Asesores ominosos, la catadura del PRI

Teresa Gil / Libros de ayer y hoy
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Se tiene muy claro que el PRI va a llegar a todo en este proceso electoral, para no soltar el poder y la inclusión de un personaje siniestro como Juan José Rendón, venezolano de la mafia impulsada por Donald Trump contra Nicolás Maduro, no sorprende. En otras elecciones y casos de alarma para ellos, han echado mano de lo más radical que existe para seguir ejerciendo su  mandato. Si bien el PRI trata de deslindarse del mencionado personaje que tiene proceso abierto en su país, no hay que olvidar la vinculación de Luis Videgaray y la inserción que ha hecho de México el gobierno actual, en la lucha impulsada por el gobierno de Estados Unidos para derrocar al gobernante de origen chavista. Es lógico que se eche mano de uno de esos personajes afines a la posición oficial mexicana. Las imágenes y diatribas que ya circulan contra los opositores ꟷAMLO ante todoꟷ, rebasan toda noción de cordura: es la maledicencia, la pequeñez moral lo que se exhibe. Se publican pintas denigratorias en Venezuela, como una extensión de la actitud persecutoria organizada por el PRI. Es curioso que mientras el artículo 33 permite la expulsión de extranjeros non gratos, sea por el contrario el actual régimen el que los traiga. Tipos externos sin calidad moral, para enfrentar a nacionales. La culpa directa no obstante, no es de ellos. Es una responsabilidad que atañe al gobierno y su partido y tiene que ser él el que responda por este desaguisado. Si como aseguran José Antonio Meade y Enrique Ochoa Reza, ellos no contrataron a Rendón, que se le aplique  ipso facto el 33  y asunto concluido.

El hombre de negro y su oscura misión

La literatura tiene muchos ejemplos del uso de personajes perversos para enfrentar una fuerza contraria. La vieja maldición de los anticristos metafóricos ronda sobre la cabeza de muchos y los ruines de carne y hueso campean por todos lados cuando es necesario llegar a las últimas consecuencias. Alguna vez mencioné la misión que se impuso a Benwell, alto dignatario católico, a quien se le pidió ꟷfueran cuales fueran las consecuenciasꟷ, revertir valiosas propiedades que como en la Reforma juarista, fueron desamortizadas por Enrique VIII durante la disgregación inglesa del Vaticano. El hombre de negro del inglés Wilkie Collins (Editorial del Bronce, 1998, muchas editoriales) se disfraza de un oscuro sacerdote y penetra en la vida interna de los Romayne, dueños en ese momento de las propiedades. La secuencia es previsible en el uso de todo tipo de artimañas, intrigas, mentiras y calumnias, para conseguir su propósito. Logra incluso destruir el matrimonio de los nobles afectados. Es en ese libro escrito a mediados del siglo XIX en el que ya se critica la imposición del celibato a los sacerdotes y Collins da excelente información al respecto. Contemporáneo y amigo de Dickens, logró contrarrestar la enorme fama del autor de Grandes esperanzas, para imponer clásicos como La piedra lunar, La dama de blanco, El hombre de negro y otras de sus 27 novelas, obras de teatro y cuentos y relatos que son reconocidos. Murió en 1889. La intriga vaticana que causó muertes y daños diversos fue enfrentada con decisión y denuncias de parte de los afectados. La presencia de un hombre de negro avalado por el gobierno mexicano para desquiciar las elecciones de este año, está siendo enfrentada por algunos partidos y ya fue retomada por medios de comunicación ¿Los niveles de cinismo imperante podrán triunfar sobre una ciudadanía bien informada? Está por verse.

 

 

Un libro y una propuesta legislativa contra la trata

Teresa Gil / Libros de ayer y hoy
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Mientras la inoperancia oficial campea, muchos se rasgan las vestiduras y centenares de mujeres son asesinadas, un excelente libro de Humberto Musacchio recién salido, pone en su lugar el trabajo del sexo servicio y ofrece una breve pero contundente propuesta. De banqueta y canapé (Luna Media Comunicación, diciembre 2017) es una bella y pequeña obra, editada, según dice el escritor y periodista, “para los amigos”. Las siete líneas que como parte de un apéndice proponen legislar desde el punto de vista fiscal la mencionada actividad, difiere de aquella tan afrentosa y moralista que tildaba a los sexoservidores como delincuentes y que fue enfrentada por grandes humanistas y juristas que lograron que la ONU aprobara el sistema abolicionista de la prostitución como delito, allá por el 2 de diciembre de 1949. No es desde luego la solución que resuelva de cuajo el problema de los feminicidios que tiene muchas aristas ꟷpobreza, ignorancia, desamparo, misoginia, la inseguridad reinante, el crimen organizado y el sexo como centro de grandes negocios, etcéteraꟷ, pero sí puede ser, como ocurre en muchos países como Holanda por ejemplo, un medio para que los gobiernos desde la perspectiva económica, brinden protección a miles de mujeres que se dedican a ese oficio. El contexto que determina los feminicidios no abarca solo el sexo servicio o la trata de personas ꟷen la que existe la variante de la esclavitud laboralꟷ, sino a todo el entorno social en el que son agredidas mujeres de todas la esferas, actividades y profesiones. La agresión suele venir primordialmente de familiares o parejas y en otros casos de delincuentes sexuales que operan en la ocasión, taxistas por ejemplo. Pero legislar el sexo servicio a nivel administrativo, es una propuesta que tiene parentesco con la de legislar sobre las drogas, porque se va al fondo del problema: quitar elementos a la delincuencia que opera en la trata y el narco.

De banqueta y canapé

Obra de 71 páginas, 17 de las cuales son de “viva imagen”, penetra en ese complejo mundo del sexo servicio, al que en los espacios de doble moral se elude, parodiando a Wilde, el mencionar su nombre, pero que paradójicamente es el más mentado en ese mundo que fascina y atrae a los hombres, pero cuya denigración es parte del machismo que ha sobrevivido durante siglos. Musacchio, con un fino humor y una crítica profunda a ese estilar hipócrita de las sociedades mochas, va desgranando nombre por nombre, apelativos y sobrenombres y los epítetos que han adjudicado a lo largo de los tiempos a las mujeres que han ejercido el arte del placer. Hay en él un proceder versado, conocida su trayectoria de hacedor de diccionarios. Ilustra de entrada, como debe ser, los señalamientos locales desde la época precolonial y colonial, el artilugio de autores que se explayaban en ofrecer informes sobre las decantaciones gramaticales, quizás porque ellos mismos las usaban en  visitas a casas llamadas non santas o en atrevimientos de banqueta y los apodos que trascendieron los diccionarios y libros, con el tiempo. Largo sería mencionarlos, algunos raros y novedosos, muchos tasados a partir de descripciones físicas de las ejecutantes, del sitio donde ejercían, del menosprecio de su labor y del valor que le daban a su actividad, entre otros. El diccionario se antoja interminable. Pasa luego el autor, a las propuestas y análisis de autores conocidos como Camilo José Cela, Alfonso Reyes, Octavio Paz, ente varios y se va al recorrido clásico de Francia, Italia y otros países, sin tocar de fondo el otro seguimiento clásico de la antigua Grecia, bagaje de tantas historias, señalamientos y nombres. Pone énfasis en el papel que han  jugado en épocas distintas los señores de la Iglesia católica, en algunas ocasiones creadores e instigadores de los llamados burdeles como vulgares lenones y las frases justificatorias que daban los santones Tomás de Aquino y San Agustín a la prostitución  como “un mal necesario”. Con la descripción de estas mujeres y sus nombres, como en alguna parte del libro se reconoce, se puede tasar la estructura social de un país, porque las había y las hay de alto nivel, de canapé, hasta llegar a la pobre callejera que ejercía y ejerce, como dice el título del libro, en la banqueta. Libro ameno de bella presentación que fue terminado en Impresos Albatros bajo la supervisión de Edgar Morales Carranza, presenta en su apéndice 17 imágenes de gran belleza sobre el tema, algunas a color,  por donde desfilan desde Julio Ruelas, José Guadalupe Posadas, Francisco Díaz de León, Marius de Zayas, Fernando Castro Pacheco, Fidencio Nava, y los famosos Diego Rivera, Rufino Tamayo y quien lo dijera el gran cineasta ruso Serguei Eisenstein en un forcejeo con la Matildona, mujer de la época en la que él estuvo aquí.