Matemáticas macabras: salario, deuda y Pemex


Jesús Delgado Guerrero / Los sonámbulos
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La fingida mesura apenas logró ocultar el trompeteo de las fanfarrias en las filas del gobierno federal en la recta de su último año, en las que de nueva cuenta se evidenció que, en efecto, es víctima de bullying de sus propios fantasmas:

 

El aumento del salario mínimo que al inicio del sexenio era de 60 pesos “y está casi en 90”, dicen (pasó de 80.04 pesos a 88.36 pesos, sin el “redondeo oficial”, un aumento del 10 por ciento).

 

También, la afirmación de que la deuda, que se incrementó 10 puntos porcentuales respecto del producto interno bruto en este sexenio (de 39 por ciento se elevó a 49 por ciento), fue para impulsar el “crecimiento”.

 

Una más: Pemex se vuelve más rico y se está modernizando. “Es la gran empresa nacional, los mexicanos estamos orgullosos de tener una empresa productiva”, dijo el presidente Enrique Peña a principios de este mes, al dar a conocer el descubrimiento del yacimiento más importante de los últimos 15 años, en Cosamaloapan, Veracruz, con un volumen de 1,500 millones de barriles diarios. La narrativa, cierta en su prosa y en algunos aspectos, presenta el mismo inconveniente de los últimos 35 años neoliberales: es un engaño, producto del autoengaño, sustentado todo en argumentos de corte fantasmático, como es fácil advertir.

 

De un lado, las mismas cifras oficiales (del Banco de México en su último informe trimestral, por cierto) desmienten la floritura neoliberal en cuanto al aumento salarial: el subíndice de precios de los productos agropecuarios incrementó su tasa de variación anual promedio de 6.39 por ciento en el segundo trimestre a 12.07 por ciento en el tercero.

 

“Dentro de los productos que mayores incrementos presentaron se encuentran el jitomate, la cebolla y la papa, lo que contribuyó a que el rubro de las frutas y verduras aumentara de 9.60 a 21.80 por ciento en los trimestres señalados”, dice el informe.

 

“No obstante, en meses recientes, las condiciones de oferta de varios productos mejoraron, como fue el caso del jitomate, de tal forma que en octubre, la variación anual del subíndice de productos agropecuarios disminuyó a 8.37 por ciento, y el del rubro de las frutas y verduras se ubicó en 13.21 por ciento”, agrega. La truculenta teoría “carstensiana” (por Agustín Carstens) de las verduras y frutas sublevadas toma sentido al revisar el siguiente apartado:

 

“En particular, el rubro de los energéticos (Gas LP, natural y gasolina) disminuyó su tasa de variación anual promedio entre el segundo y el tercer trimestre de 2017 de 15.72 a 13.68 por ciento, para luego incrementarse y alcanzar 16.34 por ciento en octubre”.

 

Así, en nueve meses, por ejemplo, gracias a las “reformas estructurales” un tanque de gas de 20 litros pasó de 300 pesos a 348 pesos; es decir, aumentó 16.11 por ciento.

 

Y la electricidad: en octubre, “la variación anual del rubro de las tarifas eléctricas autorizadas por el gobierno aumentó a 8.09 por ciento”.

 

Con excepción de éste último, todos los demás subíndices hacen volar en pedazos al tan festejado aumento salarial, que ni siquiera iguala a muchos de estos incrementos en artículos elementales.

 

De modo que la inflación, que superó el 6 por ciento, estuvo alimentada por el aumento de los precios de las gasolinas y las tarifas eléctricas, así como por esa depredación especulativa que depreció el peso frente al dólar, a pesar del despilfarro de reservas en miles de millones de dólares y del alza en la tasa de interés (7 por ciento) para engordar más al rentismo especulador por parte del Banco de México.

 

A la par, los voceros oficiales de la Presidencia aseguran que la deuda se incrementó 10 puntos porcentuales para impulsar “el crecimiento”.

 

Ecuaciones macabras, realizadas al parecer con numero romanos –donde el cero no existe–, no se explica cómo el crecimiento ha sido, en cinco años con su respectivo 10 por ciento de deuda, ese mediocre 2 por ciento que ha significado el “estancamiento empobrecedor” de las ya casi cuatro décadas recientes (nadie invierte 10 pesos para recuperar sólo dos, salvo este gobierno). 

 

De las mismas cifras oficiales (Quinto Informe) se desprende que el gobierno recibió en el año 2012 una deuda externa bruta por 125 mil 726 mil millones de dólares. Actualmente está en 188 mil 441 millones de dólares. En devaluados pesos son 6 billones 327,931 brutos; es decir, más de 49 por ciento del PIB. Para más datos, en el 2012 eran 3 billones 861,092.4.

 

La especulación y el alza a las tasas de interés solapadas por el gobierno y alentadas por el Banco de México del multi-despedido Agustín Carstens Carstens para favorecer el apetito del Ogro Salvaje (capitalismo casinero) ni siquiera existen (como el cero romano), aunque estén detrás de manera primordial en esa deuda, junto al despilfarro de las reservas de miles de millones de dólares para, también, beneficiar al rentismo especulador.

 

El hecho de tener 3 millones haciendo fila en los comedores populares no  supuso otra cosa que la vergüenza de la devastada Europa del período de entre-guerras, pero aquí hasta se resalta como signo de un gran avance, según el discurso oficial, que sumó esta indigencia alimentaria a los supuestos 13 millones que cruzaron el umbral de la miseria y “ahora viven en mejores condiciones”, de acuerdo con las cifras arrojadas con los nuevos métodos del Coneval (“autónomo” del gobierno, remarca éste) para medir la pobreza.

 

Respecto de Petróleos Mexicanos, que se vuelve más rico y moderno, las mismas cifras oficiales desmienten el optimismo presidencial: además de que ya no aporta 40 por ciento al presupuesto, sino 6 por ciento, tampoco contribuye ya a las reservas del Banco de México, sino que se sirve de ellas.

 

En plena cantaleta de las bondades de la “reforma energética”, Pemex usó este año recursos de las reservas, por un monto de 763 millones de dólares. Caída en la producción y derivado de ello, desplome en las exportaciones, así como aumento en la importación de gasolinas (representa 75 por ciento del consumo nacional), y de gas natural, la paraestatal no había recurrido a esa financiación en su historia. Obvio, representa un impacto para la inflación y para las maltrechas ecuaciones oficiales.

 

Registros de Banxico desde 1996 establecen que Pemex venía aportando sumas considerables a las finanzas nacionales. Su mejor año fue el 2006, cuando generó divisas por 24 mil 459 millones de dólares. En los años 2015 y 2016 todavía aportó 2 mil 690 millones de dólares y 2 mil 892 millones de dólares, respectivamente.

 

Ahora es el más pobre de los ricos, aunque es claro que sus directivos seguirán utilizando como taxis particulares las aeronaves públicas y siendo objeto de dardos sobre millonarios sobornos, mientras los dirigentes sindicales seguirán presumiendo carísimos relojes y vehículos, igual sus hijos.