Los presidenciables al cierre del 2017

Luis Gutiérrez Poucel
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Una imagen de la situación política del momento nos la da las encuestas de las preferencias ciudadanas, pesquisas que, si no son la verdad, por lo menos apuntan en la dirección probable. Al momento, los candidatos más populares son los representados por (1) la coalición Juntos Haremos Historia, integrada por Morena, PT y Encuentro Social (PES); (2) Por México al Frente, formada por el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano; y (3) Meade Ciudadano por México, compuesta por el PRI, Panal y Verde. Al final del 2017, la figura de los candidatos independientes no es una opción que destaque. Te confieso querido lector que este economista, con pretensiones de escribiente, tenía y sigue teniendo la ilusión de que está opción en el panorama democrático electoral de nuestro país constituye una alternativa con gran potencial, pero reconozco que en el momento actual parece será de poca importancia.

El mecanismo para la aceptación de los candidatos independientes ha probado ser excesivamente complicado y poco representativo de la educación y el acceso a la tecnología de la mayoría del pueblo mexicano, sugiriendo que se propusieron requisitos tan difíciles de satisfacer a fin de disminuir el peligro que constituían para los partidos los candidatos independientes. Los únicos aspirantes independientes que al momento tienen la posibilidad de ser aceptados, son el priista arrepentido Jaime Rodríguez (el Bronco) y la expanista y esposa del expresidente Felipe Calderón, Margarita Zavala, los cuales en realidad no son representativos de verdaderos candidatos independientes, tal como podría ser el empresario y periodista Pedro Ferriz de Con.

Las encuestas destacan un punto interesante: la contienda se perfila, no como una lucha entre partidos sino, como una competencia entre candidatos. En efecto, buena parte del electorado está harta de los partidos tradicionales, las recientes coaliciones entre ellos manifiestan más de lo mismo. Por ejemplo, ¿cómo puede Morena aliarse con Encuentro Social, uno de los partidos más derechista y ultraconservadores del país? ¿Cómo puede Andrés Manuel López Obrador aceptar al ahora “izquierdista Iluminado” y antes “incansable luchador priista” Esteban Moctezuma? ¿Cómo se puede explicar la unión de dos enemigos naturales, el PAN que representa a la Iglesia y derecha mexicana con el PRD de filosofía y valores diametralmente opuestos? Éstas son tan sólo una muestra de las razones por las que los mexicanos están hartos de los partidos tradicionales; sus acuerdos para alcanzar el poder confirman una vez más que su ambición vence cualquier ideal o compromiso social.

En cuanto a las preferencias sobre los candidatos, las más recientes encuestas revelan el secreto a voces que todos veníamos sospechando: AMLO es el candidato puntero, con un margen de preferencia de cuatro hasta siete puntos sobre su rival más cercano, Ricardo Anaya, seguido (un poco por debajo de éste) de José Antonio Meade; en la retaguardia –muy lejos de los tres punteros– están los independientes Margarita Zavala y Jaime Rodríguez, el Bronco.

Claro, lo anterior es el panorama de precampaña, la radiografía revelada por las preferencias ciudadanas al cierre del 2017. Seguramente todo esto va a cambiar durante la campaña en el 2018, la popularidad de Andrés Manuel probablemente disminuirá, tal como sucedió en el 2006 y en el 2012.

Este escribiente considera que Ricardo Anaya tiene más posibilidades de ser el rival más cercano de AMLO, por tener más carisma y reconocimiento con el electorado, aparte de ser un político más experimentado que Meade. El exsecretario de Hacienda podrá ser un buen economista, el candidato mejor preparado y de mayor experiencia en el servicio público, sin embargo, es un mal candidato para una contienda política presidencial.

En cuanto a los candidatos independientes, probablemente sólo los dos antes mencionados, Margarita Zavala y el Bronco, alcanzarán a cumplir con los requisitos impuestos por el INE, pero no creo que lleguen a ser contendientes en la recta final. Al final de la carrera solamente veo a Andrés Manuel López Obrador y a Ricardo Anaya.

          El exceso de confianza que le dan las encuestas ha llevado a AMLO a declarar lo que se le ocurre sin temor a las consecuencias. Ha acusado a sus rivales de pirrurris, fifis y títeres (manifestando menosprecio clasista), los ha llamado blanquitos (en una clara alusión racista). AMLO parece incapaz de referirse de manera racional, respetuosa y argumentada a sus contrincantes, recurre al consabido ataque personal, al insulto, a la ofensa, a la burla, y al sarcasmo, para dar la impresión de que está por encima de ellos. La narrativa acusatoria de AMLO en la precampaña apunta a una campaña en el 2018, no de propuestas, sino de descalificaciones e insultos. AMLO le está apostando –en su último intento por llegar a la Presidencia– a la confrontación, a la división de clases y al odio racial... Y todos aquellos en su equipo y gabinete no pueden ser tan ciegos como para no darse cuenta hacia donde está llevando a la sociedad en su ambición personal por el poder: a despertar al México bronco.

El candidato de Por México al Frente, Ricardo Anaya está siguiendo una estrategia populista, prometiendo una renta universal básica para combatir la pobreza, propuesta inviable de llevar a cabo, pero que suena bien y a la mejor consigue robarle algunos votos a Andrés Manuel. Pepe Meade sigue su discurso tradicional de “20 años de trayectoria” que no convence a nadie excepto a los ya convencidos, moviéndose en medio del poco apoyo del PRI tradicional y un Ejecutivo apático.

Anaya y Meade deben considerar que la base de Andrés Manuel constituye un voto duro que se mantiene fiel en las buenas y en las malas. Esto es algo que sus rivales tienen que considerar, AMLO puede decir lo que quiera por equivocado que esto sea y sus seguidores lo van a seguir aplaudiendo, porque él no pretende que le crean, sino busca que lo sigan queriendo.

¿Cómo van las cosas al momento? El pronóstico es que haga lo que haga, diga lo que diga, Anaya o Meade, AMLO seguirá en caballo de hacienda. El voto contra AMLO está pulverizado entre más de dos contrincantes, los cuales difícilmente se unirán para enfrentar a Andrés Manuel.

Discutiendo las opciones presidenciables, mencioné –en una peña de amigos– que consideraba a José Antonio Meade el más preparado de los candidatos, siendo interrumpido por un amigo que enojado me gritó que él nunca votaría por el PRI, lo cual yo no estaba recomendando, pero que ilustra el punto de que gran parte del electorado va a asociar a Meade con el PRI. Lo que le contesté a él, y ahora les digo a ustedes, no voten por los partidos, porque ninguno de los tres candidatos representa a ningún partido, voten por el candidato que a su juicio le haría menos daño a la nación.

En resumen, en las elecciones presidenciales del 2018 no se tratará de elegir al primer óptimo, sino de evitar al más negativo.