Días que conmueven a México

Jorge Meléndez Preciado
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.     @jamelendez44

No fue un tsunami. Tampoco un huracán. Más bien se trató de una rebelión forjada durante largo tiempo, donde intervinieron muchos, algunos incluso olvidados  en las celebraciones y en el discurso en el estadio Azteca, pero que aportaron a la lucha de un terco que supo levantarse más de tres veces aunque allí quedan sus esfuerzos muy claros hace doce y seis años,  en donde en ambas  ocasiones  el fraude, las alianzas de los partidos tradicionales y los grupos de poder (políticos y empresariales), le impidieron llegar a la cumbre.

En tiempos recientes vimos como los panistas Fox y Calderón dilapidaron más de cien mil millones de dólares de la riqueza petrolera en boatos absurdos y una guerra sin sentido  contra el narcotráfico para lucir un ropaje cómico de militar y complacer a Estados Unidos. Y como la nueva generación de priistas robaba a manos llenas, enajenaba todo incluida el agua en una reciente acción y se solazaba que las masacres de Atenco a Ayotzinapa, pasando por los asesinatos a jóvenes, periodistas y defensores civiles, eran vistos no con desdén, más bien con desprecio.

Todo ello llevó a que el más persistente aprovechara ese remolino formado por millones y lograra lo que pocos esperaban: arrasar con las anquilosadas instituciones, llamadas partidos, que a inicios del sexenio se sentaron a mostrarnos cómo terminar de fastidiar a México y los medios festejaran esa una nueva depredación. En tanto el motejado de varias formas  evitó que unos cuantos lograran su avieso propósito: hacer que nuevamente perdiéramos hasta la esperanza.

Y el primero de julio, no obstante que algunas encuestas ya lo habían pronosticado, fuimos descubriendo que nos encontramos en los días que están conmoviendo a México, parafraseando a John Reed, en su libro acerca de la Revolución de Octubre, aunque la nuestra, según frase puntual de Andrés, será pacífica y radical, algo que espanta no a las buenas conciencias sino a los ignorantes del lenguaje.

Ahora, la gran mayoría de medios complacientes, se conmocionan porque Morena sea mayoría en el Congreso y pueda hacer leyes en contra de los que abusaron de las reformas energética, algo que ya señaló la Comisión Nacional de Hidrocarburos pudo existir; de darle una pensión digna a los de la tercera edad y de otorgarle becas y apoyo a los jóvenes, discapacitados, miserables. Antes jamás dijeron nada por los 800 mil millones de pesos que se erogan en fideicomisos sin que exista supervisión. O que el dos por ciento del PIB se vaya en la corrupción de pocos que viajan a Rusia como anteriormente a otros mundiales de futjunto con empleados de narcotraficantes.

Impresionante elección. El PRI no ganó en ninguno de los 300 distritos, debido al cuidado  y exigencia ciudadana, en donde los capacitados del INE hicieron su tarea; el PRD fue barrido en la Ciudad de México que había obtenido con Cuauhtémoc Cárdenas –el que visitó López Obrador antes de su cita en Palacio Nacional, un gesto por demás simbólico y estimulante; un Congreso donde habrá por primera vez casi paridad entre hombres y mujeres; diputados que ya no serán la mafia de hace tres décadas; y una ciudadanía que acompaña al vencedor pero no en plan de borregos, sino lo estimulará para ir adelante, pero también le exigirá que vaya adelante y no se detenga ante los enemigos que le tienden la mano y esperan sacar el puñal en cualquier momento.

Triunfo que ha sido bien recibido por una inmensa mayoría, aquí y en todas partes del mundo. El viento fresco de julio, en donde hay sol ardiente y nubarrones de tormenta, pero en el cual sólo el que se la juega y exige puede salir adelante.

Algunos insisten qué haya todas las libertades: de empresa, la de expresión. Que la amnistía sea algo bien pensado y no posibilite salir a los malosos que ellos han dejado libres muchas veces y que todavía se carcajean de la justicia como César Duarte en Estados Unidos y que haya compromisos para no desestabilizar el país, el cual ha estado al borde del precipicio en más de una ocasión.

Parece que no han leído o escuchado los discursos del señor López en el estadio Azteca, en un hotel capitalino y en el Zócalo recuperado para la ciudadanía luego de ser secuestrado por las autoridades del gobierno capitalino. Tampoco han puesto atención a los artículos de Olga Sánchez Cordero, la  próxima secretaria de Gobernación que como ministra de la Corte se enfrentó a Peña Nieto acerca de Atenco y censuró a Fox por su intención de desaforar al Peje. Tampoco han entendido que Carlos Urzúa y Gerardo Esquivel hicieron que Citigroup y los banqueros de Wall Street entendieran qué ocurría en México y  por ello el dólar continúe bajando. Pero bueno, lo que en realidad molesta a la gran mayoría de esos críticos es la frase acuñada hace 18 años por el tabasqueño: Para que haya tranquilidad y desarrollo, primero los pobres.

Algo que será el objetivo del presupuesto 2019: apoyo a los más necesitados, auxilio a las instituciones que están en situaciones lamentables educativas y de salude inversión   para hacer de nuestro país  un jugador  mundial y no participante cautivo de otros países.

Que la elección 2018 no fue un ejemplo de la democracia, sino la inauguración de nuevos horizontes, lo muestran los cincuenta asesinatos de candidatos, más de cien participantes en la contienda, los homicidios recientes y, destacadamente, el fraude en Puebla, donde Morena gana diputaciones y senadurías en la entidad y su abanderado, Miguel Barbosa, pierde ante la esposa del exgobernador Rafael Moreno Valle.

Con todo, recordando a otro demócrata, Salvador Allende, se abren las nuevas alamedas y estamos  en un momento realmente crucial para México. Es hora de acompañar los nuevos esfuerzos, no bajar la guardia y exigir que los funcionarios que llegarán  cumplan a cabalidad.

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