Sexenio de corrupción y autoritarismo

Jorge Meléndez Preciado
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Como la inmensa mayoría de organizaciones nacionales e internacionales temían, el viernes por la mañana fue aprobada la Ley de Seguridad Interior, por el PRI, el PVEM y algunos senadores del PAN. Éstos últimos fueron dejados supuestamente “en libertad” de elegir lo que quisieran. Tiene razón, por tanto, el  actor Diego Luna, quien señaló: en 2018 no habría que votar por esas organizaciones, ya que escogieron el camino de darle una fuerza sin paralelo al Ejército en su cruzada contra el hampa, que también agrede a ciudadanos inocentes.

La citada ley abre el camino para que el Ejército pueda hacer y deshacer a su antojo, sin ninguna posibilidad que las autoridades civiles le paren el alto. Por lo tanto, serán más frecuentes los episodios oprobiosos como los de Tltatlaya, Apatzingan  y los 43 de Ayotzinapa.

Pero además, las fuerzas armadas podrán espiar a los ciudadanos sin que tengan que pedir autorización para ello, lo que limita la privacidad de los mexicanos, quienes de ahora en adelante sabrán que no pueden tener vida íntima.

También, el presidente en turno, podrá llamar a los militares para que sofoquen lo que considera una actividad que ponga en riesgo la seguridad del país. Algo que se hacía muchos años atrás con el derogado artículo 145, el cual posibilitó que las cárceles se llenaran de presos políticos. Uno de ellos, por cierto, Valentín Campa Salazar, recientemente fue homenajeado ya que sus restos descansarán en el panteón de las Personas Ilustres.

El operador de este despropósito en el Senado fue el conocido Emilio Gamboa Patrón, quien le hace favores legislativos a muchos personajes de malísima reputación, como el pederasta Kamel Nacif, quien exigió echar para atrás una ley que le perjudicaba, a lo cual Gamboa hizo todo el numerito, incluso dijo: “va pa’ atrás Papá”.

En vano se hicieron manifestaciones y pronunciamientos de decenas de ONG mexicanas, de comisionados de las Naciones Unidas y de agrupaciones en favor de la vida y la democracia. Para EPN ninguna de ellas tiene la menor importancia. Lo único es tratar de protegerse para cuando deje el cargo. Sexenio de sangre, corrupción, impunidad y autoritarismo.

 

De lastres, frentes y propuestas

Jorge Meléndez Preciado
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José Antonio Meade continúa sus encuentros con diferentes políticos que poco le aportarán a una campaña en la cual  arranca como tercero en la contienda. Además,  añade a su equipo otro novato en la política, que desbarra en las primeras de cambio: Mikel Arreola.

Meade ya sumó a los del PVEM, aunque en el encuentro no estuvo Manuel Velasco, el único gobernador de los verdes, que en Chiapas ha dejado graves problemas y despilfarros por doquier; ni el senador Pablo Escudero, el yerno de Manlio Fabio Beltrones, quien se insiste jalará con Morena. De este partido es poca la votación que alcanzará y muchos los puestos a repartir, algo que traerá alejamiento de tricolores. Igual sucederá con el Panal, donde Luis Castro y su compadre del SNTE, Juan Díaz de la Torre, ya no mueven a los profesores, aunque finjan que son los émulos de Elba Esther Gordillo.

Pero lo más vergonzoso es el encuentro de José Antonio con Vicente Fox. El comerciante que ha retado a Donald Trump por sus locuras, le  traerá repercusiones graves en su relación con Estados Unidos y ninguna ventaja en votos aquí, ya que el esposo de Marta no tiene la menor ascendencia en ningún movimiento ni agrupación.

Mikel Arriola puede ser un funcionario atinado, según dicen, pero eso de no entender qué es el programa: el Médico en  tu casa, el cual ha sido premiado internacionalmente, demuestra que no le sirvió de nada su paso por el IMSS. Lo que trajo como resultado un regaño de Miguel Ángel Mancera, quien se encuentra sumamente  enojado porque le tomaron el pelo sus allegados, haciéndole creer que estaba en la jugada a la Presidencia de la República, mientras pactaban con Ricardo Anaya posiciones para sus tribus y familias.

El Frente, que ahora no tiene nada de ciudadano, es una enchilada mal compuesta, y  no sabemos quién pueda comerse un plato semejante. Proponen la renta básica para todo nacional, algo que es una aspiración de la socialdemocracia hace tiempo, lo cual está difícil que se logre con las finanzas actuales y sin tener más ingresos. Y a la vez, dejan de lado a los grupos que luchan por sus derechos elementales desde las mujeres hasta los que buscan se reconozca ampliamente la diversidad sexual. Y es que el espíritu panista más añejo triunfó sobre los perredistas que ya no tienen nada de izquierda sino únicamente se aferran a sus canonjías.

Ricardo Anaya, sin duda, resultó el triunfador y supo engañar a todos. Sabía virtud dar atole con el dedo.

            Pero el ataque a la corrupción, por ejemplo, no será  posible si en el barco van los Chuchos del PRD y los gobernadores panistas como Manuel Márquez (Guanajuato) y Rafael Moreno Valle (Puebla), este último ausente en el destape. Menos se combatirá la impunidad cuando el candidato presidencial, el mentado Ricardo, manejará el 70 por ciento de la propaganda electoral y los dineros que aporten el INE y otras organizaciones estatales. Principio que muestra la centralización y dirección de a dónde van los recursos.

El que fue engañado por todos es Miguel Ángel Mancera. Lo mismo por su jefe de campaña, Héctor Serrano, que le diseñó una corriente, Vanguardia Progresista,la cual no sirvió de nada. Por los Chuchos, que se tomaron la foto con Mancera y lo dejaron solo y sin información real de lo que ocurría en el interior. Y  Alejandra Barrales, la cual jugó para su santo y no le importó que su jefe y expareja sentimental estuviera expuesto a la burla de los conocedores de los acuerdos.

Ahora, al todavía jefe de Gobierno, se le posibilita que en el PRD llegue uno de sus niños consentidos, Manuel Granados. También se le darán algunas posiciones para que no se queje demasiado. Pero el verdadero poder, sabemos, estará en los actores que estén en los reflectores y no en quienes pongan los utensilios de trabajo, incluido el dinero.

Que Mancera está dolido, lo demuestra las precandidaturas de Salomón Chertorivski –por cierto otro itamita, ligado hace años a Meade y a Luis Videgaray– y Armando Ahued, el secretario de Salud tan afamado. Ellos enfrentarán a la señora Barrales para ver quién es el que logra la candidatura en la Ciudad de México. Algo que no es el triunfo seguro, ya que Claudia Sheinbaum de Morena, lleva gran ventaja hasta el momento en las encuestas capitalinas.

Por cierto, Andrés Manuel López Obrador se registró esgrimiendo un decálogo, en donde pone el acento en asuntos juveniles. Lo mismo promete que los mal llamados ninis tendrán un salario para que puedan aprender algún oficio o tengan posibilidades de estudiar. Aunque, no descuida a los miembros de la tercera edad, quienes han sido el motor de muchas de sus aventuras. Y, asimismo, hace una propuesta acerca del apoyo al campo, algo indispensable en estos tiempos donde el TLCAN ha depredado este sector, no importando la falacia de Peña Nieto de que somos una potencia mundial en la producción agrícola.

Tres momentos preelectorales.

La reelección de Carlos Romero Deschamps, en el sindicato de Pemex hasta 2021, algo que muestra la perpetuidad de un sistema mafioso. Un disparate nuevo de Peña Nieto en una reunión mundial en París acerca del cambio climático, ya que dijo México se ha “volvido” referencia internacional. Y el reclamo de la Coparmex, acerca de que Enrique Peña Nieto no ha cumplido el 60 por ciento de sus promesas de campaña.

La batalla rumbo al 2018 empieza muy caliente.