Estados Unidos de líder internacional a bully de naciones 

Luis Gutiérrez Poucel
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Empezando por Reagan y pasando por las dos administraciones republicanas de Bush padre e hijo, hasta llegar a Trump, Estados Unidos ha venido abandonando gradualmente su liderazgo global, en favor del modelo Estados Unidos Primero; un modelo explícitamente basado en los intereses económicos estadunidenses. Los principales ingredientes del modelo son (1) el neopopulismo de derecha en donde se culpa al resto del mundo de los males estadunidenses, antes de asumir responsabilidad propia y actuar en consecuencia; (2) renegar de tratados y compromisos internacionales en favor de acuerdos bilaterales buscando beneficiar más a Estados Unidos mediante tácticas intimidatorias, y (3) las políticas fiscales regresivas promoviendo la concentración de la riqueza cada vez más entre los más ricos. Un rasgo interesante es que los que votan por los políticos que abogan por este modelo son los más perjudicados por su aplicación: trabajadores menos calificados y clases medias bajas.

Como decía mi amigo y colega economista Ricardo desde Washington, el siglo XX probablemente se pueda calificar como el de Estados Unidos. En efecto, EU desempeñó papeles destacados en las dos guerras mundiales; su modelo de dominación creció en importancia hasta opacar las formas coloniales de dominación de las potencias europeas. Estados Unidos no buscaba la ocupación militar y explotación de los recursos de las colonias, si no buscaba beneficiar los intereses americanos a través de su apertura al comercio, la industria, las finanzas, los ideales políticos, el cine, la música, la radio… En suma EU buscaba la dominación a través de la extensión de su economía y la propagación del American Way of Life.

Después de la Segunda Guerra Mundial el primer desafío al liderazgo estadunidense fue el de la Unión Soviética, produciéndose una rivalidad que llevó a la propagación de dictaduras en el tercer mundo. Estados Unidos optó por apoyar a regímenes amistosos independientemente de que fueran democráticos o no. La rivalidad también se manifestó en guerras y conflictos armados como los de Corea, la rebelión húngara, la Revolución cubana, Vietnam, la rebelión checa, la guerra civil en Angola, etcétera. La rivalidad de esta Guerra fría llevó a la URSS y EUA al borde del enfrentamiento nuclear.

Con el desmembramiento de la URSS y la caída del Muro de Berlín, se vino un periodo de incertidumbre con la aparición de nuevos contendientes a la dominación estadunidense, donde la característica más relevante era que dicha rivalidad se producía en diferentes áreas: más de un país empiezan a competir contra Estados Unidos en el comercio, otros países en las finanzas, algunos más en las industrias punteras, etcétera. En paralelo a este desarrollo aparece otro desafío, el terrorismo, fenómeno que gradualmente se profundiza y extiende a casi todos los países del orbe, cobrando una nueva dimensión a partir del 9 de septiembre de 2001, con el atentado terrorista a las Torres Gemelas en Nueva York.

Ante estas rivalidades con varios países y grupos de naciones entre los que destaca China, la Unión Europea, India, Rusia, México, los países árabes y otros, Estados Unidos en lugar de fortalecer las instituciones y acuerdos internacionales, ha optado por el camino individual de “Estás conmigo o en contra mía”. EU favorece la visión hacia dentro, reconociendo que ya no es el único país que impone las reglas del juego. Claro, al no existir la rivalidad entre sistemas económicos-políticos, desaparece la necesidad del líder del bloque de los países capitalistas.

Ahora lo que existe es la competencia entre países para llegar primero a los mercados y desarrollar los mejores productos. Ahora existe la necesidad de acuerdos internacionales para luchar contra el terrorismo y el cambio climático, pero Estados Unidos opta por salirse de los compromisos internacionales, prefiriendo las negociaciones bilaterales en donde puede intimidar con sus fortalezas para lograr mayores concesiones, sin importar las obligaciones internacionales, ni los costos a terceros.

Bajo la administración de Trump, la política de Estados Unidos Primero se empieza a pregonar abiertamente sin cortapisas, usando los enfrentamientos y las tácticas intimidantes en todas las relaciones internacionales, como el comercio, los compromisos ecológicos, la inversión, las finanzas, la migración, etcétera. La visión es muy cercana al de la autarquía de varios países en el pasado, que sin lugar a duda traerá –como sucedió en los países que cerraron sus fronteras para proteger sus industrias no competitivas– una pérdida de crecimiento, mayor concentración del ingreso y disminución del bienestar social.

El gradual abandono del liderazgo estadunidense se verá reflejado en todas las áreas de expresión de las naciones, especialmente en el menor crecimiento en el ingreso per cápita y la menor competitividad de las industrias punteras, las del futuro, en Estados Unidos, así como en el aumento en la inseguridad mundial. El costo para Estados Unidos se verá reflejado en menores ingresos de los trabajadores, mayor desempleo de la mano de obra de baja calificación, mayores costos para los consumidores y menor competitividad en las industrias de nuevas energías, telecomunicaciones, transporte, sistemas digitales y otras.

Desgraciadamente, si algo nos dice la historia, es que ni con canicas ni palitos se le puede explicar a los neopopulistas los beneficios de la cooperación internacional y la apertura económica comercial con el resto del mundo.

Seguramente otras administraciones estadunidenses van a ser más favorables a los compromisos internacionales, buscando su reinserción en la comunidad de naciones. Sin embargo, va a ser difícil que Estados Unidos vuelva a ocupar el principal liderazgo en las áreas políticas, económicas, industriales, financieras, militares, etcétera. El mundo de mañana verá nuevos liderazgos, con la gran amenaza de que uno o varios de estos liderazgos provengan de China, un país con un régimen nada democrático.

El futuro será caótico, sobre todo para México, América Latina y los países del tercer mundo que sufrirán más la falta de acuerdos internacionales, aumento del terrorismo y los efectos del calentamiento global.