Sin lugar para el fraude

Raúl Moreno Wonchee / La nave va
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Que los partidos hagan sus cuentas y recojan las varas porque el ruido de los cuetes lo acallaron los muchachos del INE. Consejeros de cuño académico que llegaron al mundo ancho y ajeno de lo electoral en vuelo directo desde la academia sin pasar por el pantano de la política. Córdova y Murayama agarraron al toro por los cuernos: en las recientes jornadas electorales no hubo lugar para el fraude ni para la manipulación de los resultados. Porque entre otras cosas, los consejos electorales estatales ya no los integran los poderes locales sino el mismísimo Instituto Nacional Electoral desde el olimpo capitalino gracias a la última (¿o penúltima?) reforma política en la que en el cambalache reformista fueron sacrificadas la libertad y la soberanía de los estados para sustraer a las elecciones locales del control de los gobernadores. Una por otra, Ifigenia a cambio del viento de la democracia que en el estado de México le bajó los humos a Morena y en Coahuila a Acción Nacional. Novedoso centralismo democrático que dejó a salvo la formalidad. No es poco, habida cuenta el voluminoso inventario de dificultades que dentro y fuera se acumulan y desordenan la patria. Pero no nos alcanza para resolver las exigencias del desarrollo nacional. Tampoco para responder a las crecientes necesidades sociales. Ni mucho menos para configurar una correlación de fuerzas capaz de afrontar las amenazas del exterior. Thillerson, el secretario de Estado de Trump, anda diciendo que los narcos de acá de este lado tienen vínculos con el Estado Islámico. ¿Alguien duda del tufo intervencionista de esas declaraciones? La respuesta no está en el viento sino en el artículo 89 de la Constitución.

 

 

El único camino

Raúl Moreno Wonchee / La nave va
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20 años no es nada. Ni 20 ni 25, ni el montón de dinero quemado en aras de la democracia sin adjetivos, ni sepan cuántas reformas electorales en busca del voto perdido, de los sufragios, de los miles de sufragios que de un modo o de otro se extraviaron en el camino. Desapariciones forzadas, a cargo de partidos y candidatos empeñados en que la única elección valedera es cuando el veredicto de las urnas les favorece porque son, a priori, los depositarios de la verdad democrática. Y si no ganamos nosotros y gana el otro, que  nadie gane, y el sueño democrático no culmine en el sufragio efectivo sino en la elección anulada y los votos, los votantes y sus instituciones, se vayan al diablo. Para tan digno fin, todos los peros valen. Los náufragos de la transición le dieron la vuelta entera al redondo mundo y en sus sabihondas disquisiciones llegaron a que en la última versión de la democracia no hay, no debe haber lugar para el voto universal pues no todos los votos son iguales. Los emitidos a favor del tricolor, por ejemplo, se ha dicho que son votos deleznables de la chusma iletrada, miserable y corrupta que los vende por una baratija. Nomás les falta postular que sólo tengan derecho al voto los propietarios, y al paso que van, ya mero llegan. La oligarquía mediática y sus falanges han dejado atrás el buen juicio y llevan adelante una formidable campaña de denuestos y afirmaciones sin sustento alguno que está causando grave daño a la convivencia democrática. Si en las elecciones del estado de México y Coahuila se hubieran cometido faltas que distorsionaran la voluntad popular, el único camino serían los tribunales. No hay otro.