Temporada de chapulines

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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No, no es éste un artículo de biología. Mi atrevimiento no es tanto. No vivo en Oaxaca en donde esos animalitos pululan y son cocinados con esmero. No, ésta no es sino una simple y sencilla nota de política que habla sólo de una manera metafórica de las prácticas más comunes de la llamada democracia participativa, la cual desde sus orígenes se distinguía por un hecho muy característico: la profesionalización de la práctica. Ella requería, de quien la practicaba, conocimientos diversos que no todos los ciudadanos poseían y por ende no todos los ciudadanos podían practicarla, aunque ello implicara, por ende, negar uno de los principios esenciales de la democracia: de todos y para todos, tornándola así contradictoria.

Así, este fin de semana, al abrirse la temporada de chapulines en todo el país en cuestiones políticas la negación de la democracia se dio con toda intensidad, pues los políticos profesionales de hoy (diputados, funcionarios públicos, hijos e hijas, amigos y amigas del Señor, etcétera, se anotaron en las listas del Partido –de todos los partidos– para ver cuántos de ellos quedaban anotados, considerando que ello es la manera natural de iniciar su carrera política o de darle continuidad a ella. La política así convertida en dar un saltito de aquí para allá y en tener un amigo que ayude a saltar de un puesto para otro. No, no se necesita ningún conocimiento profesional más. A esa degradación ha llegado hoy la política electoral entre nosotros (¿o no, Gabrielita Cuevas?)

            Allí, en esa política, para nada cabe la democracia, por más que muchos politólogos contemporáneos se empeñen aún hoy, inútilmente, en tratar de encontrar forzadamente un lugar para ese vocablo y lo que particularmente implicaba entre los griegos sobre todo en términos de consenso. Un consenso extendido desde el momento en que él conllevaba la participación de toda la ciudadanía. El que hoy ese consenso ya nada signifique, bueno eso es otra cosa.

            ¿Cuándo la política y la democracia, entre otras varias palabras provenientes del griego y el latín, volverán a adquirir su significado originario? No lo sabemos, la verdad. Pero cuando ello suceda eso va a implicar, espero, hacer un tipo muy diferente de política, es evidente. Cuándo va a suceder eso: con la revolución, del latín “revolutio”, una vuelta, metáfora de cambio total. Es decir que cuando se dé un cambio total de la forma de hacer política, los chapulines humanos habrán desaparecido. No, en un país como el nuestro, eso no suena a utopía, conlleva sólo el deseo del pueblo de decir muy pronto ¡basta! Ha llegado la hora de hacer de manera diferente la política.

            Hay que ponerle ganas, nada más: que la revolución comience a tomar forma.

 

 

Nada qué ofrecer

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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Apenas ayer, día 17 de este mes, en una Baja California que se ve continuamente arrasada por todo tipo de crímenes, que obviamente él nunca vio, estuvo Meade en tierras fronterizas acompañado por el Kiko Vega (quesque gobernador del estado) y un selecto número de empresarios que desde tiempo atrás pugnan por negociar ventajosamente con Estado Unidos la entrega de las tierras de la península (más de lo que ya están entregadas gracias a Manlio) a la ciudadanía del país vecino para consumir todo tipo de drogas y ejercer la prostitución infantil sin freno hoy, particularmente en Rosarito, Ensenada y Los Cabos.

Da tristeza que un candidato al que ya le impusieron su qué hacer venga a repetir letanías que ya nos sabemos de memoria y que nada tienen de novedoso o atractivo: ellas repiten un discurso que los mexicanos, desde 1988 escuchamos, y que no es sino un discurso entreguista que entrelíneas y a veces abiertamente sólo nos ha redituado pobreza creciente y cuya promesa hoy, recitada por Pepe Toño (“Al fin de mi sexenio la pobreza habrá desaparecido”, suena al más burdo de los engaños), es una mentira mayúscula que ningún mexicano ni podemos ni debemos creer. “What is new pussy cat?” ¿Qué hay de nuevo gatito? Preguntaban con sorna quienes habían sido invitados a los actos proselitistas del PRI, del Verde, del Panal, aburridos de escuchar las mismas promesas de siempre y que nada tenían que ver con los actos caciquiles de los Hank, las compras de tierras de Slim para desarrollos turísticos y mineros, las compras hoteleras e inmobiliarias de Kiko, los interminables campos agrícolas de Los Pinos en San Quintín y la carretera destruida hacia el sur del estado, ahora que no sirve para mucho.

Es cierto, Baja California, con tan sólo el 2% de votantes ha dejado de ser atractivo para los precandidatos y próximos candidatos presidenciales; ella es la aparentemente tierra desértica y árida que sólo pareciera ofrecer paisajes hermosos de mar y tierra que en ninguna otra parte del país los hay. Pero, esa tierra de una belleza natural extraordinaria es precisamente por eso codiciada por todos aquellos que encuentran en ella paraísos terrenales y riquezas minerales que se quieren explotar sin medida por quien sea, nacional o extranjero, pues sólo ellos parecieran tener derecho para hacerlo: priistas corruptos y empresarios cuya riqueza piensan que les da derecho a todo.

Baja California no puede seguir siendo una tierra vendida al mejor postor. Aquí estamos los Moreno, los Lazcano, los Trujillo, los Dibella, Roberto Castillo, Rael Salvador, Javier Cruz, Olga Alicia Aragón, Rina Pavía, Pepe Moreno Mena, Delia Valdivia, Margarita Quiroz, todos aquellos que lo mismo en Tijuana, Tecate, Rosarito, Ensenada o San Quintín, Guerrero Negro, La Paz o Los Cabos estamos dando la lucha para que la península sea de los bajacalifornianos y de nadie más. Ah, y de que ninguno somos priistas, ninguno lo somos.

De que lo vamos a lograr, lo vamos a lograr.

 

 

El regreso brutal del pasado

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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Para Claudia y nuestras ganas de luchar siempre.

La semana pasada, primera del año, pintó con colores dramáticos lo que será este año electoral y que en las fotos y en las acometidas nos hicieron recordar a todos las agresiones que en 1971 Los Halcones, como ahora en Coyoacán, llevaron a cabo en contra de ciudadanos (estudiantes sobre todo) inermes y periodistas ejerciendo su oficio. Triste tarea la de recordar porque te lleva a pensar que para el poder repetir el pasado es sólo una de las múltiples formas sucias que utiliza para intentar conservarse en donde está utilizando indiscriminadamente la violencia desde ahora. Hoy con una ligera variante: son sus fantoches (los títeres que mueve tras bambalinas: Los Chuchos, por ejemplo) los que se encargan de corporizar las agresiones. De una u otra manera la violencia continúa y hace efectiva la enseñanza de Weber: el monopolio de la violencia la ejerce sólo el Estado. El dilema es: ¿cómo podemos evitarlo?

Será, pues, éste, un año aciago, cargado de violencia: por un lado con los ajustes de cuentas que en todo el país están llevando a cabo los grupos de narcotraficantes que operan lo mismo en Chihuahua que en Baja California Sur o Veracruz o Guerrero, que los ataque en contra de los verdaderos opositores del sistema que accionan lo mismo en la Ciudad de México que en Yucatán, Oaxaca, Chiapas o Nuevo León, lo cual vuelve a situar a la oposición en situaciones de desamparo total, ya que en ambos casos la violencia la ejerce el Estado, que es quien la propicia y se ve favorecido por ella. Frente a esa repetición de los esquemas (o lo que es lo mismo: frente a esa reaparición continua del pasado), lo que más escozor causa es sin duda aquel que señala que luego de casi cien años pareciera que seguimos inermes para evitar y revertir la repetición del pasado y que se concreta sobre todo en formas diversas que impiden que los triunfos electorales de la oposición se concreten, lo que nos mantiene en un estado de sumisión continua.

Existe en el país, pues, desde años atrás una tensión continua cada seis años, pues los triunfos electorales de la oposición no se respetan y los amplios sectores de la población que militan o apoyan a esa oposición no encuentran aún la forma de, por vía pacífica, hacer respetar su voluntad y deseos, lo cual sólo ayuda a incrementar la inseguridad, la injusticia, el deseo de venganza que priva en el país.

Suponiendo que aún por varios años más seguirá siendo el mismo modelo de país el que seguirá predominando, ¿a quién le tocará, sea por la vía que sea, modificar sustantivamente a ese modelo? ¿Qué generación de mexicanos dirá basta y pondrá al fin un alto a la reaparición continua del pasado, que quiere decir fin de los fraudes electorales, alto al engaño de la democracia representativa, imponer finalmente un país más justo y ecuánime?

La esperanza es lo último que se pierde.