El inseguro e inexperto Gerónimo Gutiérrez

Pablo Cabañas Díaz
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Hillary Clinton, revela en su libro Decisiones difíciles que en el sexenio pasado Felipe Calderón, le pidió la renuncia de Carlos Pascual como embajador de Estados Unidos en México. “Calderón me dijo que ya no quería seguir trabajando con Carlos (Pascual) e insistió en que fuese reemplazado”, recuerda Clinton, luego de una reunión que sostuvo con el panista tras el escándalo de Wikileaks y que describe como una de las más duras en las que ha estado.

“Cuando acabó (la reunión), le dije a Carlos (Pascual) que no tenía más remedio que traerlo de vuelta a casa, pero le aseguré que le encontraríamos una misión que se ajustase a su habilidad y su experiencia. En el libro, la exsecretaria de Estado asegura que Calderón estaba lívido tras conocer la opinión de Pascual sobre el Ejército Mexicano al que calificó de poco profesional. “Fue la canciller Patricia Espinosa quien me sugirió encontrarme con él para ofrecerle una explicación y una disculpa”, explica.

El escándalo generado por la primera entrega de Wikileaks era parte de la historia reciente, pero a una semana de que Donald Trump asumiera  la Presidencia de Estados Unidos, el gobierno de México hizo dos movimientos clave en la Secretaría de Relaciones Exteriores: Gerónimo Gutiérrez fue propuesto como nuevo embajador en Estados Unidos y Carlos Sada, quien ocupaba dicha sede diplomática, fue nombrado subsecretario para América del Norte.

Fue el de Gutiérrez un nombramiento polémico para decirlo con suavidad.  Carlos Pascual, embajador de Estados Unidos en México (21/10/2009-19/03/2011) dirigió al Departamento de Estado el cable confidencial 228419 el 5 de octubre de 2009, el “cable relata la ayuda que México necesita de Estados Unidos”.  El documento subraya la insistencia de Gerónimo Gutiérrez, entonces subsecretario de Gobernación, y del finado Jorge Tello Peón, coordinador de Seguridad Nacional, ante la delegación estadunidense para realizar urgentemente “esfuerzos conjuntos en dos o tres ciudades clave” con el fin de revertir la ola de violencia e inestabilidad que padecían.

 Ciudad Juárez y Tijuana, “y una tercera más” que podría ser Torreón, fueron las propuestas del grupo de funcionarios mexicanos que ese día se reunió con la delegación estadunidense, que encabezó Bruce Swartz, Kenneth Blanco, Paul Rosen, Tony García y Keith Mines. Según el informe del embajador Pascual, “ellos suponían que el simbolismo de cambiar algunas de las ciudades más violentas sería muy poderoso; enviaría una señal para el resto del país de que la lucha contra el crimen organizado puede ganarse”. Tello Peón sugirió que “formáramos una célula de planeación con algunos expertos de cada lado para poner en marcha programas para los próximos dos años”.

El cable fue enviado con copia a la Agencia Antidrogas estadunidense, al responsable del Comando Norte, al del Comando Sur, al Departamento de Seguridad de la Patria, al Departamento de Justicia, al Servicio de Marshals y a la Casa Blanca. Agrega que Gutiérrez advirtió que “tenemos 18 meses y si no se produce un éxito tangible que reconozca la población, habrá dificultades para sostener la confrontación en la próxima administración”.

Los informes diplomáticos detallan también  una reunión con altos funcionarios de la Fiscalía General de Estados Unidos y el entonces subsecretario de Gobierno de la Secretaría de Gobernación, Gerónimo Gutiérrez, quien reconoció que la violencia en México empeoraba cada día. La respuesta del gobierno calderonista fue  negar la información difundida por Wikileaks. El entonces vocero de Seguridad, Alejandro Poiré, afirmó que “el Estado mexicano estaba en pleno control del territorio”. La visión del Departamento de Estado era otra como se aprecia en la comunicación número: 06MEXICO5698, en la se reproduce una conversación que tuvo lugar en octubre del año 2006, entre el entonces subsecretario de Relaciones Exteriores, Gerónimo Gutiérrez y el subsecretario asistente para Asuntos del Hemisferio Occidental, Thomas Shannon.

En el encuentro entre Shannon y Gutiérrez, el redactor describe al mexicano como “inseguro”. Comenta que Gutiérrez le pintó al estadunidense un panorama sobre la situación política de Calderón más pesimista. Al final del acuerdo hubo un breve intercambio sobre el voto pendiente para el asiento correspondiente a Latinoamérica en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas. Shannon instó a México a apoyar la candidatura de Guatemala, en contra de la de Venezuela. Sin más, Gutiérrez accedió. Unos días antes, del encuentro entre Shannon y Gutiérrez el Senado estadunidense había aprobado dar fondos a la construcción del muro fronterizo. Gutiérrez llamó al muro “una pastilla amarga de tragar”.

El informe del embajador Pascual, también muestra a Gutiérrez Fernández como un personaje “inexperto”, el diplomático estadunidense escribía: “ellos creen que el simbolismo de cambiar algunas de las ciudades más violentas sería muy poderoso; enviaría una señal para el resto del país de que la lucha contra el crimen organizado puede ganarse, y combatir el sentido de impotencia de muchos mexicanos”. Pascual describe que Gutiérrez hizo un balance de cómo veían la Iniciativa Mérida los funcionarios mexicanos y que se daban cuenta de que “no hubo suficiente pensamiento estratégico en la primera fase” de ese plan. La presencia de Gutiérrez en Washington ahora como embajador de México no será nada distinta en su trato con los funcionarios estadunidense de cómo fue en su paso por Relaciones Exteriores y Gobernación.