El inicio de las tareas

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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Para los compas Leonel Posadas, Benito Collantes y Claudia Sheinbaum.

¿Consolidar? Consolidado está el triunfo. El triunfo sobre todo de los jóvenes, que ayudaron, como perros de presa, a vigilar casillas, a repartir los días previos volantes y propaganda y sobre todo, cuando se supo del triunfo, su sonrisa y sus gritos nos iluminaron a todos. Ahora viene la parte difícil de las tareas: construir sólidamente la organización social que requerimos y la que debemos llevar a cabo desde abajo y a la izquierda, que fue la que finalmente permitió que el triunfo se consolidara. Eso nos hará diferentes, electoral y socialmente sobre todo. Darle prioridad a esas tareas es la tarea de las próximas tareas.

No es fácil conseguir y consolidar un triunfo como el del domingo; en particular un triunfo electoral en América Latina. Son muchas las fuerzas que se oponen sobre todo a consolidar esas victorias, lo mismo en Brasil que en Ecuador o Argentina; se triunfa y al día siguiente se fracasa, como si eso fuese la marca de la casa. ¿Por qué, por qué es tan difícil consolidar un triunfo electoral? Habría que preguntárselo a los chavistas, a Evo: ¿cómo se logra anular la tarea de minado de un triunfo electoral de las leves izquierdas que lo logran y que no tardan en ser boicoteadas por el gran capital criollo y la CIA? Debemos, ya, comenzar a hacernos esas preguntas, al mismo tiempo que se comienza a gobernar conciliadoramente y al mismo tiempo que cumplimos con las esperanzas de los desposeídos por un lado y cumplimos también fundando la estructura de un nuevo país más justo, más libre, más ecuánime.

La tarea es pues dura, es difícil, es compleja. Construir para dar a los más pobres sustento y poder, al mismo tiempo que evitamos los sabotajes de todo tipo de quienes no quieren que la izquierda gobierne. Un avanzar difícil se vea por donde se vea, porque, en esos casos, la revolución no está declarada y por tanto se tiene que gobernar con mucho tacto y cautela, desde el momento en que la propia fuerza que gobierna está conformada por bloques diversos y contrarios que están haciendo un esfuerzo enorme para juntos gobernar y que saben que, finalmente, al interior de ese bloque único gobernante va a dominar quien más habilidad tenga para someter a un mando único a los demás bloques que integran la fuerza gobernante. Esos, entre otros (una vez que se dé la embestida de los búfalos), son algunos de los problemas a los que, la izquierda obradorista, habrá de hacerles frente si es que realmente quiere consolidarse como fuerza dominante de ese bloque tan diverso que es hoy, precisamente, el obradorismo.

Que no se diga que para nosotros, la izquierda obradorista, no está clara la tarea. Sabemos qué hacer y hacia dónde avanzar; es más, conocemos las dificultades que ello conlleva. Pero tenemos una ventaja: es claro el panorama que se vislumbra frente a nosotros. Conocemos nuestros tiempos y nuestros espacios. Tenemos la experiencia y la juventud (y no, no es ninguna contradicción) de nuestro lado.

 

 

Una lucha por etapas

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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El sábado comienzo a escribir para publicar el lunes. Se trata de adivinar en mucho. En reflexionar si todo se hizo bien y si fue posible anular el fraude que cada seis años se opera para anular así el triunfo Andrés Manuel López Obrador. Ello lleva a pensar en Mitterrand: primero en sus años de lucha electoral y luego de gobierno socialista; un hombre que nunca se cansó y que gobernó para bien de su país; un político, pues, de tiempo completo. ¿Será ése el hombre ejemplo de López Obrador?

Ojalá y sea éste un lunes de victorias para nosotros, porque con él comienzan múltiples luchas y desde ahora hay que estar preparados para ellas. No, claro, por los puestos que estarán en disputa. Que le entren a ello los que quieran y puedan.  Eso para nosotros no tiene sentido ya ni significado. Vienen, más bien, las cosas profundas e importantes, las que nos llevan a reflexionar en serio: qué vamos a hacer, primero, para consolidar la victoria; segundo, consolidada la victoria y creado su ejército, cómo seguir adelante para no, con Stalin, quedarnos a mitad del camino. Porque sobre eso segundo hay mucho que reflexionar. Pero, lo primero es lo primero.

Si ganamos cómo fue que ganamos. Porque se trabajó arduamente y porque el enemigo (PRI y PAN y monaguillos) acumuló en su contra a múltiples y diferentes aberraciones tanto de carácter social como económico (corrupción inconcebible), pero supo conservar incólume su estructura partidaria que le permite operar el fraude y que eventualmente le permite triunfar en las elecciones, que ojalá y hoy no haya pasado eso. Que ojalá y hoy no estemos recordando estas palabras de Orwell: “Un pueblo que elige corruptos, impostores, ladrones y traidores, no es víctima, es cómplice”. AMLO, como siempre, trabajó con la entrega a todo lo que daba y rodeado de un equipo muy balanceado e igualmente entregado como él, y por eso no en balde logró mantenerse a lo largo de toda la campaña en primer lugar en las encuestas de intención del voto y con la opinión a nivel nacional y extranjero de que nadie le disputaría la Presidencia del país.

Sí, el lunes el país se mantendrá en ascuas por el juego de México contra Brasil, creo, y ya, el lunes también, sabremos cómo pintaron las elecciones y  estaremos reflexionando sobre el futuro inmediato. ¿Conoceremos ya nuestro comportamiento? La hora de las decisiones se acercará: a partir del lunes a qué vamos a jugar para poder defender nuestro futuro inmediato: ¿qué estaremos dispuestos a hacer para que se respete nuestra voluntad, sea el que haya sido el resultado electoral? Porque, extrañamente, si no ganó AMLO tendremos que hacer algo para que el fraude no se concrete, y más tendremos que hacer si ganó, pues a partir de allí nuestra tarea será enorme: construir un nuevo país, justo, limpio, honrado, colectivo.

Elecciones muy trascendentes las de este domingo, sin duda.

Es lunes ya, el fraude no se concretó. Las cifras de la victoria, vía PREP, son apabullantes (finalmente el INE cumplió con la tarea): de los 89.3 millones de mexicanos que podían votar, el 63% de ellos votaron. De ese 63%, 52.9% votaron por López Obrador para presidente, el 37.52% le dieron su voto a Juntos Haremos Historia para senadores y 37.59% para diputados. Habrá casi igualdad, en ambas cámaras, entre hombres y mujeres.

Cifras victoriosas y llenas de significado.

 

 

Limpiar los partidos

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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Muchas son las tareas que quedan por venir. Las de dentro y las de fuera. A todas hay que ponerles ganas. Así, una de las más intensas que se avecina es trabajar en el próximo régimen de partidos para tratar de tal manera de construir una nueva democracia, partiendo del hecho de que la actual es una mierda y no se merece ninguna confianza. Se trata, pues, de, mínimo, dos tareas muy complejas partiendo del hecho de que el 1 de julio saldrá triunfante AMLO. De esta forma sería, primero, limpiar los partidos desde dentro para que ellos dejen de ser, todos, los porquerilleros que son y han sido: desde partidos de grupos, tribus y bloques, hasta llegar a ser los consejos que se requieren más allá de los sindicatos y las tribus, para que una vez que sean consejos (integrados en torno a creencias ideológicas y que sean un sistema de vasos comunicantes que le den cuerpo al nuevo sistema político) disputen arduamente por los principios ideológicos que sostienen y que deben ser totalmente diferentes al paquete de creencias que estructuran en la actualidad a los partidos políticos. Los consejos, así, con su lucha darán origen a una nueva forma de organización política que le cerrará espacios a la democracia tradicional vigente hasta hoy para generar a los nuevos sistemas colegiados que gobernarán sin corrupción y plena representatividad a los nuevos Estados con su estructura actual: en la base el municipio, luego de ahí el estado y finalmente la federación.

            Mucho trabajo, pues, por delante.

            Y más aún, porque un sistema colegiado implica trabajo diario e intenso, pues los gobiernos que se rigen por esos sistemas colegiados trabajan de continuo y arduamente por el bien y mejoramiento de las comunidades todas sin más beneficio que ese mejoramiento y bienestar ascendente y continuo de la comunidad para las cuales trabajan, pues los integrantes de los consejos son todos miembros de la base y a la izquierda de las comunidades a las cuales los consejos representan, construyéndose así una verdadera democracia desde la base y para la base.

            Korsch y Lukács, dos marxistas verdaderos, escriben libros esenciales para conocer sobre la democracia de los consejos: el primero, Marxismo y filosofía; el segundo, Historia y consciencia de clase, en los cuales, dentro de su ortodoxia, le dedican espacios muy amplios a tratar el tema de por qué nuevas etapas sociales requieren necesariamente de nuevas formas de organización política que garanticen que los nuevos actores sociales que surgen precisamente con esas nuevas acciones sociales vean consolidadas sus búsquedas con estructuras (como los consejos) que garanticen la consolidación de las nuevas formas de organización social.

            Hablar, pues, de un trabajo arduo e intenso luego del triunfo que se avecina, no es gratuito, es necesario, si queremos que ese triunfo se consolide y avance. ¡Vivan desde ya los consejos populares por venir!