El INE y el abejorro

Humberto Musacchio
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Cuando faltaba menos de una semana para los comicios, David Colmenares Páramo, titular de la Auditoría Superior de la Federación, visitó el Instituto Nacional Electoral, donde firmó un acuerdo dizque para evitar, dice La Jornada, el desvío de recursos y establecer “medidas preventivas que eviten la recurrencia de irregularidades” (je, je).

            Por supuesto, resulta ocioso, por extemporáneo, que un acuerdo de esa naturaleza se firmara a unos días de la votación, cuando ya mucho del dinero ilegal estaba gastado o distribuido por todo el país para sufragar la compra de votos, el acarreo, la coacción y otros mecanismos electorales ilegítimos.

            Resulta de una soberana ingenuidad creer que el señor Colmenares puede actuar en favor de la limpieza electoral, política, administrativa o de cualquier orden. El flamante auditor Superior de la Federación es un perfecto ejemplo de funcionario bajo sospecha, pues su breve actuación ha resultado escandalosa por haber metido a sus compinches en los principales cargos de la ASF, de donde despidió a Muna Dora Buchahín Abulhosn por incómoda, pues ella es la que puso al descubierto la “estafa maestra”, transa del gobierno priista mediante la cual fueron desviados, por lo menos, siete mil 700 millones de pesos que salieron de Sedesol y Sedatu, en 2013 y 2014, mediante la triangulación de esos fondos con universidades y “empresas fachada”, dinero que se destinó a campañas electorales del PRI o de plano se fue a los bolsillos de algunos vivales.

Por supuesto, los achichincles del tal Colmenares se han dedicado a difamar a la señora Buchahín, pero ella ya tiene demandado por daño moral al abejorro que reina en esa colmena y zánganos que lo acompañan. Sí, porque en pleno año de Hidalgo, a la ASF han caído personas y personajes sin calificación para las tareas de debe desarrollar ese organismo.

En 2012-2013, Colmenares fue auditor especial del Gasto Fiscalizado de la propia ASF, y cuando fue despedido por inútil se convirtió de inmediato en contralor interno del Tribunal Superior de Justicia Fiscal y Administrativa, entidad auditable por la ASF, lo que representa un conflicto de intereses. En estos días, ya en posesión de su nuevo y lucrativo cargo, Colmenares anunciaba en internet a su empresa, que ofrece entre otras cosas, un servicio especializado en fiscalización. Dicho de otra manera, el auditor al que pagamos con nuestros impuestos ofrece asesoría a los auditados.

Con esa alhajita firmó un convenio el INE dizque para evitar malas prácticas con recursos públicos. No, pos sí.

 

 

El colmo de Colmenares

Humberto Musacchio
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Muna Dora Buchahín Abulhosn tenía trece años de trabajar en la Auditoría Superior de la Federación y, por lo publicado, era una honesta y eficiente servidora pública, lo que resultaba irritante en el reino del cochupo, la transa y las complicidades. Precisamente por eso, la funcionaria fue groseramente cesada por el titular de la ASF, David Colmenares Páramo, dizque por haber incurrido en conflicto de intereses.

Los mexicanos le debemos a Buchahín la valiosa y valiente investigación de la llamada “estafa maestra”, que implicó el desvío de siete mil 700 millones de pesos que salieron de Sedesol y Sedatu, en 2013 y 2014, mediante la triangulación de esos fondos con universidades y “empresas fachada” que nunca justificaron el empleo de ese dinero porque no podían hacerlo, pues se destinó a campañas electorales del PRI o de plano se fue a los bolsillos de algunos vivales.

            El pretexto para despedirla fue un presunto “conflicto de intereses”, porque supuestamente dos empresas que ella dirige o en las que influye le dieron capacitación a personal de la propia Auditoría y de otros organismos públicos, por lo cual la acusaron de haber desviado recursos en favor de la Asociación de Examinadores de Fraude Certificados, de la que ella es vicepresidenta.

            Pero sucede que dicha Asociación no es una empresa ni mucho menos un negocio, sino una organización académica que entre sus objetivos tiene la superación de sus agremiados, al igual que los colegios profesionales, que suelen ofrecer capacitación y actualización a sus miembros y a las instituciones interesadas. De modo, pues, que tendrán que buscar algún otro pretexto para justificar el despido.

Lo curioso es que David Colmenares Páramo sí ha incurrido e incurre en conflicto de intereses, pues en su página de internet aparece como director general de la empresa privada Colmenares Páramo y Asociados, que ofrece “un servicio especializado en la calidad económica y la fiscalización… desarrollo consultorías especializadas en diversos temas, destacándose la coordinación fiscal y la auditoría gubernamental dirigida al fortalecimiento de las unidades y/o secretarías de haciendas (sic) estatales y municipales”.

Tal menú de servicios sería plausible si no fuera porque en la misma página donde se exhibe como empresario figura también, “de 2016 a la fecha”, como “Autoridad Federal para el Desarrollo de las Zonas Económicas Especiales, Titular, Unidad de Coordinación Regional y Relaciones Institucionales”.

Por supuesto, los defensores de Colmenares, si los tiene, dirán que eso fue en 2016, pero el hecho es que entonces incurrió groseramente en un conflicto de intereses que debieron conocer y evaluar los 377 diputados que votaron para convertirlo en auditor superior de la Federación, puesto importantísimo que requiere de absoluta probidad y entereza, porque es indispensable que no tenga una cola pisable y porque está permanentemente sometido a las inevitables presiones de los sujetos auditables, básicamente del Ejecutivo Federal y los gobernadores de los estados.

            Pero el señor Colmenares tiene experiencia en eso de figurar en varias nóminas. Por citar un caso, cuando estaba al frente de la Unidad de Coordinación con Entidades Federativas (2000-2006) era simultáneamente miembro de la Junta de Gobierno del Servicio de Administración Tributaria y representante de la Secretaría de Hacienda ante la Conferencia Nacional de Gobernadores (2002-2006). Todo un hombre orquesta.

Por si algo faltara, fue auditor especial del Gasto Fiscalizado de la propia Auditoría Superior de la Federación en 2012-2013, lo que no le impidió convertirse, en el mismo año 2013, en contralor interno del Tribunal Superior de Justicia Fiscal y Administrativa, entidad auditable por la ASF. Desde luego, puede ser legal ese salto al otro lado del mostrador, pero es evidentemente poco ético y propicio al tráfico de influencias.

Con tantas ocupaciones, es muy loable que don David no dejara de dar clases en la UNAM ¿De ética? y que se diera tiempo para pertenecer a las comisiones de Asuntos Tributarios de la Coparmex y el Consejo Coordinador Empresarial, aunque, como bien se sabe, el que a dos amos sirve…

¿No hay en esos casos conflicto de intereses? Colmenares debería renunciar, pero su antiguo compinche (no es grosería) y luego jefe, un tal José Antonio Meade, lo necesita, al igual que el PRI y el PANRD. ¿Para qué? Para cuidarles las espaldas.