Mi testimonio del 10 de junio de 1971

Elba Pérez Villalba
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Vino el año 71, tuvo que ver con la lucha estudiantil de la Universidad Autónoma de Nuevo León contra la imposición de la Ley Orgánica, aprobada por el Congreso del estado, en donde las organizaciones patronales adquirían facultades para gobernarla. Además de que el rector era un coronel del Ejército, Arnulfo Treviño Garza... y comenzó la movilización de solidaridad.

Estos planteamientos de la huelga en Sinaloa, en la Universidad de Nuevo León, de Puebla, y otros más, no fueron por demandas revolucionarias para tomar el poder en el país, sino por impulsar la reforma universitaria, modificar los contenidos de la enseñanza, la forma de participación de los estudiantes, la organización estudiantil, la legislación, en fin, estuvieron en el ámbito de la vida estudiantil, político-académico.

Los famosos Comités de Lucha que se formaron en las instituciones de educación media y superior en el 68, se transformaron, se sostuvieron ya con menor fuerza. Fue así como se conformó el Comité Coordinador de Comités de Lucha (Coco), en 1969. El Coco organizó la manifestación del 10 de junio de 1971 misma a la que no le permitieron avanzar, seguir el curso que habíamos acordado, siguiendo por la calle Salvador Díaz Mirón hasta una avenida, no por la que está al lado de la Normal, la Avenida de los Maestros, sino por la paralela. La marcha era desde ahí hasta el Monumento a la Revolución. Pero ya había toda una fila de granaderos y policías impidiéndolo. Obligadamente dimos vuelta, a un lado de la Normal y eso fue “un cajón”, una trampa, ya que había una enorme pared, de un lado, la de la Normal, y del otro lado, en cada calle había una valla de granaderos, de policías, o sea que no había posibilidades de salir de ese encierro. La única salida era por un desemboque en la Calzada México-Tacuba. La marcha continuó y al llegar a esa calzada giró hacia Circuito Interior, hasta el cine Cosmos.

Los primeros grupos se toparon con una fila de granaderos, de policías. Es cuando entraron Los Halcones, el famoso grupo de choque: jóvenes lumpen entrenados por el coronel Manuel Díaz Escobar. Se abrieron las vallas de policías y granaderos y pasaron Los Halcones en cada calle, al grito de “Che, Che, Che Guevara”, para así descontrolar y se pensara que venía un contingente de estudiantes. Traían varas de bambú, de kendo, estaban entrenados en artes marciales. También había algunos francotiradores. Yo estuve en los primeros contingentes y cuando vimos que no se podía pasar, me jalaron unos estudiantes a una esquina de la Calzada México-Tacuba y Tláloc, continuación de Avenida de los Maestros, de la colonia Tlaxpana o Santa Julia. Corrimos por Tláloc, pero vimos que había un francotirador en la esquina mencionada, un tipo con un arma larga disparando arrodillado. Otra vez me jalaron y seguimos corriendo con un grupo de muchachos que yo no conocía y cuando nos dimos cuenta, como a la mitad de la cuadra oímos disparos hacia la calle Tláloc.

El francotirador apostado en la esquina no logró ver que alguien se movió pegado a la pared y a una cortina bajada de un negocio, quien le disparó. El francotirador había disparado hacia la calle donde nosotros íbamos corriendo; varios nos cubrimos, en cuclillas al lado de los autos, pero pegaron disparos a los autos. Seguimos corriendo y dimos vuelta en un callejón de Xólotl, en donde quisimos entrar a alguna casa, pero todas estaban cerradas. Regresamos a Tláloc como ocho o nueve, para continuar hacia un mercado. Pasó alguien en la siguiente cuadra, en un Volkswagen, abrió las puertas y nos gritó: suban cómo sea, yo los saco de aquí. Entramos todos, quién sabe cómo cupimos, nos sacó a la Avenida Marina Nacional y ahí nos dejó. ¿Quién era? Quien sabe, pero nos apoyó. No nos conocíamos los que íbamos ahí. Lo que siguió fue buscar a otros compañeros, saber qué pasó, a contactar.

Nuevamente enfrentábamos otra época de persecución. Continuamos los movimientos dentro de la Universidad Nacional bajo el viejo lema que teníamos, de la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED): “Luchar mientras se estudia”. La CNED se fundó en 1966, en Tlatelolco, en la Vocacional 7, como resultado de diversos movimientos estudiantiles de diferentes estados de la República, reprimidos casi todos por el Ejército, durante la década de 1960, y con una amplia participación de estudiantes de la Juventud Comunista de México.