Las batallas del emperador Moctezuma

Francisco de Urquijo
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Dentro de unas semanas vamos a celebrar el primer contacto (25-26 de mayo de 1518), entre la civilización del trigo y la civilización de la milpa húmeda. Sin la menor duda el encontronazo humano más importante de toda la historia.

Es en esas fechas cuando queda para siempre fijado el nombre de San Juan de Ulúa (celebrando que se llegó el día de San Juan al imperio culhua).

De innumerables maneras, a partir de ese momento el mundo cambia en forma fundamental. Se inicia la expansión global de la cultura del trigo, pero también de la cultura de la milpa. Pero a pesar de su enorme importancia, no estaba, ni está señalado prácticamente en ninguna historia.

¿Cómo podemos explicar eso?

Porque la historia subraya la guerra, resalta a quien vence, lleva a la inmortalidad al pendenciero, vuelve héroe al que conquista, forja la memoria (guerras), de los pueblos, etcétera. Así que como es lógico, Europa escribe su versión de la historia del encuentro. Cortés estudio bien a Julio Cesar, “De Bello Gallico”, para imitarlo. Pero el otro participante del encuentro, la cultura de la milpa, funciona muy diferente, no es la Galia. Por milenios ha vivido independiente, levantando una civilización original y diferente al resto del mundo.

Mesoamérica, siguiendo sus valores, actúa de manera muy especial durante ese encontronazo, forja por primera vez una sola humanidad. Moctezuma estaba construyendo bastante más que una victoria, o su nombre en la historia, estaba construyendo la paz mundial.

Es por esto que merece la pena recordar estos primeros cinco siglos de construir la paz. Sobre todo que se nos viene una revolución tecnológica brutal, más que las muchas que ha generado el ingenio humano.

Ahora, la Mesoamérica milenaria que sigue perfectamente presente, actúa nuevamente de manera muy especial, pone la pauta de como la revolución digital puede transformar otra vez al mundo. Nuestra revolución digital es diferente a todas, como lo fue Mesoamérica por más de 10 milenios.

Si se revisan las fuentes que se escribieron en esos primeros años (en particular el texto de Juan Díaz), fue Europa la que iba imponiendo, aparentemente por la fuerza y por la constancia e insistencia de sus actos jurídicos, institucionales y económicos otra Europa, una Nueva España como nos bautizaría el mismo Hernán Cortés. El objetivo desde Europa era claro, civilizar a estos asesinos.

Por algo ese periodo de nuestra historia se sigue llamando Conquista. Nada más falso.

Dos civilizaciones

¿Qué hace tan diferente a las dos civilizaciones? ¿Por qué una está destruyendo casi todo los equilibrios biológicos, mientras que la otra provoca la fertilidad y la vida, recupera el entono, provoca el vivir mejor?

Es difícil imaginar tanta diferencia. Justo eso les pasó a los europeos que llegaron a estas tierras. Por lo que al reportar lo que veían, sistemáticamente lo narraron en función de su esquema cultural. Estaban completamente convencidos de su superioridad, ya no veían, es lo que aparece en todos los libros de historia todavía.

Lo que no vieron era que aquí existía una cultura antiquísima, mucho más avanzada en todo lo importante, y que iría transformando no sólo a esos primeros visitantes, a Europa y finalmente al planeta. La verdadera conquista es culhua y es la que va a cambiar al mundo nuevamente. Son las muchas batallas que Moctezuma sigue librando.

Lo que erróneamente nombramos todavía Conquista, de facto sólo cambió la vida a dos altpetls, cierto, muy importantes, Tenochtitlan y Tlatelolco, pero ni siquiera era el asiento del imperio, pues de lejos Culhuacán los superaba en importancia (por eso el nombre de San Juan de Ulúa).

Los muchos cientos de comunidades milperas y chinamperas después del encuentro quedaron exactamente igual. Eran antes independientes de los culhuas, siguieron siendo independientes ahora de Castilla. Los cambios fuertes llegarían con el cultivo del trigo y sobre todo con la expansión desenfrenada, como de plaga, del cerdo. Especie nueva que al igual que el chivo, borrego o ganado vacuno, destruiría el equilibrio logrado por la milenaria milpa. No había manera de evitar que entrara a toda propiedad, peor que saqueador guerrero que se llevara los frutos cuidadosamente cultivados por milenios. La ganadería nunca había existido en esta parte del mundo, por ello tampoco barrera alguna. En todo el imperio culhua no hubo jamás animales de engorda. Como tampoco animales de tiro, de guerra, de ordeña, de lana o de sangre (extrayéndola como alimento).

Los alimentos eran cuidadosamente cultivados, directamente consumidos y universalmente reverenciados como sagrados. Las semillas por ejemplo, representaban la vida y cada familia las valoraba más que si fueran preciosas joyas. Igual que a sus vidas se les cuidaba por milenios. Cada familia tenía una relación con sus semillas muy difícil de entender desde nuestra actual cultura. Formaban parte de toda persona, pues todo mesoamericano tenía una relación directa tanto con sus semillas, como por consecuencia con sus alimentos. El cultivar su milpa era una actividad universal. Desde el más sencillo macehual, al más encumbrado tlatoani, todos tenían en su familia sus semillas, el conocimiento de cómo cultivarlas y el cuidado de proteger su continuidad.

Nada similar existía en otras partes, por eso nunca lo entendió Europa. En otras partes muchas veces se cultivaba granos o pastos como alimentos de los animales, en América nunca.

La cultura del trigo

No es necesario enumerar los muchos problemas que se han provocado por la expansión global de la cultura del trigo. Un modelo muy alejado al equilibrio biológico. En permanente expansión ha sido un invasor exitosísimo. Su último gran logro, hace menos de 40 años, la gran China se enfila a convertir su milenaria cultura (del arroz húmedo), en otra más de la cultura del trigo.

La manera de vivir actual, fruto de la civilización del trigo, con sus extremos, la parte más favorecida de la población del planeta, el éxito (definido por la cultura del trigo), de unos cuantos, aun así causante de un desproporcionado consumo, basta para comprometer el futuro, complicando para siempre la calidad de vida de mucha gente, no sólo de esta época, sino para muchas generaciones. Metafóricamente se podría decir, el trigo no tiene futuro ni nosotros, arruina la calidad de vida de la humanidad para siempre.

Paradójicamente esta cultura de guerra y muerte ganó su mayor impulso globalmente hace cinco siglos gracias al encontronazo con una cultura estructuralmente pacífica. La expansión tan fácil, sirvió de trampolín, provocó su gran despegue. Lo que quedó en las fuentes fue sólo una óptica, la del gran beneficiado, ignorando a la civilización, que gracias a sus muy particulares características impulsó a la otra. Cinco siglos ignorando a lo culhua es suficiente. Por el bien de todos, pues lo que muchos consideran utópico, por lo lejano a sus vidas, aquí no sólo funcionó, sino que ayudó al mundo desde entonces. Apenas ahora lo sabemos.

Desde entonces estamos cargando errores ajenos a nosotros. Por la ignorancia de los otros.

Es así que los nativos les explicaban, por ejemplo, el Tránsito de Venus (hace cinco siglos:

https://es.wikipedia.org/wiki/Tr%C3%A1nsito_de_Venus

Era algo conocido perfectamente de este lado del mundo, desde siglos atrás, para los recién llegados fue imposible comprenderlo, todavía requerirían otro siglo y medio para captarlo. Además que su sistema, fuertemente dogmático, poco práctico (digamos no científico), los limitaba. El siquiera enunciar el tema en Europa los podía llevar a la hoguera.

Por suerte ya no van a llevar a la muerte, eso espero, a alguien que predique que el mundo aquí funcionaba y funciona todavía de otra manera y unos cuantos pueden ahora transformar radicalmente como opera no sólo la economía, sino la política, el entretenimiento, la salud, la educación…

Finalmente, regresa México a donde por milenios estuvo, mejor que nadie.

Como hace cinco siglos, al llegar a Mesoamérica los del reino de Castilla, un reino de media tabla, en poquísimo tiempo se volvió la súper potencia. Pero ese reino jamás reconoció quien les otorgó tanto poder y se los dio de forma pacífica. Justo por eso no pudo sostenerlo.

Otras zonas de América, todas también milperas corrieron similar suerte. Aunque los quakeros que llegaron al norte, cuando menos dieron un poco más de crédito, por un tiempo a los indígenas:

https://sobrehistoria.com/que-significa-el-dia-de-accion-de-gracias-que-es-el-thanksgiving-day/

Al final de cuentas, allá en el norte, al tener menos peso, menos densidad la cultura de milpa, nos dio el mayor imperio global de todos los tiempos, el estadunidense. Se ignora quién se los otorgó, de muchas maneras los pueblos originales americanos. Éstos aprendieron a hacer la guerra, a usar el caballo y las armas, y dejaron de ser hombres de milpa, para convertirse en guerreros, pero sus bases milenarias habían ya dado frutos.

Estados Unidos es profundamente milpero en su conducta todavía, pero también tremendamente guerrero, como lo es Europa, no hubiera podido existir si no es de esa manera.

La cultura de la milpa

En la enorme extensión de América, la cultura de la milpa evolucionó de maneras diferentes. Sin lugar a dudas y antes del contacto, el imperio culhua fue extensísimo, funcionaba mejor en todos sentidos, aunque sin dinero, sin impuestos, sin guerras expansivas, sin sistema de justicia, ni elites guerreras, sin elites religiosas, sin elites culturales. Todo macehualli era completo, señor, sabio y heredero, pues su libertad se la daba su propio trabajo en su milpa.

Todo macehual era su propio patrón, por lo que era responsable de su propio futuro. Millones de personas responsables, un ejemplo de civilización, sobre todo en tiempos modernos.

Con los instrumentos modernos de medición del desarrollo, el imperio culhua sería el más pobre del planeta. Tendría una calificación de cero en su producto interno bruto. Así como cero también en su PIB per cápita. Los mesoamericanos producían una enormidad de bienes y servicios, pero no pasaban de sus milpas. Los ahuejotes, millones de ellos, le proporcionaban madera así como energía. No tenían que depender de nadie. Sus cultivos otorgaban desde frutas, verduras, cereales, insectos, colorantes, fragancias, medicamentos, fibras textiles y de trabajo… Una riqueza gigantesca pero que no pasaba, ni por el estado, ni por el comercio.

Una chinampa imperial, la del tlatoani culhua, por ejemplo, la que orgullosamente Moctezuma le presume a Cortés, comprendía más de 300 elementos funcionando coordinadamente. Es bien sabido lo complementario y benéfico de cultivar juntos leguminosas y cereales. Se produce una mejora simbiótica. Ahora, con más elementos, como en la chinampa culhua, bien conocidos e inteligentemente coordinados se lograban beneficios maravillosos que todavía hoy se desconocen en gran parte.

Sobra recordar que esta civilización se inicia de una relación muy particular con la naturaleza, todos los americanos pasaron una época terrible al sufrir por mucho tiempo las inclementes heladas de atravesar no sólo el estrecho de Bering, sino la extensión gigantesca de las zonas glaciales. Eso formó una cultura muy fuerte donde claramente la naturaleza es poderosa y peligrosa.

El americano se forma considerando a otro ser humano no como enemigo, sino como su apoyo en el trayecto. Derritiéndose los hielos, son los pastos el enemigo a muerte de sus cultivos, es así como la milpa se inicia. El primer paso de esta singular agricultura lo dan con la utilización masiva de las plantas de hojas grandes. Lo que se nombra ahora las cucurbitacias. Esas hojas grandes, esa expansiva maleza combate por el espacio y el sol a los pastos. Estos no se pueden comer directamente, ni indirectamente, no hay animales de engorda.

Es así que durante muchísimos tiempo son el cultivo de malezas buenas, los ayotli (chilacayote, chayote, calabaza y chinchayote) las que van asentando a los pueblos americanos. Competirle a los agresivos pastos requería algo aún más expansivo. Hojas grandes que en su sombra, aparte de retener humedad, evitar evaporación y erosión, se capturaba al sol, haciendo le guerra al gran enemigo mortal de los americanos, los pastos.

En algún momento de su desarrollo, completaron la base de su civilización, adoptaron sí un pasto, el teocintle así como su complemento indisociable, el trepador por sus ramas, la planta del frijol. Nace así la base de la alimentación más eficiente, ecológica y benéfica del planeta, la milpa. Donde el elemento más importante son las hojas grandes, pues éstas combaten a los pastos, el segundo elemento es vertical, el tallo del teocintle, y en tercer lugar el frijol, el captor del nitrógeno que le da alimento a los otros dos.

En Mesoamérica no se abona la tierra. Eso va a conformar toda una civilización radicalmente diferente a todas las otras del mundo. Se logra por medios mucho más sofisticados, en la combinación de elementos, con su agricultura simbiótica.

Esa relación con la naturaleza va a forjar una religión humanista, pues son los seres humanos los que participan directamente con su trabajo, buscando eliminar lo más posible lo imponderable.

Olmeca

Mucho después, en las zonas húmedas de Mesoamérica se inventa otra genialidad, se hace producir esta milpa pero en terrenos al propósito cercanos al agua. Se logra así un despegue poderoso en todos sentidos, nace la amilpa, es decir la milpa en agua. Nace así la cultura olmeca, que funda las bases de todas las civilizaciones extraordinarias que les siguen.

Los olmecas, gracias a la gran productividad de la amilpa, pueden sofisticar de muchas maneras su vida. Así lo aprenden lo maya, como Teotihuacán, Cuicuilco, Tula, etcétera. Se va mejorando la relación de los cultivos y el agua. Llegando al más sofisticado y completo imperio por la vida, Culhuacán. Pegado al cerro de la Estrella. Este pueblo es el que logra la colaboración más elaborada del ser humano y la naturaleza, refina a la amilpa en chinampa, desarrolla los detalles más finos, como transformar estructuralmente un lago que es, sin la intervención humana un lago herido, lleva un millón de años acumulando sal, como el mar Muerto en Palestina, pero la genialidad de los culhuas no sólo lo va a transformar, enriquecer y endulzar, sino que lo va a convertir en una fuente de vida y conocimiento jamás superada por el ser humano.

Ese equilibrio demandaba mucho cuidado, México Tenochtitlan-Tlatelolco había sido levantada en medio de un lago, literalmente dentro de las garras poderosas de la naturaleza, el objetivo era, además de resolver para siempre el estructural problema del agua, en la misma zona geográfica de los grandes desiertos del mundo, así como el otro gran problema a esas alturas de la planicie, las heladas y granizos, que las 150 mil hectáreas de lago, que ya habían logrado almacenar, amortiguaran magistralmente los cambios térmicos. Los mexicas lograron que fueran posibles cultivos que naturalmente no lo hacían ni a esa altura, ni en a esas temperaturas. Y aunque parezca imposible tres o cuatro cosechas al año.

Ese ejercicio representaba muchos peligros, riesgos a la vida, una población de varios cientos de miles de personas localizadas en medio un gran lago fuertemente cambiante. Y rodeado de aguas saladas (no aptas para la agricultura). Para limitar los riesgos requería una infraestructura civil gigantesca, así como poder desplazar cantidades enormes de agua si fuera necesario. Así como prever por anticipado lo que mandaba la naturaleza. Antes de las heladas había que preparar, responder con fuego en las chinampas. Antes de fuertes aguaceros y aumentos de caudal en los 48 ríos que rodeaban el valle, había que reacomodar las aguas de los lagos. La falta de previsión podía destruir lo mucho levantado, sea en cultivos y en vidas.

El imperio culhua para su supervivencia puso desde tiempos muy remotos sistemas de previsión, mecanismos para saber con antelación de algún peligro. Desarrollaron un sistema muy sofisticado de información, utilizando una combinación de señas, silbidos, tambores, corredores o señales de humo, así como embarcaciones rápidas, en función de la geografía a librar, para poder ser informados de lo que llegara. Para esa época a velocidades relampagueantes.

La llegada de los europeos al imperio no era ninguna sorpresa, lo sorprendente es que coincide con una fecha importante. Coincidencia en el espacio, el Sol y Venus se juntan. Venus transita por el frente del Sol, que solo ocurre dos veces en más de un siglo. Como los ciclos humanos y terrestres eran muy seriamente valorados, algo quería decir ese acontecimiento.

Habían tenido 25 años para enterarse de absolutamente todo lo que había que saber de los nuevos chichimecas. Desde 1492 los informantes del imperio dieron cuenta exacta del riesgo y oportunidad de estos otros habitantes del planeta. Habían tenido tiempo de colar muchas veces a ojos y oídos que narraron con pelos y señales no sólo a los visitantes, sino que estaba ocurriendo en los reinos de donde provenían:

http://biblioteca.ues.edu.sv/revistas/10702987-1.pdf

El concejo de ancianos (personas de más de 62 años), habría ya reflexionado sobre lo que habría que hacer o no, el día que se expandieran más por el continente. Muy probablemente tuvieron mucho que decidir del futuro del imperio. Sabían que los chichimecas podían ser guerreros, como lo eran los castellanos, o podían ser comerciantes, como serían los flamencos (formados en la lógica de la Liga Hanseática).

¿A cuál de las dos culturas visitantes se les podía más fácilmente civilizar? ¿A cuál de las dos versiones de europeos se les tendrían más cuidado?

            En Champotón, el año de 1517 quedó claro que la diferencia militar entre los dos continentes no era insalvable, Francisco Hernández de Córdoba, el capitán al mando de la primera expedición más allá de Cozumel, incluso perdió la vida. Aun antes, desde 1511, un número importante de europeos, náufragos con Juan de Valdivia, habían ya convivido. Seguramente todos ya habrían aprendido a cultivar su milpa.

A los flamencos los conocían mucho menos, pueblo de navegantes, pero sobre todo de comerciantes. Siendo Mesoamérica la menos comerciante de todas las culturas, una ciudad como Tenochtitlán que tuviera mercado, no les parecería seguramente a los flamencos.

Lo de guerreros, seguramente no los espantaba tanto, pues sabían que en poco tiempo, se les podía civilizar. Han pasado ya cinco siglos y eso no ha ocurrido.

Han pasado milenios desde que llegaron los americanos del Asia, han forjado una cultura totalmente original, donde no ha sido otro humano el peligro sino la potencia de la naturaleza, que la han convertido en su mejor aliada, es por eso que no han tenido que levantar ni un solo muro defensivo, así como han dejado respetar la vida de los depredadores naturales, sea el jaguar, el águila o la serpiente. Pues han aprendido que si los combaten, como ocurre en otras partes del mundo, el equilibrio se rompe, propiciando otro tipo de depredadores incluso más peligrosos para su vida, como los conejos, los búfalos o los venados, destructores de sus milpas. En lugar de volverse el gran depredador de la naturaleza, o de otros pueblos, se han vuelto el mejor vecino y socio de la vida.

La chinampa, instrumento político

Moctezuma como huey tlatoani culhua, utilizaba sólo su palabra y sus conocimientos de la vida. Su mayor instrumento político era su propia chinampa.

La ciudad de Tenochtitlán había logrado llevar a la cultura de milpa a su máxima expresión, con una sofisticación y calidad de vida jamás lograda en ninguna otra parte, pero lo hizo sin tener mercado, sin infraestructura de transporte, sin inversionistas, sin estado alguno. Imposible de entender en aquel entonces por Europa, menos aún desde nuestro actual punto de vista.

Por ejemplo. ¿Cómo podían gozar de plena seguridad? Si estaban metidos en medio de un lago que para su existencia dependía de que todos sus vecinos o extranjeros no fueran a reventar unos simples bordes de tierra, facilísimos de abrir. Cualquiera que hubiera querido acabar con los mexicas, bastaba inundarlos con las aguas retenidas en los lagos del sur. Como eso nunca ocurrió, y los pueblos vecinos no eran ningunos estúpidos, depuesta que esa ciudad, nunca tuvo enemigos serios de ninguna forma, esto no es compatible con lo que Europa siempre ha dicho del imperio azteca. De las realidades americanas se escribirían muy rápidamente en Europa lo que nombrarían utopías. Pues para ellos, lo que aquí ocurría no era posible.

El tlatoani Moctezuma tuvo siempre la posibilidad de destruir a los que llegaban. Pero sabía que había demasiado que aprender, que era enorme lo que ignoraban de otras partes del mundo, que merecía la pena el riego de dejarlos entrar hasta su casa, a pesar de ver su primitivismo asesino, en sistemáticas matanzas unilaterales. Esa decisión le costaría la vida, pero también nos puso muy rápidamente en contacto con lo mejor y peor del otro continente. No mucho después, ya los hijos de América, habían de abrir el puente con la otra gran cultura del mundo, la del arroz.

Ya es tiempo de entender, de entendernos como pueblo, como cultura, como mensaje humano al mundo. Como la tierra de la paz.

Hoy que el cambio tecnológico es capaz de destruir a la mayoría del empleo en el mundo:

http://adempiere.net/foundation-contact-data

La cultura mesoamericana tiene que ser mejor entendida, como la entendieron ya Bartolomé de Las Casas, Alexander von Humboldt, Morelos y Pedro Ramírez Vázquez, proyectarse como realmente fue y ser el mecanismo con que todo ser humano pueda funcionar en armonía, en paz y calidad de vida todos los milenios de existencia que nos quedan.