México inicia su cuarta transformación histórica

Julio Pomar / Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros
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Este primero de julio de 2018, el triunfo electoral del pueblo mexicano significa el inicio de la cuarta transformación histórica profunda de México.

La inmensa mayoría nacional se manifestó por la paz y la unidad, pero principalmente por el cambio categórico del camino de la sociedad y de la reafirmación de la democracia en todos los órdenes de la vida social.

Es rotunda la victoria de Andrés Manuel López Obrador para llegar a la Presidencia de México, junto con el partido Movimiento de Regeneración Nacional, Morena, que lo postuló, y teniendo a un lado a las fuerzas populares que lo secundaron y apoyaron.

Entre estas fuerzas hemos participado destacadamente los trabajadores mineros, metalúrgicos y siderúrgicos de México, bajo la guía acertada de Napoleón Gómez Urrutia, próximo senador de la república por Morena, con quien hemos desarrollado una lucha sin precedente y sin cuartel contra la injusticia en nuestro ámbito propio de trabajo y en el de nuestra existencia, nunca ajenos a las necesidades de la nación y de otros gremios de trabajadores.

Esta fecha marca el momento del renacimiento de México, pues significa el final de un régimen político y económico injusto, avejentado y envilecido, que ha durado varios siglos, desde la fundación de la República en el siglo 19, en el que una minúscula minoría ha sido la beneficiaria absoluta del esfuerzo de todos los mexicanos, y donde las inmensas mayorías sólo recibieron migajas de este colosal esfuerzo transformador y constructivo, a pesar de momentos históricos de progreso.

El triunfo electoral de la mayoría del pueblo mexicano tiene un mandato doble: abandonar la política elitista y neoliberal egoísta, y reiniciar el camino histórico de la democracia y la justicia, basado en un régimen generoso, fundado en la libertad de México, pero también, como proclama el artículo tercero constitucional, en el constante mejoramiento económico y social de sus amplias capas populares.

La democracia no es sólo la de las urnas electorales, sino la de una nueva forma de vida progresista, que México debe recorrer sin desmayos. Y ahora viene a ser confirmada dos siglos después de que la nación se inició en el difícil camino de la Independencia política y un siglo después del movimiento social de la Revolución de México, que abrió los cauces a la igualdad y al desarrollo económico y social.

Con esta victoria electoral de 2018, se confirma la vigencia de la soberanía nacional, según el predicado constitucional, que a la letra dice en el artículo 39: “La soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”. En democracia, ha dicho Andrés Manuel López Obrador, es el pueblo quien da pero es el pueblo quien quita.

Estamos en lucha contra el neoliberalismo del PRI y del PAN y de los partidos aliados a ellos, donde ojalá que sus seguidores puedan reaccionar y sumarse a este gran movimiento que hoy iniciamos, para los cuales tenemos las puertas abiertas. La elección de 2018 es sólo el comienzo de una nueva lucha que será larga. Los Mineros hemos dado las batallas de manera incansable con nuestro líder Napoleón Gómez Urrutia a la cabeza y estamos dispuestos a continuar ese combate político y social, dentro de los cauces pacíficos, no violentos, por los caminos de la ley. Acabar con la corrupción, la impunidad, la inseguridad y la violencia, transparentar el uso de los recursos públicos, salvar las riquezas naturales y cuidar el medio ambiente para utilizarlos en el desarrollo del país, son también nuestros objetivos. Sobre esta base nos proponemos impulsar y acompañar el esfuerzo por el desarrollo económico y social.

Los funcionarios públicos y los miembros del Poder Legislativo nacional no podrán ser ajenos a este esfuerzo. Les exigiremos que cumplan con la norma democrática contenida en la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos y con los preceptos de la ética social. En este esfuerzo de cambio no nos amedrentan las agresiones de las jaurías mediáticas, de la misma manera que a nuestros líderes, López Obrador y Gómez Urrutia no les han hecho doblar las rodillas ni cambiar de objetivos. Se trata de que, así como Juárez separó a la Iglesia del Estado, hoy se separe la política de los intereses económicos de los poderosos.

La nueva democracia deberá proponerse todos los días,  abarcar a mayores segmentos y capas del pueblo mexicano, con el fin de volverla indestructible. No podemos retornar a las claudicaciones que hicieron fracasar a otros procesos populares que acabaron siendo caricaturas de lo que iniciaron.

Las andanadas de ataques contra nuestros dirigentes López Obrador y Gómez Urrutia sólo tienen una explicación: quienes los impulsan y los pagan son gente económicamente poderosa que tiene pánico a perder los privilegios y la riqueza que han acumulado a lo largo de años de confabulaciones y complicidades entre algunos malos empresarios y deshonestos funcionarios. Nosotros no estamos contra la riqueza bien habida de quienes se esfuerzan y hacen crecer su patrimonio a partir de un esfuerzo honesto y sano, pero no aprobamos que esas fortunas se hayan generado en el tráfico de influencias y la corrupción.

Véase el trato que los auténticos sindicalistas mineros, metalúrgicos y siderúrgicos les damos a los empresarios honestos en nuestro sector. Con ellos protegemos la fuente del empleo y no deseamos que esta se debilite sino que se fortalezca, para el beneficio común que eso implica, tal como lo predica siempre nuestro dirigente Gómez Urrutia. Así deberá ser en todo el ámbito nacional, como lo señala López Obrador. Hay que crear las fuentes de riqueza y sostenerlas, hacerlas crecer. Por el contrario, la ambición y la avaricia destruyen todos estos esfuerzos positivos.

En la política estamos y seguiremos estando en contra de las manipulaciones del poder que han practicado los miembros del PRI y del PAN, con sus formas de control y simulación enemigas de la democracia real del pueblo.

Inicia México, pues, una trayectoria generosa de luchas y afanes de superación y de progreso. Todos los mexicanos debemos estar sumados a este esfuerzo. No caben en ello desmayos ni debilidades, el país y el pueblo lo necesitan y lo demandan.

Los Mineros hemos estado siempre en la primera línea de estas luchas históricas, y en ellas seguiremos estando, junto con la población de México y con el gobierno que encabezará Andrés Manuel López Obrador. Así será.