Solecito y la búsqueda de hijos en Veracruz

Ana Alicia Osorio
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Veracruz, Veracruz. “Voy a besar ese piso porque en algún momento vendré con un portafolio bajo el brazo, si Dios me lo permite (...), algún día lo que es gente como Javier Duarte, como Bermúdez, como Centeno, aquí es donde les digan qué va a pasar con ellos”, son las palabras de Lucía de los Ángeles Díaz Genao, Lucy como la conocen sus compañeras de búsqueda, unos días antes de viajar hacia La Haya, Países Bajos, donde se encuentra la Corte Internacional de Justicia.

Hace tres años creó el Colectivo Solecito de Veracruz, ese que encontró el cementerio clandestino más grande de Latinoamérica. Su capacitación y activismo la han llevado a ganar la mención honorífica en el Premio Nacional de Derechos Humanos 2017 y llegar becada a La Haya como la primera mexicana seleccionada en un programa para defensores de derechos humanos (por la iniciativa Shelter City).

Ella espera volver a La Haya, para llevar ante el máximo tribunal a los funcionarios que considera son responsables de la crisis que vive Veracruz. Pero esa es una meta secundaria para ella, la principal y más importante de todas es encontrar a su hijo, a los familiares de todas las mujeres y hombres que ha encontrado en el camino y se han convertido en su compañía constante.

Fue el 28 de junio de 2013 cuando la vida de Lucy cambió. Luis Guillermo Lagunes Díaz, su hijo, un DJ famoso en la región, regresó a Veracruz donde vivió un tiempo para tocar en un antro, desde ahí no volvió a saber de él. Cuenta que el fin de semana no se preocupó, pues era normal que no se comunicara mientras estaba trabajando, pero conforme pasaban las horas la incertidumbre crecía. De allí vino todo el proceso de búsqueda que cuatro años después no termina. Llamadas de secuestradores, pago de rescate, papeleo en agencias del Ministerio Público que no lograron tener ni siquiera los videos básicos, rogarle al entonces procurador Jesús Murillo Karam en persona, llevar su caso a la Procuraduría General de la República confiando que harían mejor trabajo que la local. Dialogar con funcionarios, conformar un colectivo, juntas y reuniones con autoridades de alto nivel, excavar fosas, botear para conseguir dinero para las pruebas de ADN. Buscar por sus propios medios y aún en contra de los funcionarios que la deberían ayudar. Licenciada en idiomas, trabajó muchos años para Petróleos Mexicanos de donde ya está retirada y además fue maestra en universidades de Veracruz y ahora especialista en derechos humanos, ciencias forenses y todos los conocimientos que requiera para exigir que se busque de la manera adecuada a los cientos de desaparecidos en Veracruz y el país.

Lucy es una mujer fuerte, aguerrida, que ha enfrentado a decenas de funcionarios veracruzanos y nacionales para exigir que realicen su trabajo, pero el proceso no ha sido fácil. “La tristeza nunca se quita, uno encuentra manera de manejarlo, mientras no le permitas que afloje (...) me tomó muchísimo esfuerzo, psiquiatras, psicólogos, un tratamiento muy pero muy complicado que llevé y no quiero volver a pasar por eso porque yo necesito estar fuerte para buscar a mi hijo y a los muchachos, a todos”, cuenta.

Al principio del proceso, según narra, la tristeza parecía ser más fuerte que ella pero entonces se dio cuenta de las muchas carencias que existen en el sistema de justicia y la necesidad de que hubiera personas siempre vigilando la forma en que se hacen los trámites. Entonces encontró la manera de canalizar ese dolor: estar siempre activa, no parar, estudiar, apoyar a las demás.

Durante su infancia y adolescencia creció en una familia donde nada le faltaba, pero su vida ha tenido un cambio drástico. Primero tomó la decisión de estudiar a pesar de que papá prefería que no lo hiciera; luego optó por trabajar y mantener a sus tres hijos para que ahora a ellos no les faltara nada; y ya en el retiro desaparecieron a Guillermo y viene consigo toda la búsqueda.

Era el año 2014 y en el estado de Veracruz apenas comenzaba a surgir un colectivo de personas desaparecidas, por lo que las mujeres de todas las regiones debían viajar a Xalapa para encontrar ese apoyo.

Lucy pensó en crear uno en el puerto de Veracruz sin tener nada concreto. Creó un grupo de Whatssapp informal con una decena de mujeres que al igual que ella estaban en búsqueda y como perfil le puso un sol. “Al principio era tan terrible la depresión que yo tenía, yo estuve muy mal, busqué y aún en mi peor día yo buscaba a mi hijo, yo me tiraba al suelo y entonces yo en la oscuridad decía ‘qué quiero, pues yo quiero volver a ver la luz’ y dije qué le pongo de perfil y dije un sol, porque el sol es luz”, cuenta.

El astro rey se convirtió en un ícono de ese grupo, hasta que al buscar conformarse como un colectivo para hacer búsquedas acordaron que este inspirara su nombre. Nació el Colectivo Solecito de Veracruz. “Era la época más dura, al principio, yo tenía que hacerlas entender que no le iban a llevar a sus hijos a sus casas como pensaban, que las autoridades no los iban a encontrar, esa fue la época donde más trabajo recuerdo porque fui ruda con ellas, pero tenía que hacerlo”, recuerda.

Las marchas, manifestaciones, reuniones con autoridades, rifas, ventas y búsquedas de fondos vinieron consigo. Dos años después ingresaron al predio de Colinas de Santa Fe en Veracruz, de donde no se han podido ir todavía pues el trabajo no termina tras encontrar 280 cráneos. Lucy y las demás integrantes del Colectivo han tenido que usar las varillas, machetes y palas, pues a diferencia de otras fosas, allí son ellas quienes hacen la búsqueda y solo llaman a los funcionarios cuando se aseguran que hay restos humanos que deben ser exhumados.

“Es algo impresionante, impresionante, las mariposas, todo lo tengo grabado, la tierra grabada de la grasa y de la sangre, una osamenta estaba como si estuviera dormido y todo eso, registrar todo eso y no permitir que eso se te quede”, narra. Ese hallazgo les ha llevado inclusive a ser “encañonadas” por sujetos armados a la salida del predio cuando recién comenzaron la búsqueda, pero eso no ha evitado que continúen.

“El miedo me lo quitaron cuando se llevaron a mi hijo”, sentencia Lucy, quien comenta que en esa ocasión sometió a consideración de las demás el que regresaran al predio, pero todas estuvieron de acuerdo en hacerlo y al día siguiente volvieron con sus herramientas y sólo pidieron más elementos de seguridad. El trabajo en equipo, el cariño, la compañía y los lazos que han forjado entre todas las integrantes son para Lucy lo principal del Colectivo y lo que les ha permitido hacer las búsquedas que las han llevado a encontrar a los familiares de algunas de ellas y muchos otros restos que aún no son identificados.

“Es una red no solamente para mí, todas las que pertenecemos al Solecito somos solecitas, así nos referimos a nosotras mismas, las solecitas tenemos una red de verdad sorprendente, porque el Solecito es una sororidad, son hermanas en el mismo dolor, no hay un día que no caiga una porque es cumpleaños de su hijo o porque es el aniversario de que se lo llevaron y yo quisiera que vieras como todas salen enseguida, enseguida a apoyarla, a darle ánimos”, afirma Lucy, para quien esa red ha sido también un motor para continuar con el difícil camino de buscar en tierra de desaparecidos.

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