Reformar es corregir

Raúl Moreno Wonchee
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¿Qué estará en juego en las próximas elecciones? Desde luego una parte muy importante del poder político, lo que de resolverse pacíficamente no será poca cosa. Pacífica y democráticamente, digamos. Y es aquí donde el tema se complica. Porque nunca como ahora es posible advertir que la democracia no es sólo una cuestión de cantidad de votos, porque los votos no sólo se cuentan sino que además cuentan. Es decir, que los votos no son inertes, sino que tienen alma. Alma o corazón, como se prefiera. Que un voto contra un candidato implica votar por otro candidato con propósitos políticos propios, en ocasiones distintos y aún contrarios a los del votante. En las elecciones que pronto tendrán lugar en nuestro país habrá tres candidatos, dos de ellos con una carga intencional negativa alimentada por prejuicios maniqueos irracionales que impiden un ejercicio positivo de la política. La corrupción debe castigarse con energía, pero como se origina en las deficiencias de nuestra sociedad, la vía de su solución es el cambio social. De que la buena Ley modere la opulencia y la indigencia, de tal suerte se aumente el jornal del pobre que mejore sus costumbres alejando la rapiña, la miseria y el hurto, como escribió el gran Morelos hace doscientos años. De nada servirán las prédicas de odio y revancha ni los pronunciamientos altisonantes. Pero hay un candidato que sin obviar la crítica, propone votar en positivo, por el diálogo que lleve a acordar las reformas que conjuguen las exigencias del desarrollo nacional con las necesidades sociales y las demandas populares. Y que mejores leyes traigan justicia.

 

 

Contra la impostura y el escándalo

Raúl Moreno Wonchee
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El proceso electoral debería transitar hacia una decisión política que permitiera reencontrar el camino de la necesaria unidad nacional. En el año 2 del actual sexenio cuando el Pacto por México abrió el camino a las grandes reformas que están transformando a nuestro país, una ofensiva mediática brutal debilitó al gobierno y emulsionó a los partidos entre y dentro de sí. La injerencia externa con el crimen organizado como instrumento y el arribo de Trump a la Presidencia de EU agravaron las presiones desestabilizadoras. Había, entonces, que aprovechar las elecciones como la posibilidad de un diálogo correspondiente al apremio nacional en el futuro inmediato.

Y luego, aprovechar las experiencias probadas y las nuevas formas constitucionales para concertar una nueva alianza política y social capaz de reafirmar la soberanía, consolidar las reformas, corregirlas si fuera el caso, acordar nuevas reformas y aprobar políticas públicas para atacar los rezagos y promover crecimiento. Pero una reforma política revanchista favoreció prácticas negativas. El PAN abrió fuego: “el PRI corrupto se tiene que ir” rabiosamente dicho hasta la náusea por Anaya. Y de allí en adelante. La política fue hecha a un lado y las redes sociales pasaron a cobrar derecho de piso a los partidos que llegaron a la precampaña con candidatos asignados de antemano. Ahora, la intercampaña amenaza con dejar el terreno de juego en tan malas condiciones que podría hacer imposible que la razón política ocupe el lugar que le corresponde en la campaña y en lo siguiente. Para vencer la impostura y el escándalo hay que poner en el centro el desarrollo democrático nacional.

 

 

La terca (y mala) memoria

Raúl Moreno Wonchee
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Año 5 de este siglo, presente lo tengo yo: no se intentó desaforar al jefe López Obrador como lo afirman en tono admonitorio los distinguidos –es un decir– intelectuales –otro decir– en su carta al presidente Peña con motivo de la paranoia de Ricardo Anaya. López Obrador fue desaforado y destituido del cargo de jefe de Gobierno del DF por la Cámara de Diputados. Un año antes, el gobierno capitalino había desacatado un amparo que le impedía abrir un camino en un predio privado para comunicar un hospital con una avenida. No era un hospital cualquiera sino el más lujoso de la metrópoli, el American British Cowdray Hospital. A petición del juez agraviado, el procurador Macedo de la Concha solicitó a la Cámara de Diputados el correspondiente juicio de procedencia. Al aprobarse el desafuero, la PGR consignó al destituido por abuso de autoridad. Pero en vez de presentarse ante el juez, acompañado de una multitud López marchó a entrevistarse con el presidente Fox. Y entonces tuvo lugar un formidable acto de presidencialismo despótico: por encima y en contra del Congreso de la Unión, Vicente Fox le restituyó el fuero y reinstaló en el cargo a López quien además salió de Los Pinos con un nuevo nombramiento: candidato del PRD a la Presidencia, lo que mandó a la historia a Cuauhtémoc Cárdenas. Y mientras Madrazo era debilitado más por los propios que por los ajenos, en el PAN Creel se iba a pique. Y no obstante el fracaso de Fox, el impetuoso surgimiento de la “amenaza para México” hizo que Calderón comenzara a perfilarse como el beneficiario del voto del miedo. Así repitió la derecha en el 2006.