En busca de una riqueza extraviada

Fausto Cantú Peña
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A solicitud de los organizadores del movimiento Por México Hoy para expresar en un breve documento mi visión sobre el tema Café y desarrollo regional, con el propósito de ofertar una guía para el diagnóstico y la acción, comparto la primera parte de la propuesta para el debate correspondiente, a partir de una evaluación histórica, científica y éticamente responsable de los programas en curso sobre la materia. Por lo anterior, solicito atentamente me hagan llegar sus comentarios.

Los más recientes acontecimientos en la coyuntura económico-social y los que se presentarán en lo político, nos motivan una vez más a reflexionar sobre el aprovechamiento integral y sostenible que podría brindar la caficultura nacional, por su contribución significativa a la solución de la problemática, mediante su aprovechamiento integral de oportunidades en vastos territorios de las zonas tropicales del país.

Son distintos los ámbitos donde incide esta actividad tales como: inversión productiva, ingreso de divisas, generación de empleo, protección medioambiental, paz social y otros bienes que México requiere. 

Dicha actividad, con más de dos siglos de existencia en México, desde que se estableció en la hacienda de Guadalupe, en Córdoba, Veracruz la primera plantación de café en forma y escala, lo que ocurrió en 1796 todavía trabajada por esclavos, reportó en 1812 una exportación aproximada de mil quintales. Su desenvolvimiento en el transcurrir de la historia fue creciendo gradualmente hasta que en el ciclo 1999-2000 llegamos a producir 6.300,000 sacos de 60 kilos cada uno.

A partir de entonces, coincidente con una pronunciada caída de las cotizaciones internacionales, la ausencia de una política de fomento por parte del Estado, el envejecimiento de los cafetales y de los productores, la migración, lluvias, sequías y vientos atípicos, fue que la fungosis denominada roya del café hizo estragos.

Hoy, luego de haber sido el segundo producto de exportación después del petróleo, importamos legal e ilegalmente más volumen de café del que producimos, para abastecer a nuestro creciente mercado interno y reexportar, pues apenas cosechamos alrededor de 2 millones de sacos de 60 kilogramos en las 6,200 comunidades rurales, 420 municipios y 15 entidades federativas en donde ha prosperado el precioso arbusto que da el fruto del café, su beneficio e industria, mismo que genera ingresos para 3 millones de mexicanos, concentrado en mayor volumen en contadas empresas trasnacionales. 

En cuanto a la institucionalidad de fomento por parte del Estado mexicano, desde 1937 con la Compañía Exportadora e Importadora Mexicana (CEIMSA) y su filial Beneficios Mexicanos del Café (Bemex), se establecieron proyectos que se continuaron como programas con la creación de la Comisión Nacional del Café en 1949, organismo que evolucionó al Instituto Mexicano del Café en 1958, fortalecido en 1973 y desaparecido en 1993-94, para dar lugar al Consejo Mexicano del Café, el cual trasladó sus tareas a la Asociación Mexicana de la Cadena Productiva del Café (Amacafé). Los resultados están a la vista.

Ahora bien, está en elaboración por parte de la Subcomisión especial de café, de la Comisión de agricultura y riego de la Cámara de Diputados, un proyecto de decreto para crear el Instituto Nacional del Café.

La última iniciativa que hiciera la Cámara de Diputados, quedó varada y fue finalmente desechada en el Senado merced a los intereses en juego.

Los principales estados productores de café son Chiapas, Veracruz, Oaxaca, Puebla, Guerrero e Hidalgo, están localizados en el sur-sureste, por lo cual es pertinente que la comisión respectiva tome cartas en el asunto.

Las principales Zonas Económicas Especiales (ZEE) están proyectadas en las entidades del sur-sureste.

La producción, beneficio, industrialización y comercio del café mexicano, así como del procedente del exterior, puede desenvolverse en estas ZEE mediante conglomerados agro-industriales del aromático y otros productos tropicales asociados, los cuales pueden ser detonadores del desarrollo regional en el área de influencia de dichas ZEE.

Por lo anterior es necesario y conveniente organizar un debate con la concurrencia de otras comisiones en el Senado, como las de Agricultura y Desarrollo Rural; así mismo se invitaría a la Secretaría de Agricultura, a la autoridad de las ZEE y a la Conferencia Nacional de Gobernadores.

Por parte de los sectores privado y social de la caficultura, se invitaría a las organizaciones “representativas” del sector y también a la academia; así como a reconocidos productores, empresarios y profesionales en lo individual.

Para que este evento sea fructífero y trascendente, se requiere autenticidad e información veraz, pertinente y oportuna, sancionada por el Instituto Nacional de  Estadística, Geografía e Informática.

En este orden de ideas debemos saber:

¿Cuál es el estado de la caficultura nacional y de los programas gubernamentales en torno a lo expresado a continuación?

En lo general: Investigación, experimentación, validación de tecnología, propagación, producción en campo, beneficiado, industrialización-comercialización, institucionalidad, mercado interno y exportación, así como situación ecosistémica natural y social de las comunidades cafetaleras, en su mayoría indígenas.

En lo específico:

a) Nivel de organización y representatividad de quienes se ostentan como dirigentes, capacitación y educación de los productores y trabajadores.

b) Disponibilidad de crédito y aprovechamiento de excedentes para la recapitalización de la planta productiva.

c) Cuantificación de la disminución de la producción, productividad y competitividad.

d) Disponibilidad de bancos de germoplasma y producción de material vegetativo.

e) Cuánto es la inversión de la caficultura mexicana –en integración vertical– desde su origen en las plantaciones, las instalaciones de beneficio, hasta la industria torrefactora y de soluble; y en su integración horizontal, el cálculo de insumos, maquinaria y equipo, transportes, etcétera.

f) Cómo se descompone en costos y agrega su valor en las diferentes etapas de la cadena productiva.

g) Qué porcentaje concentran y que número de empresas controlan el comercio del grano verde de exportación y cuán diversificado por firmas y países está.

h) Qué porcentaje y número de empresas concentran y controlan el mercado interno, tanto de tostado como de soluble.

i) Cuántos sacos de 60 kilos de café verde hacen el monto anual del mercado interno.

j) Cuánto del café verde e industrializado está en manos de las empresas transnacionales.

k) Valor de la factura de venta en taza, esto es en cafeterías.

l) Cuánto reciben los productores del valor de la factura al último consumidor.

m) Necesidad de auditar el padrón de productores a fin de impedir los fraudes en los subsidios, mediante mecanismos de monitoreo satelital tal cual ocurre en otros países; también lo es auditar el Fircafé.

n) Cuánto de los apoyos gubernamentales benefició a las transnacionales.

ñ) A cuánto asciende el contrabando de cafés de Guatemala y Honduras a Chiapas.

o) Necesidad del establecimiento de una mesa preparatoria al congreso nacional de la Caficultura.

Estas y otras preguntas deberemos respondernos los funcionarios encargados del subsector café en el Ejecutivo, los legisladores y por supuesto la comunidad cafetalera, si auténticamente queremos llevar a cabo una política pública acertada, democrática, patriótica y pragmática en la que todos los integrantes de la cadena productiva salgan beneficiados.