Frenen al que va en caballo de hacienda

Arturo Sandoval
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Más que dar un triunfador en el primer debate presidencial, se podría tomar en cuenta quién llevó más agua a su molino y quién no.

Andrés Manuel López Obrador no hizo más de lo esperado, no tiene por qué cambiar; le toca sólo conservar su ventaja. Ricardo Anaya fue el único con ganancia, pero no a costillas de AMLO o de Margarita Zavala, sino de José Antonio Meade. Sobre todo al mostrar la foto donde el candidato del PRI comparte un pastelito con César Duarte. El tiro de gracia en boca de Anaya: de qué tamaño fue tu rebanada del pastel.

En los medios se ve quienes se inclinan hacia donde manda el gobierno y da más tiempo a quienes declaran en contra de López Obrador, así como los comentaristas de algunos medios dogmatizan los ataques.

El Bronco (Jaime Rodríguez Calderón), como buen sicario político del sistema, con su ADN de buen priista, hizo su papel de forma regular, debido a que su propuesta de mutilar manos a corruptos borró su labor de zapa en contra de AMLO, sobre todo en medios y en lo convertido en fuerte medio de impacto social: los memes.

A José Antonio Meade, ni cómo ayudarlo, esto no como cliché, más bien como última llamada para cambiar su estrategia. Hoy aparece que lo hará al mover gente y asesores de su campaña, pero pierde tiempo, energía y votos al seguir atacando a AMLO. Así no ganará simpatías o votos y sí los perderá, ya que hoy, pegarle a López Obrador hace el efecto en la gente, como si estuviera pateando un bebé en medio del Zócalo a pleno día.

Debe borrar los nombres de Andrés Manuel y de Anaya de su campaña para dirigirla hacía los cómo de cada una de sus propuestas. Es hora de prometer el paraíso, con multimedia, con infografías, con videos, con sólo caminar solito, haciendo caso a su instinto para regresar a ser él. El trabajo sucio ya lo hacen algunos medios y parte de su equipo; claro, también el Bronco.

Esto no lo llevará a ganar la Presidencia de la República través del voto porque eso lo decide la elección de Estado en curso con sus procuradurías electorales carnales; pero sí salvar su alma o su imagen pública y el respeto de los suyos. Y si existiera justicia divina de elecciones limpias, Meade de cualquier forma perdería la Presidencia, pero no su dignidad.

Por el lado de Margarita Zavala Gómez del Campo, sus asesores y publicistas, más sus escasos seguidores, deben estar llenos de pena ajena por el desempeño muy malo de su jefa. Hemos visto mujeres y hombres más brillantes dentro de su equipo. Así como en el amor, Margarita y Meade: lo peor no es que te odien o desprecien, sino la indiferencia.