Los celos comerciales gringos

Jorge Faljo / Faljoritmo
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La renegociación del TLCAN inicia el próximo 16 de agosto. Desde el lado estadunidense le calculan un año al proceso; del lado mexicano la intención es terminar este año… y cantar victoria. Tal vez como en la renegociación del azúcar de hace unos días.

 

El secretario de Economía, Ildefonso Guajardo declaró ante Bloomberg, un medio financiero prestigiado, que en el momento en que Estados Unidos proponga imponer aranceles se levanta de la mesa. Daría por muerta la renegociación del TLCAN. Más adelante explicó que México cuenta con un Plan B, si falla la renegociación del TLCAN regresaríamos al marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC), en el que México tendría tarifas aceptables para exportarle a Estados Unidos. Por ejemplo, se podría seguir exportando automóviles con un impuesto de únicamente 2.5 por ciento.

 

Sin embargo esta idea de refugiarnos en la OMC parece basada en una lectura parcial del malestar estadunidense. Wilbur Ross, el actual secretario de Comercio de Estados Unidos atribuye el bajo crecimiento estadunidense a haber firmado malos tratados comerciales; incluye al TLCAN y a la OMC.

 

Por su parte, Ross considera que la OMC da un trato desigual al sistema fiscal estadunidense. La causa es que cuenta con 164 miembros y opera en un sistema de “un país un voto” en el que Albania (Ross la usa de ejemplo) tiene los mismos derechos que la mayor economía del mundo. Dice que Estados Unidos ha hecho mal al subordinar su soberanía de ese modo. Y añade: “Bajo las actuales reglas la OMC permite que (otros países) instrumenten tarifas disimuladas que obstruyen las exportaciones estadunidenses y subsidios disimulados para penetrar el mercado de Estados Unidos”.

 

Su crítica es que la OMC acepta que los países que tienen un sistema de IVA le ponen un arancel disimulado a las importaciones estadunidenses (en el caso de México es de 16 por ciento) y, además, exentan de impuestos a sus exportaciones. Estados Unidos que no tiene ese sistema se encuentra en desventaja, dice Ross.

 

Hay un tinte de paranoia en estas declaraciones; Trump continuamente declara que México, China y el resto del mundo se han aprovechado de su país. En realidad han sido las grandes corporaciones gringas las que decidieron convertirse en meras marcas y distribuidoras comerciales comprándoles a los verdaderos productores ubicados en otros países.

El caso es que los gringos declaran que van a cambiar este estado de cosas y su primer paso es modificar la relación comercial con México. Luego, tal vez, la emprenderán con otros países. Hace un par de semanas Trump declaró que Alemania era “mala” porque tenía un fuerte superávit con Estados Unidos y lo corregiría.

Sin embargo todo sigue siendo impredecible porque algunas declaraciones y posibles acciones parecen originarse en berrinches, pueden depender de la situación de los negocios de la familia Trump en diversos países y últimamente hasta se encuentra en tela de juicio la continuidad de la administración estadunidense. Entretanto tenemos que esperar lo mejor, pero prepararnos para lo peor. Y esto parece ser la mala suerte de que los grandes cambios comerciales que anuncian empezarán por México.

 

Para nosotros el problema es que, a diferencia de China, que tiene superávit con todo el mundo, la economía mexicana no es realmente competitiva fuera de la  relación automovilística con Estados Unidos. Tenemos importantes déficits con China, Japón, Corea, Taiwán, Malasia, Alemania, Italia y prácticamente todos los demás países con los que comerciamos. Lo que da idea de que nuestra competitividad selectiva es más bien artificiosa y dependiente de decisiones externas. Creímos que bastaba ponernos de tapete, sin instrumentar una política industrial y de fortalecimiento del mercado interno. Ahora todo está en juego.

 

Corremos el riesgo de confundir los medios con el fin cuando creemos que Estados Unidos quiere renegociar el TLCAN, o las reglas de la OMC. No es así. Su objetivo explícito es abatir el déficit comercial de cerca de 500 mil millones de dólares que tienen con todo el mundo.

 

El pasado 14 de abril Ross declaró “los juegos se acabaron y el tratamiento inapropiado a Estados Unidos no seguirá siendo tolerado (…) trabajamos para establecer un comercio libre y justo a la vez. No tengo duda de que lograremos rebalancear el comercio en favor de los trabajadores y negocios estadunidenses.”

 

Tal vez la reciente renegociación del comercio del azúcar de idea del método. Amenazaron fuerte con imponer aranceles a todas las importaciones de azúcar mexicana y consiguieron que México limitara la proporción de azúcar refinada dentro del total de sus exportaciones. De este modo protegieron la operación y los empleos industriales en sus propios ingenios.

 

Para el comercio global con México Ross ofrece una salida. El 31 de mayo pasado declaró que su objetivo central al renegociar el TLCAN era reducir el déficit comercial y que había muchas maneras de hacerlo; señaló que la forma más fácil era que México y Canadá reorienten compras que ya hacen en otros países en favor de productos estadunidenses.

Lo que propone es que México compre menos a los países con los que tiene déficits para darle preferencia a los productos estadunidenses. Lo que quieren es que nosotros cambiemos las reglas comerciales con los demás. México tendrá que repudiar su discurso cotidiano de amor al libre comercio para imponer aranceles o cuotas a las importaciones de Asia y Europa. Este fuerte revire será el precio a pagar para que Estados Unidos no obstaculice nuestras exportaciones.

Más allá de la mera apariencia, lo que está en juego no es de manera principal la renegociación del TLCAN; este podría modificarse poco y de manera amigable si entendemos que los gringos son celosos y no aceptan que preferimos a otros… proveedores.