¡Aguas con el agua!

Raúl Moreno Wonchee / La nave va
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Como hay vida además de elecciones, en el marco del Día Mundial del Medio Ambiente el presidente Peña emitió diez decretos de reserva de agua. El coro fácil entonó con su acostumbrada irresponsabilidad, la apresurada acusación de que el objetivo del gobierno es privatizar el agua, con lo que inventó una falsa, una más, bandera electoral y desvirtuó la importancia ambiental y social de los decretos. Como el tema no es fácil, acudo a la opinión de una experta, la doctora Julia Carabias: las reservas garantizan de manera perenne el agua para el consumo humano y la biodiversidad al asegurar el funcionamiento del sistema hidrológico natural. Las vedas prohíben el aprovechamiento del agua en un sitio determinado por el deterioro de los cuerpos de agua. Las vedas se establecen mientras se restaura el equilibrio hidrológico, se  conserva el ecosistema y se garantizar el consumo humano. Y cuando técnicamente se determina que se han alcanzado esas correlaciones, se puede decretar una reserva para lo cual es necesario levantar la veda. Los nuevos decretos eliminan 108 vedas, aseguran un volumen de agua sustentable y protegen el 80 por ciento del caudal disponible en cuencas donde las vedas sólo protegían el 14 por ciento. Si el balance hídrico demuestra que queda agua disponible para otros usos, ésta puede ser concesionada de acuerdo a la normatividad correspondiente. El sistema de concesiones debe transparentarse con rendición de cuentas, regirse por los derechos constitucionales a un medio ambiente sano y acceso al agua suficiente en calidad y cantidad. Debe precisarse el caudal ecológico en todo el país y que el uso del agua no comprometa la seguridad hídrica. Las reservas de agua contribuyen a garantizar agua para todos y para siempre. Más claro, ni el agua.

 

 

Juego limpio

Raúl Moreno Wonchee / La nave va
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La vida es lo que ocurre mientras hacemos planes. No sé si fue una tesis filosófica, una simple exclamación o una genial ocurrencia del gran John Lennon, el que le puso voz cantante a la clase obrera a punto de ser aplastada por la inefable Thatcher, al renacimiento imaginativo de la utopía y a su lucha por la paz al desnudo. Haciendo planes se nos pasa, vertiginosa, la existencia. Sexenios fugaces pero cuyo fin se vuelve turbulento, lo que obliga a atrever la mirada un poco, sólo un poco más allá de la fatalidad electoral. Hay quienes presos de su precariedad política han adelantado vísperas y echado por delante su ansiedad, convertida en soberbia por tanto querer y no poder; mientras otros, que a pesar de estar en el poder, han aceptado que no han querido, mucho menos podido. En esta temporada electoral hemos disfrutado la dicha inicua de perder un tiempo que debimos ganar preparándonos para la tormenta perfecta que nos amenaza: desde el norte brutal que nos desprecia y aquí, entre nosotros, el fermento maloliente de una división denigratoria en una lamentable campaña que no ha aportado un ápice a la cultura cívica y política del pueblo ni a su conciencia social. Mientras la ofensiva trumpista pasa de los dichos a los hechos y el presidente encabeza la defensa de la nación, el lodo electoral deja discordia. En Corea, Kim con su comunismo irredento y Moon con su capitalismo expansivo, han sabido privilegiar el interés patriótico para avanzar en la reconciliación y derrotar el belicismo de Trump. Aquí, nuestra unidad nacional reclama reconocer tanto al enemigo común como el compromiso en defender a México. Y el juego limpio que enseñe a saber perder y a saber ganar; a crear las condiciones para alcanzar los acuerdos que nos permitan contener a Trump.