¡Ya empezamos!

Catalina Noriega / Cuchillito de palo
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A sillazos y pedradas se enfrentaron simpatizantes del Partido de la Revolución Democrática y del Movimiento Regeneración Nacional. El zafarrancho, del que ahora se culpan mutuamente, debería ser una señal de alarma, previa a la violencia generalizada, que podría desatarse.

 

El motivo fue nimio. En la plaza Hidalgo, centro de la delegación Coyoacán, el viernes 15 hubo un festival de fin de año que, según las autoridades del sol azteca, ya estaba previsto y anunciado en redes, días antes.

 

A las cuatro de la tarde se montó un segundo templete, para un mitin de Andrés Manuel López Obrador y su pupila, Claudia Sheinbaum. La demarcación insiste en que la Morena, Bertha Luján, había solicitado el permiso el 5 de diciembre, pero se le negó el 11, porque el espacio ya estaba comprometido.

 

A pesar de la falta de permiso, Morena decidió hacerlo. Llegaron sus seguidores y quisieron colocar sillas. Trabajadores delegacionales se los impidieron. Fue entonces cuando empezó el ataque con proyectiles. A un par de reporteros los agredieron haciendo caso omiso de sus identificaciones. Cuando regresó la calma aparecieron Sheinbaum y AMLO e hicieron su consabido espectáculo.

 

Una querida amiga comunicadora, Paloma Ruiz, vive a unas cuadras del jardín. Salió a comprar un pastel y al oír la música decidió acercarse a ver de qué se trataba. Detrás de una esquina, vio cómo golpeaban a una mujer de la tercera edad. De inmediato se acercó a defenderla. Le tocaron todo tipo de golpes hasta caer y qué decir de los insultos.

 

         Cuando pudo salir se dirigió a la delegación, a poner una denuncia. Se la negaron. Colaboradora de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos se indignó y no pasó nada. Le argumentaron cuatro perogrulladas y rechazaron abrirla. Así se levanta el telón de la violencia. Se pelean las fechas, los permisos, los espacios. La delegación Coyoacán es una de las pocas que quedan en las manos del PRD y va a ser difícil que la suelte. No es la primera batalla campal que se organiza. Los escarceos por el sufragio han sido de pronóstico y característicos por su violencia.

 

Como su delegado insignia, Mauricio Toledo, de enorme fama de bravucón y peleonero, más allá de cualquier acuerdo de civilidad. A su salida, dejó en su lugar a uno de sus incondicionales –José Valentín Maldonado–, quien renunció hace un par de semanas para contender por una diputación.

 

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