reforma y Bucareli.

¿Algo qué agregar?

–Que la larga vida de la Secretaría de Cultura terminará con cualquier otro capricho presidencial.