Ingreso básico ciudadano: ¿Quién da más?

Jorge Faljo /  Faljoritmo
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Me dio verdadero gusto el arranque de precampaña del candidato arropado por el PRI, José Antonio Meade. No porque haya descalificado la idea de un ingreso ciudadano universal; es decir la propuesta central de la coalición Por México al Frente y su precandidato Ricardo Anaya. También tundió las propuestas sociales del candidato de Morena, López Obrador. Antes de ser malinterpretado me apresuro a explicar el motivo de mi satisfacción.

Durante años se ha criticado que nuestras campañas electorales parecen concursos de personalidad, incluso de mera apariencia, y no ejercicios de reflexión nacional sobre los temas de importancia para el país.

En este caso es afortunado que Meade, al intentar descalificarlos, haya logrado lo contrario: subrayar cuales son los temas centrales de la contienda electoral. Hacerlos a un lado no será tan sencillo. López Obrador logró llevar a la práctica una política social de apoyo a la tercera edad, por ejemplo, que después tuvo que ser imitada en todo el país. Y lo propuesto por el Frente, el ingreso básico ciudadano, es hoy en día no solo una bandera social, sino una propuesta con fuerte sustento económico; más allá de lo corto de miras de la inercia financiera.

En opinión de Meade la propuesta de Anaya “refleja una falta brutal de comprensión de las finanzas públicas, o… es un intento real de engañar”. Tal crítica se ubica en una perspectiva de estricta continuidad en el rumbo de las finanzas públicas. Aquí, o no quiere abordar o demuestra desconocimiento sobre un plano superior que se encuentra en crisis: el de una economía enfrentada al final de la globalización y una sociedad traumatizada por el empobrecimiento, la inequidad y la violencia salvaje.

Cabe recomendarle a Meade empaparse del tema. Y nada mejor que leer lo presentado en el seminario sobre ingreso básico ciudadano que organizó la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, aquí en México, en marzo pasado. En particular la presentación de Alicia Bárcena, la estupenda mexicana que dirige esa organización internacional.

Bárcena habló sobre todo de la historia del ingreso básico ciudadano. Sorprende saber que uno de sus primeros antecedentes fue una propuesta de Richard Nixon que en 1969 abogó por garantizar un ingreso incondicional a las familias pobres por un monto anual equivalente a unos 10 mil dólares actuales. Un año antes más de mil economistas estadunidenses habían suscrito un manifiesto, publicado en la portada del New York Times, pidiendo asegurar un ingreso no menor a la definición oficial de pobreza para todos. Entre ellos economistas que todavía son leídos y estudiados. Incluso en el ITAM.

Entre otros antecedentes interesantes se encuentra uno proveniente del PRI. Bárcena nos recuerda que en 2011 el entonces precandidato presidencial, Manlio Fabio Beltrones, propuso el establecimiento en México de un ingreso mínimo universal.

Más recientemente, en la propuesta original del jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, para la Constitución de la Ciudad de México se establecía que “toda persona desde su nacimiento tiene derecho a un ingreso básico universal y la ciudad garantizará su cumplimiento de manera progresiva”. Obtuvo un 56 por ciento de votos a favor, pero no los dos tercios necesarios para aprobarla. Finalmente quedó una versión más ligera que apunta claramente en la misma dirección.

Para la CEPAL la gran recesión del 2008 marca un fuerte incremento del interés internacional en esta propuesta. No se la puede ignorar en todo debate sobre equidad y reducción de la pobreza. Tareas estas lamentablemente desatendidas en México debido sobre todo a la ortodoxia financiera.

Incluso el Fondo Monetario Internacional se ha sumado a los llamados al gobierno de México para avanzar en favor de una mayor equidad y del reforzamiento en honestidad y cobertura de los programas sociales. Para hacerlo se requiere solucionar otra deficiencia señalada por el Fondo y la CEPAL: la muy baja recaudación fiscal de México.

Pensar como economistas con visión de país abriría las puertas a resolver el tema del financiamiento del ingreso básico universal. México tiene una captación fiscal de alrededor de 11 puntos porcentuales del PIB; menos de la tercera parte de la media de países de la OCDE que asciende a 34 por ciento. Lo que ocurre, según el Fondo, es que muchas empresas simplemente no pagan impuestos.

Si se resuelve ese asunto y se aumentara la recaudación al 21 por ciento del PIB, aún por debajo del promedio mencionado, habría recursos para garantizar a cada mexicano un ingreso de mil 200 pesos mensuales.

No obstante, sería una solución a medias. El mero incremento del consumo sería inflacionario e incrementaría el déficit comercial. Lo importante es asociar el incremento gradual del consumo al aumento de la producción en condiciones de muy baja inversión pública y privada. La salida es crear las condiciones en que la inversión histórica ya existente, a la que le dimos la espalda en los últimos 35 años, se encargue de generar el grueso del incremento del consumo popular.

Para que los pobres incrementen su consumo se requiere que los pobres eleven su producción. Poner en juego lo que la gente sabe y puede hacer con los equipos, herramientas y capacidades que ya tiene. La clave es la demanda; si la demanda se orienta en favor de estos productores, ellos responderán.  

Pasar del pensamiento financiero centrado en el sector público, para repensar al país es urgente. La discusión apenas ha empezado; ojalá y se profundice desde todas las propuestas electorales.

En todo caso a Meade le conviene actualizarse; entender las nuevas corrientes del pensamiento económico y social para competir con Anaya y López que ya ofrecen mucho más.

¿Quién da más?