El “Buen fin” entierra la Revolución y sus ideales

José Luis Ortiz Santillán
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Se ha celebrado el 107 aniversario de la Revolución mexicana de 1910, sustituida ahora por el “Buen fin”. Uno puede preguntarse: ¿A quién le interesa ahora recordar a los miles de mexicanos que dieron su vida por transformar la realidad de entonces, de miseria y opresión? Los 31 años de dictadura del general Porfirio Díaz dieron origen al nacimiento de un movimiento popular bajo el lema “Sufragio efectivo; No reelección”.

Sin embargo, 107 años después del inicio de la Revolución de 1910 y de la Constitución política en que materializó la primer revolución social del siglo XX, la clase política nacional ha enterrado los principios revolucionarios que guiaron al país durante años y el lema con que desde el poder solían firmarse millones de documentos: “Sufragio efectivo; No reelección”, pues en la última “reforma política”, al margen de los ciudadanos, los partidos políticos y sus representantes en las dos cámaras aprobaron la reelección de diputados y senadores, proceso que iniciará en las elecciones de 2018.

Valdría la pena cuestionarnos: ¿A quiénes les interesa borrar de la memoria del pueblo la proeza de la primera revolución social del siglo XX y sustituirla por una alegoría al consumo, al endeudamiento de los hogares y a su sometimiento voluntario a los bancos y empresas, para los cuales terminarán trabajando para pagar el doble por los créditos, año tras año?

La Revolución mexicana se diluye después de 107 años de haberse iniciado, después de 100 años de haberse materializado en una Constitución que no se ha modernizado para mejorar el bienestar de los ciudadanos y perfeccionar la democracia en México, sino para encumbrar los intereses de una clase política que ha decidido parasitar del Estado, de empresas y bancos, que han hecho de la liberalización de la economía y del libre comercio el mejor medio para amasar fortunas, que han incrementado la polarización de las desigualdades en el país.

México hoy ocupa el lugar número 20 en el ranking mundial de millonarios en el mundo. Mientras el número de personas que viven en pobreza y pobreza extrema suman 62.8 millones, según los últimos datos del Coneval; las personas con una riqueza mayor al millón de dólares totalizaron 99 mil en 2016, según datos de Credit Suisse Research Institute.

Aunque el incremento de la pobreza y la descomposición social podrían ser un peligro para la estabilidad del país, hasta hoy ha sido neutralizada, ampliando el acceso al consumo de una clase media cada vez más comprometida con los bancos y empresas que ofrecen créditos al consumo, permitiéndoles evadir su realidad y neutralizando su inconformidad.

Si bien el incremento de la inseguridad y la violencia en México de las dos últimas décadas, constituyen la expresión de la descomposición social, el crimen organizado ha constituido una válvula de escape y se ha convertido en un objetivo más fácil de neutralizar por el Estado. No obstante, a diario los medios reportan asesinatos de ejecutivos de empresas, como el director de Izzi (Televisa) recientemente, Adolfo Lagos; de estudiantes asesinados y mujeres violadas, como los 43 de Ayotzinapa, los recientes en Sinaloa y el caso de Maribel; de acribillamientos en Cuernavaca (Morelos), Ciudad Juárez (Chihuahua), Los Cabos (Baja California Sur) Puerto Morelos (Quintana Roo), Salamanca e Irapuato (Guanajuato) y Ciudad de México; hombres y mujeres asesinados y dejados al borde de las carreteras o en sacos de plásticos, como las 11 bolsas con restos humanos en Xalapa (Veracruz) del tercer fin de semana de noviembre.

Así las cosas, el “Buen Fin” se ha convertido en un buen medio para distraer la atención de los ciudadanos sobre su realidad y en el mejor para enterrar la Revolución de 1910, su espíritu y olvidar a los héroes de esa gesta, así como a los miles de hombres y mujeres que dieron su vida por trasformar a México, para ampliar la democracia, la cual parece desmoronarse ahora frente a las ambiciones desmedidas de una clase política nacional y la pasividad de los ciudadanos.