El Proyecto 18 a revisión

Gerardo Fernández Casanova
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Parece confirmarse la apreciación de mi artículo de hace dos semanas (AMLO y el Proyecto 18). El fin de semana pasado los campesinos organizados en la Coordinadora Nacional Plan de Ayala, entre otras, celebraron un congreso nacional en el que se pronunciaron por apoyar al candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador, no sin manifestar su crítica al llamado Proyecto 18. La presidenta del Comité Ejecutivo Nacional del partido, Yeidkol Polevnski, ofreció la certeza de que dicho documento es una primera propuesta a revisión, así como la misma conformación del gabinete, dando lugar a que las organizaciones campesinas tengan plena intervención en el perfeccionamiento de dicho proyecto. Es noticia grata que debiese servir de aliciente a otras instancias organizativas para hacer lo propio.

Por lo pronto, el mismo AMLO anunció la convocatoria a todo el magisterio para reunirse en Guelatao, Oaxaca, en un congreso que aporte al proyecto en materia educativa, de manera ampliamente inclusiva; la idea es reunir al Sindicato y a la Coordinadora nacionales de maestros. Todo indica que López Obrador cuenta con la suficiente capacidad para tal convocatoria, una vez que tanto del SNTE como de la CNTE han manifestado su apoyo para que sea el próximo presidente de México. Cabe subrayar que ambos organismos cuentan con propuestas válidas para el diseño de una política educativa ajustada a las características y condiciones del país, ajenas a las recetas dictadas desde la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que tan graciosamente han adoptado los funcionarios del actual gobierno y sus adictos empresariales. También es noticia grata.

Desde otro ángulo, el del acontecer latinoamericano, se observa el recrudecido empeño del gobierno yanqui para recuperar su hegemonía. No hay diferencia entre Trump, Obama o los Clinton al respecto. Las fraudulentas elecciones en Honduras y la imposición del presidente reelecto a sangre y fuego, muestra la obscena intervención de la CIA en ese país estratégico para el control militar del subcontinente. Lo mismo se observa en el caso de Brasil en el que, por la vía de la manipulación judicial y mediática, pretenden eliminar a Lula como candidato y seguro ganador de la Presidencia de ese país hermano.

Viene al caso esta observación para afinar el criterio de análisis respecto del pragmatismo que ha caracterizado a la campaña de AMLO en los últimos meses. Es claro que la apertura del candidato a la aceptación de adhesiones de personajes identificados con la derecha conservadora obedece a la imperiosa necesidad de lograr un triunfo contundente en la elección, de manera de hacer imposible la práctica del fraude, por todos tan temida y conocida. Puede afirmarse que AMLO goza de un nutrido apoyo social, pero que también pesan sus detractores. Ampliar el primero y reducir el segundo responde a una buena estrategia ante la realidad; es necesario asegurar la mayor tersura posible para el cambio de régimen; lo contario sólo llevaría al suicidio y a la cancelación de la expectativa de cambio afirmativo.

El candidato del PRI, José Meade, está logrando que las organizaciones de tradición priista “lo hagan suyo” pero en el más vulgar sentido carnal de la frase. No ha podido, si ese fuese su objetivo, romper la burbuja que lo encierra en el lodazal de la corrupción del viejo sistema. Por su parte la coalición contranatural del PAN, el PRD y Movimiento Ciudadano, tampoco consigue deshacerse del fardo de desprestigio de sus componentes y, aunque Anaya muestra cierta frescura, difícilmente podrá remontar la ventaja que muestran las encuestas que registra López Obrador.

Faltan seis meses para el día de la elección y durante este lapso podrán ocurrir todo tipo de triquiñuelas y campañas de desprestigio, tan conocidas en el recetario electoral de la derecha; las bardas de apoyo a AMLO aparecidas en Venezuela; el petate del muerto de la intervención rusa y la invención del Andrés Manuelovich, no son sino los primeros escarceos de lo que luego vendrá, tengámoslo por seguro.

La oportunidad histórica está a la vista. Es importante no dejarla pasar.

 

 

AMLO y el Proyecto 18

Gerardo Fernández Casanova
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No sé si es el ánimo propio del nuevo año o mi deseo de estar equivocado en lo que atañe al llamado Proyecto 18 y que he criticado con cierta acidez, pero lo cierto es que he recuperado el entusiasmo en torno al planteamiento alternativo que constituye el discurso lopezobradorista. Me he dado a la tarea de seguir a pie juntillas las palabras de López Obrador en todas sus presentaciones públicas, en todos los rincones del país, y me encuentro con que sigue siendo plenamente congruente con su historia y que, en cambio, omite hablar del referido proyecto. Otorgando el beneficio de la duda, asumo que se trata de una concesión pragmática de López Obrador para intentar reducir el asqueroso golpeteo al que se ha visto sometido durante casi 20 años, por el que le endilgan todos los horrores y errores que en el mundo existan, comenzando por aquel “¿Quieres un Chávez para México?”, después de haber armado una brutal campaña para satanizar al extinto presidente de Venezuela. Todo ello para crear la alarma entre los empresarios y la clase media y mantenerlos dentro del redil prianista.

Dicho lo anterior, no tengo empacho alguno para decir que, salvo honrosas excepciones, el Proyecto 18 no es más que un documento elaborado por empresarios o gerentes que toma, con apego literal, las propuestas de AMLO pero que resulta contradictorio a la hora de desarrollar su contenido. Menos afortunado resulta dicho proyecto al dar cuenta de sus grandes omisiones, algunas de ellas ya comentadas en anteriores artículos.

Hoy  voy a enfilarme sobre el tema laboral, cuya factura muestra los timbres de la Confederación Patronal de la República Mexicana. El capítulo incluye ocho programas: formación profesional y capacitación para el trabajo; certificación de competencias y habilidades; inspección del trabajo para cumplir normas; nueva instancia para la negociación colectiva; plataforma digital para la intermediación en materia de empleo; recuperación del salario mínimo, e inserción de migrantes repatriados. Nada que se enfoque a la recuperación y el fortalecimiento del sindicalismo democrático. Nada en relación con la nefasta legislación reformada vigente. Nada que atente contra el charrismo sindical y los contratos de protección. Nada que tenga que ver con el azote del desempleo y las fórmulas de atenuación de sus efectos. Entre otras omisiones.

Bien por el tema de recuperación del salario mínimo a ritmo de 15.6% anual, pero mal por no indexarlo a la inflación y al objetivo de recuperar la capacidad de satisfacer las demandas mínimas de los hogares proletarios. Es indispensable romper el esquema de concentración de la riqueza en pocas manos  e incrementar el valor del factor trabajo en la ecuación. Debo reconocer que en el capítulo Economía formula una acertada propuesta de fortalecimiento del cooperativismo como respuesta a tal fenómeno, pero debiese tener su correlato en el capítulo laboral.

Para una economía y una sociedad democráticas, el sindicalismo es un ingrediente indispensable que ha sido criminalmente desdibujado por las políticas neoliberales, al grado de considerarse especie en extinción. En todo el documento la palabra sindicato sólo aparece en el combate a la corrupción, como que dando por sentado que su liga es obvia e indisoluble; incluso cae en el error de exigir pública rendición de cuentas a las dirigencias sindicales como si fueran organismos gubernamentales; tal rendición es derecho exclusivo de los trabajadores miembros del sindicato.

Los defectos acusados por el sindicalismo mexicano no son inherentes a la indispensable asociación de los trabajadores para romper la asimetría de poder entre el patrón y el trabajador individual. Ha sido el sistema corrupto y corruptor el responsable de la operación de la mayoría de los sindicatos como elementos de control político y económico, siempre al servicio de los patrones y del propio gobierno. Contra ello es que el verdadero cambio tiene que actuar; contra funcionarios como el de nuevo priista Javier Lozano, que no tuvo empacho en pretender intervenir ilegalmente en, por ejemplo, el Sindicato Nacional de Mineros incluyendo el acoso seudo legal de su dirigente, Napoleón Gómez Urrutia.

Por cierto que, desde hace tiempo y ahora también, López Obrador se ha manifestado en el sentido de respetar la autonomía sindical y proceder a su depuración democrática. Por ahí sí caminamos.