Gobierno sin ética espía a sus ciudadanos

José Luis Ortiz Santillán
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En 2013, Edward Snowden nos sorprendió y revolucionó la vida de los ciudadanos del planeta, al confesar lo que todos sabíamos de antemano. Snowden nos dijo entonces la verdad, pues no era cierto que un mundo nos vigilara desde el cosmos, sino que era su país, Estados Unidos de América, el que controlaba lo que decimos y lo que escribimos.

Hoy no es Estados Unidos, sino el gobierno de México que, habiendo demostrado su incapacidad para espiar e infiltrar al crimen organizado, está vigilando a periodistas y defensores de los derechos humanos. El software conocido como Pegasus, del cual se ha venido hablando desde 2013, cuando el diario británico The Guardian informó que la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA), a través de este software, estaba recolectando los registros telefónicos de decenas de millones de estadunidenses y líderes mundiales (la canciller de Alemania, Angela Merkel; la entonces presidenta de Brasil, Dilma Rousseff; el entonces presidente de Francia, François Hollande, y el entonces presidente Felipe Calderón), ha provocado un escándalo de espionaje en México.

En ese año, Edward Snowden tuvo la valentía de oponerse a lo que en su momento consideró que no era ético en este mundo global, en el cual las comunicaciones han acercado pueblos, comunidades y ciudadanos, rompiendo las barreras culturales y lingüísticas, provocando una segunda revolución industrial; esto es, al espionaje por parte de su país en todas las comunicaciones orales y escritas entre personas a nivel planetario, a través de las nuevas tecnologías.

En su declaración Snowden planteó: “Hace poco más de un mes tenía una familia, un hogar que era el paraíso y vivía con mucho confort”, y como seguramente otros lo siguen haciendo afirmó que en su trabajo “tenía la capacidad de buscar, tener acceso y leer” nuestras comunicaciones “sin tener ninguna orden; podía tener acceso a las comunicaciones de cualquier persona en cualquier momento, ese es el poder para cambiar el destino de las personas”, reconociendo que era “un miembro de alto rango de los servicios de inteligencia” de sus país, la NSA.

En ese entonces, el gobierno mexicano no tomó medidas para evitar el control de las comunicaciones por Estado Unidos. En México, el Caballo de Troya ya estaba instalado al interior de las oficinas del gobierno federal, a través de las donaciones en tecnología hechas por el gobierno estadunidense por medio de la Iniciativa Mérida, programa de cooperación que permitió la construcción de centros de mando en las principales dependencias del gobierno mexicano, equipados con la última tecnología en materia de trasmisión de datos, voz y videos, pero que el gobierno mexicano no puede reparar, desmontar o destruir, sino que debe recurrir a Estados Unidos para ello.

Ahora en México se deja la ética a un lado, pero no para luchar contra el crimen organizado, sino para neutralizar a sus ciudadanos. Pegasus, es un software que se infiltra en los teléfonos inteligentes y otros dispositivos electrónicos para monitorear todos los pormenores de las actividades diarias en los medios de las personas a través de su celular, incluidas llamadas, mensajes de texto, correos electrónicos, los registros sobre contactos y calendarios, utilizando el micrófono y la cámara de los teléfonos para vigilar a sus dueños, convirtiendo los dispositivos en centros de espionaje móviles.

Este software creado para espiar bandas criminales y terroristas, es usado en México para vigilar a periodistas como Carmen Aristegui (y su hijo menor de edad), Carlos Loret de Mola, Rafael Cabrera y Sebastián Barragán, entre otros comunicadores; a los abogados encargados de la investigación de los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos, a Juan Pardinas, quien redactó y promovió desde Televisa la Ley anticorrupción 3de3, a personas incomodadas para el gobierno como Alexandra Zapata del IMCO y Daniel Lizárraga de MCCI, según la organización de Defensa de los Derechos Digitales (R3D) y el The New York Times.

Pegasus es un software que resulta imposible de detectar durante el hackeo de los teléfonos inteligentes, apoderándose de ellos y convirtiéndolos en dispositivos de vigilancia móvil. El software fue construido por una compañía llamada ONE Group y fue descubierto al ser utilizado en los Emiratos Árabes Unidos, lo que obligó a que Apple actualizará su sistema operativo iOS 9.3.5.

En 2012, el gobierno mexicano sólo disponía de un par de equipos donados por la Iniciativa Mérida para espiar teléfonos celulares y correos electrónicos; no obstante, las revelaciones hechas por The New York Times, muestran que en lugar de que el gobierno mexicano buscara evitar ser espiado a través de los equipos donados por Estados Unidos, ha decidido utilizarlos y realizar la compra de tecnología adicional, como el software Pegasus, para espiar a sus propios ciudadanos.

Qué conversación telefónica puede estar a salvo, qué número de qué compañía, si estamos a merced de miles de hombres y mujeres que escuchan nuestras conversaciones, las más ingenuas o las más íntimas; quién puede estar a salvo de ser escuchado o leído, cuando una palabra clave puede llamar la atención para saber de nosotros.

Y en este estado de cosas, donde la soberanía nacional ha sido puesta en segundo plano: ¿A quién le importan las leyes? Si bajo el pretexto de proteger la integridad del país, se está dispuesto a leernos a escucharnos e ir tras nosotros sólo por creer que estamos confabulando en su contra. Acaso al gobierno de México, que hoy cuestiona a Venezuela, le interesa respetar las leyes o el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

 

 

México y el terrorismo mediático contra Maduro

José Luis Ortiz Santillán
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Concluyó la XLVII Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), efectuada del 19 al 21 de junio en Cancún, Quintana Roo, y aun cuando el tema de la Asamblea fue: “Fortaleciendo el diálogo y la concertación para la prosperidad”, ésta estuvo completamente dedicada a la crisis política que enfrenta Venezuela y a llevar al patíbulo a su gobierno.

México ocupó la presidencia de la XLVII Asamblea General de la OEA, pero también asumió el liderazgo de un grupo de países conformado por Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay, que intentaron acorralar a Venezuela e intervenir en sus asuntos interno, pese a que oficialmente este país ha abandonado la OEA y su canciller, Delcy Rodríguez, había sentenciado en el primer día de trabajos que su país no volverá a la OEA mientras sea un país libre y soberano; y por lo tanto, no reconocerá la reunión de cancilleres ni avalará lo que resuelva en ella.

Durante esos días, muchos mexicanos vimos deteriorarse a la diplomacia de nuestro país, muy lejos del rol que desempeñó en el proceso de paz en Centroamérica dentro del Grupo de Contadora, alejada cada vez más de los principios de no injerencia en los asuntos internos de otros países, la autodeterminación de los pueblos y el respecto al derecho ajeno, que le dieron prestigio en el pasado.

En la Asamblea, la canciller Rodríguez acusó a Estados Unidos de promover una intervención en Venezuela para volver a adueñarse de sus recursos naturales y al secretario general de la OEA, Luis Almagro, de llamar abiertamente a una guerra civil en su país; señalando que los sectores de derecha, locales y externos, pretenden inocular en Venezuela un conflicto interno para detener el modelo de inclusión de la Revolución bolivariana.

Los hechos acontecidos en caracas el 27 de junio, han constatado lo que señaló la canciller Rodríguez en la Asamblea de la OEA. Por la tarde del martes, un helicóptero secuestrado por un exfuncionario de la policía sobrevoló el Ministerio para el Poder Popular para las Relaciones Interior, Justicia y Paz, y disparó contra el edificio, donde se realizaba una reunión en su terraza con motivo del Día Nacional del Periodista; el helicóptero sobrevoló también la sede del Tribunal Supremo de Justicia, efectuando disparos y lanzando granadas. Mientras que en las redes sociales aparecía un video del piloto Óscar Pérez, rodeado de cuatro personas encapuchadas y fuertemente armadas, informando que se declaraba en rebeldía.

De este modo, Óscar Pérez,quien fuera inspector agregado del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, y antes piloto, paracaidista, buzo de combate y actor, entró a la historia de Venezuela, haciendo un burdo llamado a la insurrección y al levantamiento de las fuerzas armadas de Venezuela en contra del gobierno de Nicolás Maduro.

Lo lamentable de ese intento absurdo de insurrección de Óscar Pérez, es que inmediatamente fueron revelados sus nexos con la CIA y puso en riesgo la vida de muchas personas inocentes, las cuales se encontraban trabajando en los edificios que atacó desde el helicóptero; pero lo peor de todo es que la diplomacia mexicana no manifestó su repudio de inmediato a esos hechos, debieron pasar muchas horas para que la cancillería manifestara su rechazo a la violencia y reiterara su voluntad de contribuir por la vía diplomática y de buena fe, a la solución pacífica de la crisis.

Países como Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Guatemala, Cuba, Palestina, Turquía y 17 países de África, al conocer la noticia de inmediato condenaron el atentado contra las sedes del gobierno de Venezuela. El día 28, el vicepresidente venezolano, Tarek El Aissami, informaba que las FANB habían localizado el helicóptero utilizado por Óscar Pérez en su atentado y fallido intento de insurrección.

Estos hechos ponen en evidencia los planes de la oposición en Venezuela que hasta ahora ha rechazado sentarse a dialogar y buscar una salida negociada a la crisis política que enfrenta Venezuela. Han quedado en el olvido los intentos del Vaticano y de la socialdemocracia europea de principios de año, por llevar a la mesa de las negociaciones a la oposición, empeñada en deponer al gobierno de Nicolás Maduro y hacer a un lado las leyes que rigen la vida de los venezolanos.

¿Qué pasaría en México si alguien declarara púbicamente que no descansará hasta deponer al presidente Enrique Peña Nieto o verlo muerto? Algo que planteó Leopoldo López en su momento, ¿Qué pasaría si lo que ha venido sucediendo en Venezuela, en su parlamento y en las calles, pasara en México? No he visto de parte del gobierno de Venezuela hasta ahora sino su esfuerzo por evitar la violencia y el enfrentamiento con la oposición, en buscar el dialogo con la oposición, rechazado una y otra vez; lo cual revela los nuevos métodos desarrollados para deponer a los gobiernos democráticos cuando se vuelven incomodos para Estados Unidos como en Honduras y Paraguay.

En realidad, lo que sucede hoy en Venezuela no es más que la inversión de los enemigos de la democracia para alimentar los medios. A la oposición y a quienes la financian, no les importa la vida de los ciudadanos, no les importa ni el bienestar ni la estabilidad de un país, sino crear casos de violencia para alimentar a los medios y que sean ellos quienes hagan el trabajo para deponer el gobierno.