Andamio

Raúl Moreno Wonchee / La nave va
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A las regulaciones –por así llamarlas– impuestas por la cuota legal de género y las autoimpuestas estatutariamente por las cuotas de edad, se sumaron los repartos correspondientes a las coaliciones. Un enredo monumental cuyas consecuencias aún están por verse pero que por lo pronto han obligado a las directivas partidistas a hacer un arduo trabajo de orfebrería electoral para defender la autodeterminación y la autonomía de los partidos, así como su representatividad social y su capacidad dirigente. En este trance, unos, por no decir uno, tienen más que defender que otros. No se trata sólo de posiciones sino de responsabilidades institucionales. Echar al PRI del poder y aún de la política como desiderátum electoral, carece del mínimo contenido que se requiere para sustentar lo que la megalomanía opositora negadora de la historia ha llamado “proyecto alternativo de nación”. Porque la nación no es un proyecto sino una realidad forjada en la lucha más que bicentenaria del pueblo mexicano en la que hay que encontrar el sentido y el impulso del desarrollo democrático nacional. Se trata, entonces, de defender lo que le da sustento e identidad a la lucha por el futuro, y de definir lo nuevo que le dé sustancia al cambio verdadero. Por eso es tan importante que el tricolor haya armado una planilla nacional de precandidatos que de partida asegura para el partido abanderar el cambio y la continuidad. Se sabe que faltan decisiones clave en los perfiles legislativos federales y en los estatales en juego. Pero lo decidido hasta ahora permite reafirmar la unidad y consolidar las alianzas. El PRI está a punto de culminar la construcción del andamio de la candidatura presidencial de José Antonio Meade

 

 

Desde Rusia con amor

Raúl Moreno Wonchee / La nave va
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Cuando impera la confusión, suelen ser los espíritus débiles los que inclinan el fiel de la balanza democrática. Ocurre, entonces, un trasunto de perversión política porque en los partidos y en los poderes de todo tipo hay quienes buscan atizar la confusión para debilitar las conciencias ciudadanas y a través  del engaño falsificar la democracia. El 6 de enero, el general Herbert Raymond Mc Master, consejero de Seguridad Nacional del presidente Trump, acusó al gobierno ruso de intervenir en el proceso electoral mexicano. El dicho, de por sí injerencista, sin tener ningún sustento tiene sin embargo obvias intenciones: movilizar a los círculos aliados del trumpismo, alarmar a los confusos y abrir brecha a la injerencia gringa en el proceso electoral. Tan no es menor el asunto que a finales del año recién pasado, el canciller mexicano Luis Videgaray viajó a Moscú a entrevistarse con su homólogo ruso Seguéi Lavrov. Al alimón, ambos cancilleres desmintieron tajantemente la supuesta intervención rusa que ya entonces era un chisme envenenado, y reafirmaron el respeto mutuo como base de las relaciones entre ambos países. Ahora, que el rumor tomó forma en una resonante declaración de un general trumpista, mereció desmentidos de los consejeros Baños y Nazif del INE, del vocero de la Presidencia de la República y del secretario de Gobernación Navarrete Prida. Ah! pero recibió el respaldo de un político de moda –es decir, que no tardará mucho en pasar– y que a diferencia de Mc Master, presentó una prueba irrefutable: a López ya le llaman Manuelovich. Si EU busca ventajas al distanciar a México de países que pueden representar un contrapeso en las negociaciones comerciales, ¿qué busca Lozano al respaldar a Trump cuando éste lanza su ofensiva contra México?

 

 

Las vueltas del tiempo

Raúl Moreno Wonchee / La nave va
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Los profesionales de la insidia han encontrado en la mal llamada precampaña un tiempo propicio para sus acciones disolventes. El gobernador de Chihuahua, en cuyo patronímico lleva el estigma de sus malas intenciones, se encorraló con su pandilla para enlodar por anticipado el proceso que habrá de fincar la institucionalidad del sexenio que arrancará a finales del año que comienza. Una trama inventada para embestir a las instituciones simulando que corta el nudo gordiano que ata la corrupción con la política. Una copia burda del Pemexgate con el que su paisano Barrio fracasó en su demencial intento de ultimar de un golpe a Pemex, al sindicato petrolero y al PRI, aunque logró que Lujambio arrastrara al IFE a ejecutar la mayor represión contra un partido político en nuestro país al imponerle al tricolor la astronómica e inconstitucional multa de mil millones de pesos. Sin prueba alguna, sólo con base en declaraciones de testigos protegidos y a ojo de buen cubero. En su versión actualizada, Corral acusa a la Secretaría de Hacienda de desviar dinero al PRI para las campañas de 2016 haciendo eco de Anaya: que se vaya el PRI corrupto, aullido violatorio de la ley electoral que obliga respeto entre los partidos políticos. Las pandillas de malosos y más si son de personajes con falsos prestigios forjados a golpes mediáticos, suelen seducir a personas bien intencionadas invocando el flagelo de la corrupción. Al parecer, eso pasó con los integrantes del Comité Ciudadano Anticorrupción quienes muy pronto se dieron cuenta de la baja estofa política del asunto y decidieron alejarse. La comedida y escrupulosa declaración de la presidente del Comité, Jacqueline Peschard, colapsó la corrupta maniobra y dejó a Corral acorralado.

 

 

Epifanías

Raúl Moreno Wonchee / La nave va
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Arrancó la pretemporada invernal con atabales mediáticos que revelan el necio empeño de quienes no tienen nada que ofrecer sino su resentimiento, de enturbiar a toda costa lo que debería ser un torneo democrático que obligara a unos a mostrar opciones y a otros, a la inmensa multitud electoral, a elegir con libertad, sin coerción ni engaños. Pero la utopía democrática es una aspiración que obliga a los demócratas a hacer camino al andar. Con afán deportivo dije pretemporada donde se dice precampaña, un extraño artificio que pone en evidencia el recurso en boga de insuflar protagonismo a una burocracia electoral cuya expansión la lleva a restringir los territorios de los ciudadanos y las funciones de los partidos. Mal menor, se dice, frente a la ominosa posibilidad de que sean los llamados poderes fácticos los que de plano usurpen la soberanía popular. Y en sus particulares epifanías, los apenas precandidatos tienen por delante un plazo perentorio para convertirse en candidatos en medio de una intrincada maraña de alianzas donde estará en juego, en primer lugar, su propia identidad. Por orden alfabético, Anaya resume cien años de rabia de la derecha cuyas denuncias apocalípticas sobre la corrupción y la represión han sometido a una sediciente izquierda que olvidó, si alguna vez las tuvo, sus nociones de clase o de nación. Cuesta abajo, López Obrador busca en el delirio la salida de emergencia; los despojos de su debacle pueden reforzar la rabia derechista. José Antonio Meade tiene por delante la difícil tarea de conjugar el cambio y la renovación con la continuidad reformadora; en el discurso social del PRI tiene la clave.