Las muertes (¿asesinatos?) increíbles

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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Explicar dónde y cómo comienza la corrupción en el país, es como meter las manos a una mezcla de lodo y excrementos y tratar de saber cómo es que esa mezcla se hizo. ¿Luego de la revolución (¿por qué persistir en llamarla así, si ella no fue tal?) mexicana; en qué momento: cuando Obregón y Calles, con Santos y Maximino, con Alemán y Salinas, con todos los que les siguieron? Bueno, no importa. Lo que importa es la agobiante realidad que hoy conforma la corrupción en la que vivimos y que entre todos (unos por agachones y otros por abusivos) hemos conformado, y que da pie a la serie de asesinatos que se cometen cotidianamente (hoy el directivo de Televisa) y que, al quedar impunes, originan dudas múltiples sobre los cómos y los porqués: ¿Sólo para cerrarle el paso a Osorio para alcanzar su nominación a la Presidencia, al tiempo que Videgaray (el nuevo PRI) destapa a Meade?

Sean cuales sean las razones, comienza a ser muy larga la lista de asesinatos que giran en torno a las campañas electorales por la Presidencia de la República y que pueden situarse desde 1910 en adelante (no en balde, desde previo a la etapa armada de aquellos años, los asesinatos ya se comenzaban a registrar) eso ha sido característico en el país, lamentablemente. Asesinatos y crímenes que por lo común quedan impunes y que se ven involucrados de una u otra manera con negocios sucios (Odebrecht, Lozoya y las elección de 2012) que a su vez abren una cada vez más larga cadena de corrupción: Salinas (que es decir Slim), Zedillo, Fox, Calderón, EPN (y sus casas blancas), lo cual le da sostén al capitalismo salvaje en el que el país se mueve desde muchos años atrás y que no permite modificaciones de ninguna especie.

¿Qué puede hacerse entonces frente a esa realidad tan persistente y compleja? ¿Qué posibilidades existen para modificarla realmente? En efecto, hay dos opciones: una, hacerlo por la vía electoral, defendida siempre y desde tiempo atrás (leer a Rosa Luxemburgo y a Lenin) por la socialdemocracia y que siempre, tarde que temprano, termina en brazos del capitalismo, y la otra, más radical y explosiva, que lucha con todo por establecer la malentendida dictadura del proletariado con la finalidad de caminar hacia el socialismo y algún día (lejano, siempre) hacia el comunismo. Hasta hoy esa segunda opción, si bien ideal, se ha visto desplazada por la primera, que nunca ha tenido éxito, o porque se desvía primero hacia el capitalismo o porque en algún determinado momento el capitalismo hace abortar a los intentos de reforma de los gobiernos tibios del pueblo (Allende, Lula, Fernández).

Escribo corto sobre estos temas, pero bien vale la pena hacerlo más largo sobre lo mismo para ilustrar la historia contemporánea de América Latina, que tan bien se inscribe en esa, tan amarga realidad.

La duda con el directivo de Izzi ahí está: ¿Muerte delincuencial o asesinato premeditado? ¿Qué opina usted?