Latinoamérica renueva sus elites gobernantes

José Luis Ortiz Santillán
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En medio de la alarma que ha desatado el reciente informe de Transparencia Internacional sobre el aumento de la precepción de la corrupción en América, México y seis países más renovarán sus gobiernos en este año en América Latina y el Caribe; entre ellos Brasil, Colombia y Venezuela, este último país calificado como el más corrupto del continente y México, ubicado en la  posición 123 en 2016, ahora hundido 12 posiciones más en los laberintos de la corrupción. Estos países,  elegirán parlamentarios y un nuevo presidente, con lo cual millones de ciudadanos esperan cambiar el rumbo de sus economías y avanzar en el desarrollo de su sociedad, golpeados por la corrupción y la violencia.

Se trata de un ejercicio de adecuación de las instituciones del Estado a un contexto internacional que ha cambiado profundamente después de la crisis iniciada en 2008, donde la incapacidad de muchos gobiernos para hacer frente a la misma y los fenómenos nuevos que ésta ha acarreado, como la incapacidad de reactivar el crecimiento de la economía poniendo el precio del dinero a cero puntos, la crisis de la deuda soberana, el desplome del comercio y la crisis migratoria, la vuelta al proteccionismo comercial, han hecho resurgir los nacionalismos, la oposición al libre comercio y la integración regional.

Nada está escrito en ningún país sobre la elección de las preferencias de los ciudadanos y las sorpresas podrían ser mucho más que las imaginadas hoy. En las recientes elecciones en el mundo, los electores han ido de la izquierda “radical” en Grecia hasta la derecha nacionalista en Austria, de tal manera que los ciudadanos podrán optar por la izquierda socialdemócrata, que es la que sobrevive entre las propuestas actuales de los partidos, hasta la derecha nacionalista como ha sucedido en Estados Unidos con el presidente Donald Trump, Argentina con Macri y en Chile con Sebastián Piñeira.

En Venezuela, el presidente actual, Nicolás Maduro, se ha anotado para reelegirse; sin embargo, siendo la causa de los problema actuales de su país, la dirigencia de su partido, el Socialista Unificado de Venezuela, no ha tenido la capacidad para ver más allá de sus narices y pese a que la oposición está dividida, los electores podrían darle una sorpresa y alejarlo de la escena política; sobre todo, porque los ciudadanos han sido víctimas del enfrentamiento de Nicolás Maduro con los empresarios y la oposición, debido a la falta de talento para dirigir el país que heredó de Hugo Chávez.

América Latina está en tránsito de transformación. De 2017 a 2019, toda la élite gobernante del continente deberá renovarse; desde Brasil, Estados Unidos, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Guatemala hasta México; todos éstos países deberán entrar en una nueva fase de reacomodo político y de alianzas; tal como ha sucedido con la Argentina de Cristina Fernández a la hoy Argentina de Macri y sus alianzas con el presidente Trump o el Brasil de Lula y Dilma al Brasil controlado por los corruptos de hoy. Sin dejar de mencionar al México entregado a la comodidad de las relaciones con los mandatarios estadunidenses del pasado, al de los enfrentamientos actuales con el presidente Trump y el desprecio a México.

La elección del presidente Donald Trump en 2017 ha revolucionado al mundo. No sólo México se encuentra entre la espada y la pared, después de haber apostado todo a la integración regional con Estados Unidos y Canadá, en el marco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), actualmente en renegociación, sino todos los países aliados de Estados Unidos lo están ahora. Estos países no ven con buenos ojos el rechazo del presidente Trump al libre comercio, a los acuerdos sobre migración, a los acuerdos nucleares con Irán y su salida de los Acuerdos de Paris sobre la lucha contra el calentamiento global.

Irónicamente, la independencia económica de México no ha surgido del seno de su sociedad. Quien gane en las próximas elecciones en México, deberá enfrentar al mundo sin la tutela de Estados Unidos y bajo su desprecio abierto hacia los mexicanos. Durante mucho tiempo México ha disfrutado de la cercanía del mercado estadunidense para enviar a él más del 80% del total de sus exportaciones; pero también, ha sido la válvula de escape para evitar que la presión social terminara en revueltas internas por falta de oportunidades de empleo; durante muchos años, millones de mexicanos encontraron en Estados Unidos lo que los gobiernos en México les negaron, la oportunidad de un trabajo digno y la posibilidad de desarrollo.

El fin del TLCAN o su continuidad bajo otras circunstancias, reduciendo los mercados para las exportaciones, provocará modificaciones a la política económica y comercial de México en los próximos seis años, pero también nuevas alianzas políticas sin la tutela de Estados Unidos. Las reformas aprobadas en 2013 en México deberán revisarse y, ahora con una visión de Estado, implementar nuevas reformas para ajustar el desarrollo del país al nuevo contexto internacional; debido a que las reformas de 2013 sólo sirvieron para abrir al mercado el sector energético y las comunicaciones; pero no se implementaron reformas para rediseñar el rumbo del país, menos la política que entronó a los partidos con la reelección o la educativa que sólo ha tratado poner bajo control al magisterio y saldar cuentas entre antiguos aliados y enemigos del PRI, pero no poner la educación a la altura de las demandas actuales del aparato productivo. Aún más, nunca las reformas estructurales de 2013 se pensaron sin Estados Unidos, sin sus mercados y sin su tutela; se trata pues de un momento en que algunos países tendrán que aprender a caminar solos.