Gana México: ¡Derrocamos la pridictadura!

Moisés Edwin Barreda
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La pridictadura es un yugo que soportamos ciento dos años y nadie veía o no quería ver, pero todos lo sufrimos. Estoy muy contento porque la he combatido desde siempre y al fin la derrocamos; ya le dimos chicharrón –la extremaunción– y sólo faltan cinco meses para que la sepultemos.

Estoy más emocionado que en otras circunstancias fundamentales de mi vida. No es para menos el triunfo casi arrollador del pueblo mexicano harto de ciento dos años de expoliación, explotación, saqueo, cinismo y burla a manos de la oligarquía que es la pridictadura, de origen tiránico que fueron los poderes dictatoriales con que, traicionándose a sí mismo como creador del Plan de Guadalupe –los libros no dejan mentir–, se auto-invistió el exsenador porfirista Venustiano Carranza, que convocó a un congreso constituyente a modo y  proscribiendo a los brazos que sostenían la revolución social emprendida en 1905 por Ricardo Flores Magón, sus hermanos y Librado Rivera, entre otros patriotas: Francisco Villa y Emiliano Zapata.

Así como nos urgía derrocar a la pridictadura, necesitamos un congreso constituyente de veras democrático que nos dé Constitución que honre a los mexicanos sacrificados en aras de la revolución social y a Ricardo Flores Magón, el verdadero mártir de la revolución social mexicana ahogada por la burguesía porfiriana y neoporfiriana apoyadas por Washington, como hasta ahora.

Un congreso constituyente antítesis del  congreso espurio de 1916, creador de la Constitución de 1917, cuyo contenido social fue impuesto contra la voluntad de Carranza por Francisco José Múgica, Heriberto Jara –exmagonista–, Manuel García Vigil, José Álvarez y Álvarez entre otros pocos, civiles que se hicieron militares tragando pólvora, para honrar el sacrificio de miles y miles de compatriotas campesinos cuyas esperanzas de redención mediante trabajo, justicia, tierra y libertad, fue traicionada por el grupo de burgueses encabezado por el propio Carranza y el gran traidor Álvaro Obregón Salido.

Confiamos en que López Obrador no refrendará en 2023 los vergonzantes Tratados de Bucareli (Convención General de Reclamaciones) con los que Obregón canceló el desarrollo de México y lo convirtió en traspatio de Estados Unidos de América.

De lo más importante es que el régimen pejista organice un sistema de auditoría a los bienes de la mal llamada clase política y se les confisque lo que pudieran haber robado a la nación, que rescate la soberanía nacional, la dignidad del pueblo mexicano, la soberanía alimentaria entregada tan servilmente por la pridictadura a la transnacional estadunidense Monsanto –hoy Bayer–, reanimar el campo para dejar de importar alimentos, y dar marcha atrás a la reforma energética y darle valor agregado al petróleo.

No menos trascendente es echar abajo las reformas educativa y laborales, implantar métodos pedagógicos que releven al que padecemos, instituido por la oligarquía no más para que repitamos todo como pericos, para que seamos gente obediente a sus mandatos y no razonemos.

También se debe desechar la draconiana Ley de Seguridad Interior que serviría a la pridictadura para perpetuarse, y acabar con el sucio negocio que seguramente se esconde tras la guerra calderoniana al narcotráfico, que ha significado el asesinato de más de 250 mil compatriotas y la desaparición de casi 30 mil, a manos de ejército, marina y policías federales, que actúan como sicarios.

Ahora los mexicanos demandamos y cuidaremos que AMLO no se desvíe un milímetro de la senda redentora de la nación mediante la entronización de la democracia que ha propalado durante dieciocho años.