La puta feminista

Mar Candela / Ideóloga de Feminismo Artesanal
@femi_artesanal

Otra vez escribiendo y reescribiendo los argumentos de este Feminismo Artesanal del cual estaré abanderada por el resto de mi existencia. Es curioso para mí, después de casi una década tener que seguir explicando qué significa eso de que defiendo un país donde las mujeres vivamos putamente libres, que eso de putamente libre hace referencia a una mente promiscua capaz de masturbarse a sí misma diariamente y eyacular ideas sobre su propia existencia. ¿Hasta cuándo tendré que explicarlo? Es la pregunta del millón. Supongo que hasta que desaparezcan los prejuicios sociales sobre la palabra puta.

Ser una mujer putamente libre es comprender que, puta o no puta, ninguna mujer es ciudadana de tercera categoría y que la dignidad de las mujeres no habita en el modo que deciden ejercer su sexualidad, que el derecho a la libre personalidad incluye el derecho a la libre sexualidad.

No logro acostumbrarme a la estúpida pregunta sobre si soy una prostituta, o si soy una “matrona" de putas. No logro dejar de indignarme. Me indigna la estupidez humana. Me indigna la ridiculez y sobre todo me indigna la idea de que si eso fuera cierto. Mi voz perdería validez. Y nuevamente les respondo a quienes escondidos en perfiles de cinco seguidores llegan a mis redes a tildarme   de prostituta pretendiendo deslegitimar mi defensa justa.

Antes de explicar consistentemente mi defensa, debo aclarar que no me ofende de ninguna manera la palabra prostituta, que si soy o no soy prostituta es algo que no pienso responder a las mentes morbosas y mal intencionadas que solo desean confundir a la opinión pública. Mi sexualidad, sea cual sea y como sea, con o sin ánimo de lucro, es mi territorio político y pertenece a mi derecho legítimo a la vida privada.

¿Cuál causa mía pretenden invalidar? Mi susurro en los lugares íntimos o de reunión social, mis gritos a voz en cuello en las calles, mi amplia bandera. ¿De qué se trata esa bandera? Mi bandera no se trata sobre qué hago o dejo de hacer con mi coño; se trata sobre la justa verdad de que todos los coños le pertenecen a mujeres con mentes libres que deciden no solo sobre su sexualidad, sino sobre todos los aspectos de su vida.

Mi bandera se trata de que existen mujeres con pene y ellas tampoco deben ser sancionadas por no tener un coño.

Mi bandera tiene que ver con que la palabra puta no es una ofensa. Que la puta madre no es la peor mujer de todas, del mismo modo que el puto padre nunca fue señalado por puto.

Que los hijos de las putas pocas veces son malas personas y que las peores personas de esta sociedad no tienen madres putas. Tiene que ver con que las mujeres tenemos derecho a ser célibes, tanto como a ser putas de así decidirlo. Y  eso no quita una sola letra a nuestra dignidad.

Mi bandera es clara. Se trata de la defensa al derecho legítimo a vivir sin miedo, de la reivindicación de todas las formas de ser mujer, de la defensa al derecho legítimo de cada mujer y niña a vivir sin miedo, de la creación de puentes de poder entre mujeres desde la interseccionalidad donde, putas o no, todas nos unamos en contra de la violencia sistemática que se ejerce sobre nosotras en todos los aspectos de nuestra vida.

Tiene que ver con el combate a la violencia intragénero. ¿Cuál es esa violencia? Imagino a varias personas preguntándolo. Respondo: esa violencia donde muchas somos, la una para la otra, o la mujer mártir o la mujer verdugo.
Mi bandera tiene que ver con la alianza intelectual y psicológica que se debe hacer con los hombres que no desean seguir viviendo como machos, para de una buena vez conseguir un país sin violencia sexista.

Mi bandera tiene que ver con que todos los días de mi vida estoy recordando a cada mujer que amanece en la calle de alguna ciudad, desnuda y sin conciencia de lo que le sucedió la noche anterior, solo por haber salido a divertirse sin miedo. Tiene que ver con cada feminicidio diario en Colombia y en el planeta con la excusa de que somos o parecemos putas, como si el hecho de ser puta significara algún castigo per se, e incluso la pena de muerte. Mi bandera consiste en sembrar pensamientos y acciones con enfoque diferencial y perspectiva de género, consiste en entender el feminismo como un principio ético, transversal a todas las realidades de humanidad.

Consiste en proponer como camino a la paz tejer a mano la equidad con puntadas de pensamientos sesudos que nos hagan transformar imaginarios corruptos sociales.

Mi bandera consiste en hacer entender que toda mujer, incluso la puta, debe ser feminista en defensa propia. Mi sensibilidad especial es por “las nadie”, por cada mujer que sin núcleo social, familiar y político ha tenido que hacerse a mano puntada a puntada. Y esa sensibilidad obviamente proviene de mí trasegar más íntimo. Del hecho de que nací siendo una nadie más de millones en el planeta que ha tenido que empoderarse a diario de su realidad.

Y siempre que alguna persona caída de la mata me pregunte si soy puta, mi respuesta será la misma: soy putamente libre y si eso no despeja las dudas, quiere decir que tienen que retarse a pensar un poco más allá de lo que tienen acostumbrado.

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