Comer para no morir

Jorge Faljo / Faljoritmo
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Comer para no morir es el título en español de un libro del doctor Michael Greger, un famoso especialista en nutrición estadunidense. Lo leí en inglés (How not to die)  porque no se consigue en México y traído de España cuesta casi cuatro veces más que comprado en Estados Unidos. Una lástima, porque es un libro magnífico. Usualmente no escribiría sobre nutrición pero este libro va más allá de ese tema.

Sobre una sólida base científica el libro no solo es convincente sobre la importancia de una nutrición que puede prevenir y aliviar enfermedades. También, sin ser su propósito central, el libro constituye una denuncia demoledora sobre las causas de la mala salud de la población estadunidense, derivada en gran medida de la colusión de intereses de un sistema de salud al que no le interesa prevenir y realmente curar, sino conservar pacientes como consumidores permanentes de fármacos y servicios médicos y hospitalarios.

A partir de lo que en cada punto parecerían observaciones secundarias a los consejos de salud, y casi sin querer, el libro es también una denuncia de la colusión entre los intereses de las grandes productoras de fármacos, las asociaciones médicas profesionales, el sistema hospitalario y las instituciones públicas que deberían velar por la salud de la población estadunidense.

Recordemos que la salud de los estadunidenses es mala. Dos de cada tres tienen sobrepeso y la obesidad ha crecido de 13 por ciento en 1962 a más de la tercera parte de la población adulta y de prácticamente cero a 17 por ciento de menores de edad en 2008.

De acuerdo al doctor Greger esto incide en que los estadunidenses tengan mucho mayores porcentajes de ataques cardiacos, enfermedades pulmonares, diabetes, cáncer, presión alta y enfermedades crónicas en general que la población de países que todavía siguen dietas tradicionales, bajas en el consumo de azucares, grasas y derivados animales. La comparación histórica señala que el cambio a una dieta industrial moderna tiene repercusiones muy negativas para la salud.

Algunos elementos señalados en el libro me han resultado particularmente impactantes. Los enunciaré de manera sintética.

Para Greger “la ganadería industrial moderna ha acabado con los herbívoros. La producción avícola y ganadera en gran escala se basa ahora en incluir los desechos de todo tipo generados en los mataderos como parte de los forrajes con que alimentan a los animales que consumimos. Esto causa una acumulación progresiva de substancias tóxicas y degenerativas en las carnes blancas y rojas, y también en la leche y huevos que consumimos. La enfermedad de las “vacas locas”, que infectó a toda una generación de británicos, pero “solo” mató a varios centenares, tuvo su origen en la dieta caníbal del ganado vacuno.

Cuando Oprah Winfrey, una popular conductora de un programa de televisión se enteró de la forma de alimentar a los animales que comemos, dijo que “jamás volvería a comer una hamburguesa”. Y fue demandada legalmente en base a una ley que hace ilegal dar a entender injustamente que un alimento perecedero no es seguro para el consumo humano. Tuvo que gastar una pequeña fortuna a lo largo de cinco años para finalmente ser declarada inocente. Ganó, pero al mismo tiempo la industria de la carne demostró su poder. Ahora esa misma industria promueve una ley que prohíba tomar fotos y videos de sus procesos.

“La asistencia sanitaria es, realmente (dice Greger), la tercera causa de muerte en Estados Unidos.” La suma de infecciones hospitalarias (muchas porque los doctores no se lavan las manos), los efectos secundarios de los fármacos, los errores médicos y el exceso de procedimientos innecesarios lleva el número de muertes anuales a rozar las 300 mil.

En Estados Unidos se aplican muchos más procedimientos caros que en países con mejor sistema de salud. Una tomografía computarizada es equivalente a 300 placas de rayos X. Se recomiendan incluso en casos triviales y sin informar adecuadamente a los pacientes. Son de particular riesgo para los niños y en general originan unos 25 mil casos adicionales de cáncer al año.

Otro procedimiento de alto riesgo son las colonoscopías; tan traumáticas que los pacientes reciben amnésicos para que se olviden del proceso. Son la gallina de los huevos de oro que hacen que un gastroenterólogo gane medio millón de dólares al año. Aparte de que muchas son innecesarias en Estados Unidos cuestan miles de dólares mientras en otros países solo centenares. La causa es que el precio estándar de este y otros procedimientos es fijado en sesiones secretas de la Asociación Médica Americana.

Una de las facetas del sistema es un sistema de referencias en que un médico remite a su paciente con otro doctor o especialista y es recompensado mediante una comisión. Un estudio del gobierno estadunidense concluye que sin comisiones  habría un millón menos de referencias innecesarias al año.

Para Greger uno de los grandes obstáculos para que la población adopte una alimentación sana es que desconoce la verdadera, y muy baja efectividad de los tratamientos médicos y hospitalarios en el caso particular de las enfermedades crónicas. Cada año se prescribe un promedio de 13 recetas por adulto o niño en Estados Unidos, pero esos miles de millones de pastillas no mejoran la salud promedio. Se oculta la verdad a la población.

Desalentar el uso de fármacos no sería bueno para la minoría a la que sí le sirven. Sin embargo, conocer la verdad llevaría a muchos a procurarse una dieta saludable junto al uso de las medicinas y eso sería mucho más efectivo. Al grado de que esta opción le permite a muchos detener el avance de sus enfermedades crónicas y en otros casos un verdadero alivio.

Se puede aprender más sobre estos asuntos tecleando Greger en internet, lamentablemente solo en inglés.

Concluyo señalando que Estados Unidos era el país de la OCDE con mayor porcentaje de obesidad hasta que México lo sobrepasó en 2013. Con un sistema público de salud en deterioro y otro sistema privado dominado por el afán de ganancia y alimentado desde el sector público mediante el pago de seguros privados a sus funcionarios privilegiados.

Eso en lugar de promover estilos de vida saludables para todos.