¿Lo moderno es la traición a México?

Manú Dornbierer
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El nuevo eslogan contra AMLO es “el atraso” y en el mejor de los casos “la  falta de  información”, ya no “el peligro”, dado que el gobierno de Peña Nieto ¡por fin!  concretó el plan de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) de entregar la riqueza  esencial del país, el petróleo, para regresarlo a aquellas compañías privadas a las  que se las había comprado el presidente Lázaro Cárdenas, y no sólo él sino el  pueblo de México que se le unió en 1938, desde las señoras ricas que le dieron sus  joyas hasta los campesinos que le llevaron sus animales  para pagar porque se les pagó no se les expropió sin más a las compañías que explotaban la mayor riqueza  de México.

Y fue él mismo el que le cedió la refinación de la gasolina a sus cuates los  Bush para comprar fuera la gasolina proveniente de nuestro petróleo además de   que Vicente Fox, también a sus órdenes produjo la sobreexplotación del pozo  Cantarell, el mayor que hemos tenido, para poder decir “ya no hay y además no  tenemos refinerías”.

¿Qué Pemex se había vuelto un punto de alta corrupción antes y después  de Odebrecht? Nadie lo duda pero en vez de combatirla dentro de sus propias filas  gubernamentales, los gobiernos neoliberales prefirieron aprovecharla para sí   mismos, aumentarla  y  usarla  como  pretexto  para  su  venta,  en  la  que  sin  duda  tuvieron los funcionarios altísimas ganancias, vulgo “moches”. Si tuviéramos un  Fiscal y si tuviéramos un procurador de justicia podríamos denunciar el caso. Pero  no tenemos…

Un ejemplo: Emilio Lozoya estuvo involucrado en dos escándalos de corrupción en beneficio de OHL (una constructora española, ahora australiana y concesionaria mexicana que se dedica al diseño, construcción y operación de carreteras y aeropuertos. Está presente en los estados de México, Puebla, Veracruz). En enero de 2016 se difundió un audio en YouTube que reveló una supuesta asesoría que le brindó para que se asociara con la empresa española Técnicas Reunidas para participar en una licitación de Petróleos Mexicanos.

El petróleo sirvió para mantener el desarrollo durante décadas de los  gobiernos priistas y el enriquecimiento de sus jefes empresariales y sindicales, etcétera, pero quieren más y más con capital internacional so pretexto del “progreso”  y la “modernidad”.

Para lograr el inusual desapego de los mexicanos con su petróleo se  necesitó tiempo, hasta que Carlos Salinas con su jefe  Miguel de la Madrid (al que  mandaba, decían algunos), encarcelaron en 1983 al mejor director que haya tenido  Pemex, el ingeniero Jorge Díaz Serrano que modernizó a la empresa al grado de colocarla a  nivel  internacional en el 4º lugar de los productores mundiales. Pero no quiero hablar en  primera persona para juzgar a ese funcionario porque fui amiga de Jorge y de  Helvia, su segunda esposa, y viajé con ellos en lo que fue la apertura del petróleo  mexicano al mundo después de la crisis de 1973 cuando los países árabes productores de petróleo decidieron elevar sus precios presionando ese invierno a los países europeos que no querían pagar el precio que ellos consideraban justo.

Holanda,  por  ejemplo,  tiritó durante meses. En los países árabes, no son  los pueblos los dueños de esa riqueza, son los reyes (que lo sean o tengan otro  título). “El petróleo es nuestro” en cambio, de todos los mexicanos…

Cedo la palabra (por enésima vez en mi espacio) al periodista Fausto  Fernández Ponte que nunca fue amigo de Díaz Serrano y que al contrario,   perteneció a la oposición de izquierda  que al  principio  de  su  gestión como  director general de Pemex enfrentó al ingeniero,  porque era un hombre rico y hasta había sido socio de George Bush, padre, en una compañía llamada  Permargo. Así habló  de la  obra de Díaz Serrano  entre 1977 y 1981 cuando lo sacaron de Pemex,  a  mi  juicio por órdenes de  su amigo el  viejo Bush,  para que no estorbara:

“Nuestro país en ese momento había iniciado un programa petrolero y  petroquímico exitoso. Se habían inaugurado las refinerías de Salina Cruz y Tula lo  que nos permitía ser exportadores de petrolíferos y petroquímicos, además de que  iniciaba la gran producción de petróleo crudo en Cantarell lo cual nos colocaba  como un jugador importante en el ámbito petrolero. Y en petroquímica habíamos  pasado de una producción de 3 millones de toneladas  a 10  millones  y se estaban  instalando 12 plantas más que nos permitirían una producción de 20 millones de  toneladas. Cangrejera y Pajaritos eran los complejos petroquímicos más  importantes del mundo y con alta tecnología, diseñados y construidos en México  entre otros mexicanos auxiliados por el IMP (Instituto Mexicano del Petróleo). Nada  se descuidaba. En el sector  eléctrico se había  terminado  el  sistema  hidroeléctrico   de Chicoasen y entre otras, contábamos con las termoeléctricas de Tula y  Salamanca, mismas que se instalaron junto a las modernas  refinerías,  contábamos   además  con  un  industria  petroquímica  privada que se desarrollaba al mismo  ritmo que la industria paraestatal . No  había  conflicto  y  crecimos  en  ese  momento  a un 6%  del  PIB acumulado al  pasar  a  un crecimiento demográfico cercano al  tres por ciento. Hoy en estos 22 años de liberalismo económico de Miguel de la M  a Vicente Fox crecimos el 1.5%  en promedio y en mejoramiento de la relación PIB/Pob sólo ha sido de 0.96%, menos de la mitad del sexenio anterior al  neoliberalismo económico.” 

Hoy se considera “muy moderno” haberse deshecho de la fortuna nacional.   Insiste Enrique Peña Nieto en que había que “voltear la tortilla según los tiempos”   (y José Antonio Meade aplaude) al vanagloriarse vergonzosamente el pasado 18  de marzo de 2018, cuando lo que hizo fue revertir la patriótica expropiación  petrolera de Lázaro Cárdenas. Están todos estos últimos presidentes en el ajo. Son  parte de esta inmensa traición a los mexicanos.

Andrés Manuel López Obrador ha dicho que quiere revisar la “reforma  energética”. Muy  bien,  pero que  empiece  a  revisar  los  bolsillos  de  todos  éstos.    Y  que  no  sea  muy  lindo,  por  favor.