¿A qué le tiras mexicano?

Víctor Manuel Barceló R.
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El proceso electoral mexicano, regido por organismos que debieran tener una estructura más ciudadana y menos apego a intereses gubernamentales, llegó a su primer debate presidencial (22 de abril). Participaron: de la coalición PAN-PRD-MC “Por México al Frente”, Ricardo Anaya Cortés; José Antonio Meade Kuribreña, por la alianza (PRI-PV-Panal) “Todos por México”; candidata independiente, Margarita Zavala Gómez del Campo, un incorporado de última hora como independiente, Jaime Rodríguez Calderón alias el Bronco y Andrés Manuel López Obrador, quien por tercera vez es candidato a la Presidencia de la República, ahora por la coalición Morena-PT-PES “Juntos Haremos Historia”, encabezando las encuestas con 22% por arriba de su más cercano competidor.

El formato mostró cierta agilidad, si bien los tiempos fueron en muchas ocasiones insuficientes y cortaban las intervenciones, dejándoles truncas las respuestas. Allí se mostraron evidencias de cómo están definiéndose dos visiones de país: uno, continuador de los regímenes que vienen de 35 años atrás, que acentuaron la entrega de los recursos de la nación mediante la privatización de las empresas del Estado –banca, hidrocarburos, minas, agua y otras– hasta desmantelar el Estado de bienestar, construido durante décadas, a raíz del movimiento revolucionario denominado Revolución mexicana.

Ésta vivió su momento estelar en el gobierno del general Lázaro Cárdenas (1934-40), con la expropiación del petróleo de manos extranjeras; reforma agraria que puso la tierra en manos de sus poseedores; desarrollo de la agroindustria, y otros asuntos que mejoraron considerablemente los niveles de vida de grandes núcleos de habitantes en pueblos y comunidades. Se destacó también por brindar asilo político a españoles, durante la guerra civil en ese país y haber consolidado bases de funcionamiento del Partido Nacional Revolucionario y su proceso evolutivo, mediante la incorporación de las grandes centrales obreras y campesinas, hacia el Partido de la Revolución Mexicana, antecedentes del Partido Revolucionario Institucional (PRI), creador de la nación mexicana moderna y desde hace 35 años impulsor de la desnacionalización nacional.

En el plano educativo, Cárdenas creó el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y dio impulso a una educación socialista universal. Ambos, la educación técnica superior y la básica y media, están en una etapa muy compleja, con modificaciones sexenales que afectan los resultados esperados en el aprendizaje de todos los niveles de formación y alteran la relación magisterio-autoridades, llevándole en ocasiones a enfrentamientos estériles.

La otra visión de país no muestra cambios a lo que se vive actualmente en la nación mexicana. El neoliberalismo iniciado en sus propuestas y acciones desde los 90 del siglo XX, se acentúa desmantelando al Estado en la conducción del crecimiento económico y social mediante la privatización de cientos de empresas, culminando con la venta de porciones crecientes de la industria eléctrica y finalmente de los hidrocarburos, el agua y otros bienes que la naturaleza dotó a la nación.

El mercado adquiere preeminencia en el manejo económico, que al estar vinculado a la transnacionalización del mismo, pone en manos extranjeras el ritmo, rumbo y perspectivas del crecimiento de la economía, sin considerar las condiciones de vida de los mexicanos, cuyas alternativas son: formarse como amanuenses del gran capital nacional transnacionalizado o enrolarse en los grupos manejados por polleros para ingresar al territorio estadunidense, con peligro de perder la vida a cada paso.

En el debate del 22 de abril no se apreciaron nuevas propuestas para combatir la inseguridad y la violencia en el país –temas predeterminados para análisis– utilizando los cuatro participantes mencionados, el mayor tiempo en criticar el “peligro de las ideas” de Andrés Manuel López Obrador, sobre todo para los intereses creados, dentro y fuera de sus formaciones políticas.

Los candidatos presentaron ideas distintas sobre cómo solucionar los graves índices de criminalidad. José Antonio Meade, Margarita Zavala y Ricardo Anaya insistieron en el apoyo de las fuerzas armadas (Ejército y Marina); Jaime Rodríguez Calderón, ofreció constituir una FBI a la mexicana, en tanto López Obrador persistió en hacer todo lo necesario para garantizar la paz. AMLO fue foco de crítica por proponer un referéndum bianual de la Presidencia, insistió: “el pueblo pone y el pueblo quita”.

Durante dos horas en el Palacio de Minería, los candidatos y tres conductores del debate (Denise Maerker, Azucena Uresti y Sergio Sarmiento) argumentaron sobre sus puntos frágiles y sus agobios: a Meade, por la corrupción del PRI; a Margarita Zavala, la guerra contra el narco de su esposo, Felipe Calderón; a Ricardo Anaya, el presunto lavado de dinero; a López Obrador su ambición por la Presidencia, y al Bronco sus trampas para hacerse candidato independiente. El formato permitió cuestionamientos de periodistas a candidatos, buscando contrastar las propuestas de los candidatos, mecanismo que funciona en otros países pero que requiere su afinamiento en México.

Diversas preguntas hechas a López Obrador requirieron su atención, como el caso de la amnistía, que precisó, no significa impunidad, como la interpretaron Anaya y Meade. “Porque se ha manejado, desde luego de manera malintencionada, que quiero sacar de la cárcel a todos los delincuentes que han cometido ilícitos. Al triunfo del movimiento voy a convocar a expertos a definir conjuntamente cómo se llevará a cabo una amnistía. Estoy invitando al papa Francisco”, afirmó López Obrador. Otras más fueron recogidas para continuar el bombardeo contra el puntero en las encuestas. El problema de inseguridad y violencia se “originó por la falta de crecimiento económico, empleo y bienestar, y no se puede enfrentar a la violencia con la violencia”, terció López Obrador. El mal hay que enfrentarlo haciendo el bien. Tenemos que hacer todo para garantizar la paz.

Ante las preguntas sobre la revocación de mandato, el tabasqueño reiteró que sería un presidente que no le fallará al pueblo. Y cuando Sarmiento le preguntó si no compite por el cargo, entonces por qué es su tercera vez como candidato, indicó: No es el cargo. Es conducir un movimiento de millones para transformar a México. “¿Si pierde aceptaría que fue derrotado?”, dijo el conductor. “Desde luego que sí. En democracia se gana o se pierde, lo que buscamos es que no haya compra de votos, fraude, porque los de la mafia del poder son especialistas en trampas”. Ver: http://www.jornada.unam.mx/2018/04/23/politica/002n1pol